EE.UU. busca promover un plan para solucionar el conflicto del Sáhara Occidental tras una reunión ‘privada’ en Madrid.
Estados Unidos asume un papel protagónico en el asunto del Sáhara Occidental con la meta de lograr avances significativos en la resolución del conflicto antes de octubre de este año. La Casa Blanca facilitó un primer encuentro multilateral entre las partes involucradas durante el domingo 8 y el lunes 9 de febrero en la residencia del embajador estadounidense en Madrid.
Este encuentro, el primero que reúne a representantes saharauis y marroquíes desde 2019, se realizó en un ambiente de total confidencialidad y concluyó sin llegar a acuerdos significativos. Sin embargo, fuentes con conocimiento del encuentro han informado a Público que la intención de Estados Unidos es organizar un encuentro similar en marzo y establecer una hoja de ruta vinculante antes de octubre de 2026, mes en el que el Consejo de Seguridad de la ONU debe renovar el mandato de la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO) y poco antes de las elecciones de medio término donde Donald Trump se juega su mayoría en el Congreso y el Senado.
Las mismas fuentes indican que el elemento clave que permitió esta interacción tras años de inactividad diplomática ha sido la «insistencia» y las «presiones» de Estados Unidos, que ha tomado la «iniciativa política y logística» de este incipiente proceso de diálogo en medio de un fuerte secreto público.
En la reunión, Rabat reafirmó que su plan de autonomía bajo soberanía marroquí sigue siendo la única base contemplada para una posible resolución del conflicto, además de señalar su intención de presentar una versión ampliada que desarrolle el esquema inicial propuesto en 2007. Por otro lado, el Frente Polisario aseveró que cualquier escenario debe incluir el ejercicio efectivo del derecho a la autodeterminación, manteniendo así el núcleo del desacuerdo que ha caracterizado las negociaciones durante décadas.
Un encuentro a seis
El encuentro adoptó un formato seispartito, con la presencia de Marruecos —que considera el Sáhara como parte de su territorio—; el Frente Polisario —movimiento de liberación nacional saharaui—; Argelia —que acoge los campos de refugiados y es el principal rival regional de Rabat—; y Mauritania —vecino meridional que participó en la ocupación inicial del territorio y abandonó sus reivindicaciones tras su derrota militar frente al Polisario en 1979—. También estuvo presente el enviado personal de la ONU para el Sáhara Occidental, Staffan de Mistura.
La reunión, caracterizada por un fuerte secretismo y sin imágenes filtradas, reunió a los ministros de Asuntos Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita; de Argelia, Ahmed Attaf; y de Mauritania, Mohamed Salem Ould Merzouk, junto al ministro saharaui Mohamed Yeslem Beissat.
El encuentro fue iniciado y patrocinado por Washington, que trasladó a su embajador en la capital española al representante de Donald Trump para África, Massad Boulos —empresario libanés-estadounidense y consuegro del presidente, ya que su hijo está casado con Tiffany Trump—, así como al embajador de Estados Unidos ante la ONU, Mike Waltz.
España no participó ni colaboró en la organización del encuentro. En efecto, las fuentes subrayan que «España no está desempeñando ningún papel. Técnicamente, la reunión se llevó a cabo en suelo estadounidense», indican, recordando que la cita ocurrió en una sede diplomática de Estados Unidos. Según aclaran, toda la logística y seguridad fueron administradas íntegramente por Washington, no por las autoridades españolas.
Discusiones, no negociaciones
Tras la filtración a los medios del encuentro, fue la propia misión de Estados Unidos ante la ONU la que confirmó la reunión, asegurando que «delegaciones de alto nivel de Estados Unidos y las Naciones Unidas facilitaron discusiones en Madrid, España, con Marruecos, el Frente Polisario, Argelia y Mauritania sobre la implementación de la Resolución 2797 (2025) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre el Sáhara Occidental». Una postura que el propio Boulos reafirmó a través de la red social X al declarar que «bajo el liderazgo del presidente, Estados Unidos sigue comprometido con una solución justa, duradera y mutuamente aceptable que promueva una paz sostenible y un futuro mejor para todos en la región».
Tanto el comunicado estadounidense como las declaraciones realizadas el lunes por el portavoz de Naciones Unidas, Stéphane Dujarric, coinciden en usar el término «discusiones» en vez de «negociaciones», lo que refleja el carácter todavía embrionario de la iniciativa. «No se ha elaborado una hoja de ruta ni se han conseguido acuerdos vinculantes», indican las fuentes. «Por eso se habla de discusiones; resulta más exacto hablar de un primer contacto».
De todos modos, añaden, la Casa Blanca busca formalizar este proceso con otro encuentro —aún sin confirmar— en marzo, con la mirada puesta en la creación de una hoja de ruta concreta antes de octubre. Las fechas no son al azar: en abril está programada una sesión informativa del Consejo de Seguridad en la que De Mistura deberá rendir cuentas, y donde Estados Unidos espera presentar progresos significativos. Un acuerdo más amplio antes de octubre también permitiría que la renovación anual del mandato de la MINURSO incluya objetivos revisados.
Este plan también apoyaría el discurso de Trump como promotor de la «paz mundial», buscando consolidar su «novena paz» tras haberse atribuido otros ocho acuerdos —incluido el «alto el fuego de Gaza»— desde su regreso a la Casa Blanca en 2025.
¿Qué esperar?
Hasta este cerrado encuentro de febrero de 2026, la última ocasión en que saharauis y marroquíes se reunieron oficialmente fue en 2019, cuando el entonces enviado personal de la ONU, Horst Köhler, promovió dos rondas de diálogo en Italia. La última tuvo lugar el 21 y 22 de marzo de 2019 y concluyó sin acuerdos sustantivos, más allá del compromiso de continuar las conversaciones, sin ningún avance posterior tras la renuncia de Köhler en mayo de 2019, citando motivos de salud.
Un año después, en noviembre de 2020, el Frente Polisario reanudó la vía armada tras declarar que Marruecos había violado el alto el fuego en el paso de Guerguerat, que conecta Mauritania con los territorios saharauis ocupados por Marruecos. Desde entonces, se ha vivido una guerra de baja intensidad en lo que, según las Naciones Unidas, es el último territorio pendiente de descolonización en África.
El renovado impulso de Estados Unidos parece contrastar con las posiciones opuestas de Marruecos, que se siente respaldado tras un reciente éxito en la ONU con una resolución favorable en octubre (y el prometido plan de autonomía ampliado), y el Frente Polisario, que defiende la autodeterminación como «línea roja».
La posición de España
Consultado al respecto, el ministerio que dirige José Manuel Albares afirmó que «no se emite comentario alguno sobre la reunión multilateral» y confirmó que el ministro se ha reunido con sus homólogos de Mauritania, Argelia y Marruecos, así como con el enviado personal de la ONU, Staffan de Mistura, y con el representante estadounidense ante Naciones Unidas, Mike Waltz. Sin embargo, esto no ocurrió con el ministro de Asuntos Exteriores saharaui, Mohamed Yeslem Beissat, quien viajó a Madrid para el encuentro sin agenda pública en el país y partió este martes 10 de febrero hacia Etiopía para participar en el Consejo Ejecutivo de la Unión Africana.
«A todos les he transmitido el apoyo de España para alcanzar la solución definitiva. Exteriores subraya la disposición de España para apoyar y recibir estos diálogos en la actualidad o en el futuro«, afirman fuentes del ministerio. Es importante recordar que, según la justicia española, en un auto firmado por el entonces juez y actual ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, Madrid sigue siendo la «potencia administradora de iure» de lo que fue su provincia número 53 hasta su retiro del territorio en 1975. Este abandono permitió la ocupación mauritano-marroquí y un conflicto que ya se extiende por cinco décadas.
Francia tampoco estuvo presente en el encuentro, un antiguo valedor de Marruecos en la esfera internacional, cuyo rol ha sido desplazado por el liderazgo adquirido por Washington en esta nueva etapa de contactos.
A pesar de todo, el carácter preliminar de las discusiones y la divergencia entre las posiciones de las partes sugieren un enfoque cauteloso, aunque la intensa diplomacia estadounidense ha demostrado ser capaz de imponer, ya sea de manera consensuada o coercitiva, la agenda de Washington en diversos escenarios internacionales. Trump busca en el Sáhara la medalla de «su novena paz» y pretende obtenerla antes de las cruciales elecciones de medio mandato.



