El barbero que rinde tributo anualmente a Paco de Lucía con destacados guitarristas flamencos.


Imágenes, portadas de discos y recortes sobre Paco de Lucía se combinan en las paredes junto a una variedad de recuerdos relacionados con la historia de la peluquería. Se trata de la barbería dirigida por Eladio Domínguez y Maribel, ubicada en el número 8 de la calle Sánchez Barcáiztegui, cerca del metro de Pacífico. Aunque el lugar no es un museo en sí, tiene algo de ello. Eladio, barbero, guitarrista y promotor cultural, ha estado defendiendo su profesión y, al mismo tiempo, la figura del genio de Algeciras durante años.

Durante febrero y la primera semana de marzo, reúne a algunos de los mejores guitarristas de la península, además de a un pequeño grupo de aficionados al flamenco. «Lo hago para honrar la memoria de Paco de Lucía», comenta sobre estos encuentros que organiza desde hace doce años, coincidiendo con el 25 de febrero de 2014, fecha de la muerte del compositor de Entre dos aguas.

Seis generaciones

Para conocer la historia de Eladio, debemos viajar lejos de Madrid. «Soy de Villanueva de la Sierra, al norte de Cáceres, a cuarenta kilómetros de Plasencia. Allí han nacido seis generaciones de barberos», afirma con gran orgullo. La barbería familiar existe desde 1791 en el mismo edificio, que data de 1776. En el dintel, aún se puede leer «Ave María Purísima» junto con la fecha en números romanos. En ese lugar trabajaron su padre, su abuelo, su bisabuelo y todo su linaje anterior.

Vista de una de las paredes de la peluquería de Eladio Domínguez. (A. R.)

En 1963, la familia decidió emigrar a Madrid. Con cinco hijos, la memoria de Eladio es excepcional; recita nombres y lugares, sin olvidar fechas y momentos. Su padre empezó como oficial en una peluquería en el barrio de Prosperidad, en la calle López de Hoyos, 184. «Allí se cortaba el pelo Santiago Bernabéu y jugadores del Real Madrid», señala sobre un espacio en el que entró como aprendiz a los 14 años. Rememora vívidamente que eso era un mundo diferente: escupideras, afeitado diario, cortes inspirados en actores de Hollywood. «Pasé todo el verano afeitando a mi padre, a mi abuelo y a más de doscientos globos. El globo es lo más parecido a un rostro humano. Se enjabonaba con brocha y se afeitaba. Cuando ingresé a la Escuela Sindical de Peluquería, en la calle San Sebastián, ya dominaba la navaja», añade.

Posteriormente, su padre abrió un negocio en Carabanchel, entre Peñafiel, Capitán de Oro y Camino Viejo. «Estuve allí cincuenta años», menciona sobre una peluquería que se encontraba entre Caño Roto y Pan Bendito. «Eran dos barrios gitanos muy fuertes. Muchos venían a cortarse el pelo: guitarristas, cantaores, bailaores. Conocí a nombres importantes del flamenco: Antonio Canales, El Viejín, Felipe Maya, Jesús del Rosario, El Nani, Enrique Jiménez. Me llamaban ‘el peluquero de los gitanos’. Porque cortaba bien y tocaba flamenco«, destaca.

Los tablaos

En esos años, ya en la adolescencia, la guitarra se introduce en su vida. «Comencé en el coro a los siete años, luego ingresé al conservatorio. Pronto empecé a tocar la guitarra, combinando formación clásica y flamenca«, dice. El gran cambio llegó con Paco de Lucía. «Fue un huracán. La guitarra clásica nos parecía rígida. Él abrió una puerta», comenta sobre una revolución que no solo fue técnica. «Era estética, rítmica y conceptual. Con Camarón de la Isla transformó el flamenco desde dentro«.

Eladio y Maribel en la peluquería de Pacífico que regentan. (A. R.)

Rápidamente visita algunos de los tablaos más reconocidos de las décadas de los setenta y ochenta, como Torres Bermejas, Café de Chinitas, Corral de la Morería, Corral de la Pacheca, Casa Patas y Villarosa. Con una elegancia cautivadora, durante tres noches también se convierte en artista al lado de José Ortega, Manzanita, un buen amigo. Lo será, ni más ni menos, que en Los Canasteros, el tablao creado por Manolo Caracol: «Me hizo la prueba y dijo: ‘¿Cómo puede un barbero tocar así?’ Cobrábamos 190 pesetas. A las tres de la mañana, entre taxi, bocadillo y cerveza, se te iba la mitad».

Paco de Lucía y los homenajes

Esa vida no le interesaba mucho, así que siguió fortaleciéndose en su trabajo, pero siempre con la guitarra cerca. ¿Conoció a Paco de Lucía? «En 1992, jugando al fútbol sala en Orcasitas. Me lo presentaron. Ya sabían que yo era ‘el peluquero de los gitanos’. Luego lo vi en varios conciertos y actos privados, en el teatro de la calle Alcalá, en Casa de Campo y en encuentros con artesanos de guitarras como Felipe Conde». Destaca su «humildad, introversión y curiosidad. Leía mucho. Tenía poca educación formal, pero un gran deseo de aprender».

Luego de la muerte del maestro, Eladio se dedicó a organizar homenajes anuales. El primero fue en el Ateneo de Madrid, junto a José Manuel Gamboa y uno de los hermanos Conde. Con un lleno total, más de doscientas personas. «Toqué unos segundos por soleá con una guitarra suya y rompí a llorar. Me prometí que debíamos rendirle homenaje cada año«, agrega sobre una trayectoria que también ha enfrentado obstáculo, como cancelaciones y traslados a otros lugares como el Colegio Cardenal Cisneros o la Casa de Vacas.

Cartel de la 12 edición de las jornadas dedicadas a Paco de Lucía organizadas por Eladio Domínguez. (Cedida)

Actualmente, el homenaje adopta un formato más íntimo y doméstico. Sin embargo, eso no impide que grandes figuras de la guitarra española hayan pasado por su peluquería. Este mes, por ejemplo, han estado Carlos Orellana, «guitarrista preciso y elegante»; El Entri, «maestro de maestros según Paco, Tomatito o Riqueni», y Carlos Cáceres, «uno de los que domina el formato clásico». Eladio insiste: «Me interesa la guitarra integral: flamenca, clásica, blues, jazz».

Este domingo recibirá a Manolo Velázquez, discípulo de la escuela de Niño Ricardo a través de la tía Enriqueta, «quien le dio clases a Paco cuando llegó a Madrid con 12 años». Estará acompañado de un cantaor amigo de Eladio desde hace casi 60 años. «Quizás toque yo también», dice.

—También has hecho ‘La historia de la guitarra’.

Treinta mil años de evolución: laúdes, vihuelas, cítaras, instrumentos africanos e indios. Lo representamos con 15 o 20 músicos en teatros y centros culturales. Aquí no hay espacio.

Tijera y guitarra

Eladio no solo ha sido promotor y barbero, sino que también emprendió con gran éxito. «He tenido 35 peluquerías en España antes de la crisis. He viajado por Europa y Estados Unidos con la tijera en mano. Tengo el título de Oficial de Primera Especial. Y además, tengo dos cursos de marketing que logré registrar», detalla.

Ahora, con la simplicidad y perspectiva que da el tiempo, se siente orgulloso de todo lo que ha conseguido. Desea hacer muchas más cosas, aunque sabe que el tiempo le permite hacer lo que puede. Mientras se realiza la entrevista, varias personas entran en la peluquería, que ya está cerrada. «Vienen a que les dé clase de guitarra«, concluye en voz baja.

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