Eduardo Zamarripa, teniente del Ejército del Aire, explica las consecuencias de un ataque nuclear en Madrid.
¿Qué sucedería si un proyectil nuclear impactara en una ciudad como Madrid? Aunque lo que planteamos podría parecer sacado de una película de ciencia ficción, la realidad actual con varios escenarios de guerra en el mundo hace que tales situaciones sean posibles. Uno de los mayores expertos en este campo, Eduardo Zamarripa, Teniente General del Ejército del Aire retirado y antiguo Jefe de Estado Mayor del Mando Conjunto de la OTAN para el Sur de Europa, ha esbozado un escenario hipotético que resulta inquietante. Sin embargo, lejos de generar alarmismo, sus explicaciones iluminan los riesgos reales que hoy en día se presentan.
Las armas nucleares han estado presentes en el mundo desde mediados del siglo XX, alterando los equilibrios de poder y evitando guerras a gran escala gracias a su formidable capacidad disuasoria. Sin embargo, su existencia continúa suscitando debates y temores. Zamarripa, autor del libro La amenaza nuclear, afirma que las ojivas actuales pueden variar en potencia de manera catastrófica y que incluso las de menor tamaño podrían arrasar ciudades enteras. En una reciente entrevista en Herrera en COPE, Zamarripa discutió la posibilidad de un impacto nuclear en Madrid. Según su análisis, no solo es una amenaza poco probable, sino que constituiría un «suicidio colectivo» si ocurriera. No obstante, el militar retirado detalla cómo sería este sombrío escenario y destaca por qué, incluso hoy, ese peligro persiste, aunque de forma controlada.
Qué pasaría con Madrid si lanzaran un proyectil nuclear
Eduardo Zamarripa lo deja claro: un único proyectil nuclear podría borrar del mapa una ciudad como Madrid. La potencia de un proyectil de este tipo varía según su diseño, y en la actualidad existen cabezas nucleares que, aun siendo pequeñas, podrían causar devastación en cuestión de segundos. «La URSS llegó a probar una bomba de 50 megatones», señala en su entrevista para el programa de radio Herrera en COPE. Se habla aquí de una potencia tan extrema que se compara con armas 10.000 veces más poderosas que las que destruyeron Hiroshima.
La explosión afectaría no solo al núcleo urbano, sino también a toda su área metropolitana. Dependiendo de la altitud y el lugar de detonación, el radio letal podría extenderse a varios kilómetros. Las temperaturas alcanzadas serían suficientes para vaporizar cuerpos humanos en el epicentro y provocar incendios a kilómetros a la redonda. Más allá de los daños físicos, el impacto emocional y social sería inestimable.
Zamarripa aclara que, aunque estas armas están diseñadas para disuadir, su mera existencia significa que ciudades como Madrid son potenciales objetivos en un conflicto nuclear. Por ello, enfatiza que la disuasión es fundamental: nadie ganaría en una guerra nuclear, pues todos serían derrotados.
¿Podría suceder realmente?
Uno de los conceptos clave mencionados por el experto es la idea de «disuasión». Hay que entender que las armas nucleares no están destinadas a ser utilizadas, sino a prevenir su uso. Zamarripa señala que un ataque de este tipo solo podría desencadenarse «si el poder político escapa al control», como ocurrió con Hitler en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial. «Un ataque generalizado es un suicidio», afirma.
Actualmente, nueve países poseen armas nucleares, y todos ellos (excepto, tal vez, Corea del Norte) mantienen un equilibrio basado en el miedo mutuo a la destrucción total. Rusia y Estados Unidos son las principales potencias nucleares, seguidos por otras como China, Francia, Reino Unido, India, Pakistán, Israel e Irán (en proceso). Europa, concretamente, cuenta con el respaldo nuclear de Francia y Reino Unido, que, si actúan conjuntamente, pueden enfrentar cualquier amenaza.
Zamarripa también menciona el concepto de «escalar para desescalar», una estrategia arriesgada que consiste en lanzar un ataque nuclear limitado como advertencia de que el siguiente paso podría ser devastador. Aunque parezca descabellado, algunos expertos consideran que naciones como Rusia podrían contemplar esta opción en un conflicto extremo.
¿Está Madrid protegida? El dilema de los sistemas antimisiles
Ante la posibilidad de que un proyectil nuclear se dirija a la capital, surge la pregunta de si hay algún medio de defensa. Según el Teniente General, «todo misil tiene su antimisil», pero no está claro que estos sistemas sean totalmente eficaces para destruir un proyectil en pleno vuelo. Interceptar un misil balístico durante su trayecto es una operación extremadamente compleja con resultados inciertos.
En el caso de Madrid, no hay un escudo antimisiles directo como tal. España forma parte de la OTAN, lo que ofrece cierta protección colectiva. Sin embargo, eso no garantiza que un ataque nuclear pueda evitarse al 100 %. Si se detectara una amenaza, el tiempo de reacción sería mínimo, ya que algunos misiles podrían alcanzar el objetivo en solo unos minutos.
Además, el experto señala que los misiles pueden ser balísticos (que siguen una trayectoria parabólica) o de crucero, «que vuelan a baja altura con motores a reacción». Esto los hace aún más difíciles de detectar a tiempo. Zamarripa aclara que no todos los sistemas antimisiles han demostrado ser efectivos contra estas modernas tecnologías.
España y la bomba: el fallido Proyecto Islero
A pesar de ser hoy un país sin armas nucleares, España estuvo muy cerca de tenerlas. En la década de los 60, bajo el régimen de Franco, se desarrolló el Proyecto Islero, un plan secreto para dotar al país de capacidad nuclear propia. Según cuenta Zamarripa, el físico Guillermo Velarde fue el encargado de liderar este programa, que aspiraba a replicar el modelo francés.
El proyecto fue cancelado en 1966, poco después de su inicio. España terminó firmando el Tratado de No Proliferación Nuclear, comprometiéndose a no desarrollar este tipo de armamento. Sin embargo, la huella de esa ambición perdura en la historia reciente del país, recordándonos que el interés por estas armas no estuvo siempre tan distante de nuestras fronteras.
Zamarripa recomienda el libro El Proyecto Islero, escrito por el propio Velarde y su principal colaboradora, como un modo de comprender mejor esa época. Un relato que revela cómo incluso un país como España pudo considerar en su momento sumarse al selecto y peligroso club nuclear.
¿Una amenaza real o algo que queda lejano?
La conclusión de Eduardo Zamarripa es clara: hoy por hoy, un ataque nuclear sobre Madrid es extremadamente improbable. Las armas nucleares siguen presentes, pero su función es más simbólica que táctica. Están diseñadas para que nadie las utilice. «Putin no puede perder la guerra», advierte, «pero tampoco puede ganarla en su totalidad». El equilibrio de fuerzas, aunque tenso, se mantiene gracias al miedo mutuo.
Rusia ha lanzado ya misiles convencionales en Ucrania, y su inversión en capacidad nuclear busca reforzar su poder disuasorio. Sin embargo, Zamarripa no cree que vayan a utilizar estas armas. «No creo que tengan voluntad de suicidio», señala. Más bien, el uso de amenazas es parte de una estrategia para mantener posiciones políticas y militares.
La mayor amenaza para la humanidad, concluye, sería una confrontación directa entre Rusia y Europa. Por ello, enfatiza la importancia de la diplomacia, del control del poder político y de la responsabilidad colectiva.



