Dos poblados de viviendas precarias amenazan las líneas ferroviarias entre Villaverde y Leganés.


«Qué pena suena la lluvia en los tejados de cartón. Qué pena vive mi gente en las viviendas de cartón», entonaban Los Guaraguao en su famosa melodía. No es la Venezuela de los años 70, sino un viernes de marzo en Madrid, cuando una tormenta cae con fuerza, tan triste como una tarde de domingo, sobre la veintena de chabolas que salpican el costado de las vías del tren de Villaverde, a un paso, literalmente, del límite con el municipio de Leganés, junto a un puente de la A-42. Adif ha estado quejándose durante un tiempo de las alteraciones que causan con sus fogatas y enganches de luz.

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