El costo del gas en Europa se incrementa casi un 40% debido a la suspensión de la producción en Qatar | Economía
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El desorden en el Golfo Pérsico, generado por la intervención de Estados Unidos e Israel en Irán y la respuesta de Teherán, está provocando un aumento en los precios del petróleo y, principalmente, del gas natural debido a las amenazas sobre el suministro. La referencia europea para el precio del gas natural, el contrato TTF negociado en los Países Bajos, ha incrementado casi un 50% tras el ataque de drones iraníes que cerró la planta de gas licuado (GNL) de Ras Laffan. Qatar, el segundo mayor exportador de gas licuado del mundo y el principal proveedor de la Unión Europea, después de Estados Unidos, se ve afectado. Horas antes, la producción en la refinería saudí de Ras Tanura, una de las más grandes del mundo, fue interrumpida por otro ataque de dron. El precio del petróleo Brent ha subido un 8%, alcanzando los 79 dólares por barril.
A estas interrupciones se suma el bloqueo efectivo del estrecho de Ormuz, donde han cesado las operaciones de superpetroleros y barcos de gas licuado. La expansión del conflicto a otros países del Golfo intensifica el temor a una grave interrupción del suministro de crudo, dado que el Golfo Pérsico es la principal fuente de petróleo y gas del mundo; a través del estrecho de Ormuz se transporta aproximadamente una quinta parte del comercio marítimo mundial. Cada día, un promedio de 14,5 millones de barriles de petróleo pasan por este estrecho, de los cuales el 90% se dirige a Asia. El impacto también se siente en los productos refinados: los futuros del diésel también han aumentado un 20%.
La intensificación de las tensiones en Oriente Próximo finalmente se refleja en los precios energéticos, los cuales habían estado estancados a pesar de los crecientes signos de tensión. Si bien la vía marítima, un pasaje de pocos kilómetros entre Omán e Irán en su parte más estrecha, no ha sido bloqueada físicamente, las empresas navieras y los transportistas de petróleo han interrumpido sus operaciones, y alrededor de 150 buques se encuentran varados en la zona, según Reuters. Teherán ha informado sobre ataques a tres petroleros de propiedad estadounidense y del Reino Unido, y el Departamento de Transporte de EE. UU. recomendó que los buques comerciales eviten navegar por el estrecho, el golfo Pérsico, el golfo de Omán y el mar Arábigo. “El tráfico de petroleros parece estar claramente interrumpido, ya que muchos transportistas, productores de petróleo y compañías de seguros han adoptado una postura cautelosa”, indican los analistas de Goldman Sachs en una nota. “Hasta donde sabemos, no ha habido daños confirmados en la producción de petróleo ni en la infraestructura de exportación.”
En lo que respecta al gas, la situación representa el impacto más severo para los mercados desde la invasión rusa de Ucrania hace cuatro años. Aunque los países asiáticos adquieren la mayor parte del GNL que se transporta desde Oriente Próximo, cualquier interrupción aumentará la competencia por obtener suministros alternativos, lo que podría elevar los precios en todo el mundo, incluyendo Europa, que ha incrementado considerablemente sus importaciones de gas de EE. UU. desde 2022. Nuevamente, la incertidumbre acerca de la magnitud y la duración del actual conflicto, así como la ambigüedad sobre el futuro político de Irán, están en el centro de esta crisis.
“El cambio más inmediato y palpable que afecta a los mercados petroleros es la paralización efectiva del tráfico a través del estrecho de Ormuz, lo que impide que 15 millones de barriles diarios de crudo lleguen a los mercados”, señala a Reuters Jorge León, jefe de análisis geopolítico de Rystad Energy. “A menos que se presenten señales de una desescalada, anticipamos un aumento significativo en los precios del petróleo”. Este analista estima que los precios oscilarán entre 85 y 90 dólares por barril. Por su parte, Morgan Stanley ha elevado su pronóstico para el Brent en el segundo trimestre a 80 dólares por barril desde los 62,50 dólares.
En este contexto, la mitad de las más grandes aseguradoras marítimas del mundo han dejado de ofrecer cobertura para los riesgos de guerra de los buques que ingresen al Golfo Pérsico, informa Bloomberg. La eliminación del seguro podría ser el golpe final a un tráfico que ya es bastante limitado.
La gran pregunta, que inquieta a los negociadores, es si esta situación se extenderá por muchos días y cómo podrá la economía mundial enfrentar este desafío. La OPEP+ acordó el domingo un ligero aumento en la producción de petróleo de 206.000 barriles diarios para abril, pero una gran parte de este volumen aún deberá salir del Golfo Pérsico en buques cisterna. Irán extrae alrededor de 3,3 millones de barriles al día, lo que representa el 3% de la producción mundial, y además está sujeto a sanciones internacionales, convirtiendo a China en su principal destino en los últimos años. El petróleo del Golfo Pérsico debe seguir esta ruta para llegar a mercados clave como China, India y Japón.
“En nuestra opinión, el equivalente histórico más cercano es el embargo petrolero de Oriente Medio de la década de 1970, que incrementó los precios del petróleo un 300%, alcanzando alrededor de 12 dólares por barril en 1974”, afirma Alan Gelder, vicepresidente sénior de mercados petroleros de Wood Mackenzie. “Eso se traduce en 90 dólares por barril en 2026. Superar esta cifra en el mercado actual, preocupado por pérdidas significativas de suministro, parece muy probable.” La barrera psicológica de los 100 dólares por barril no parece tan lejana ahora.
Los expertos destacan que el principal riesgo para los mercados es la incertidumbre sobre el futuro de Irán, cuarto mayor productor de petróleo, dada la complejidad del sistema de gobierno de la República Islámica, la naturaleza ideológica y religiosa de su apoyo y el poder de su Guardia Revolucionaria. “Los riesgos en Oriente Medio han aumentado. Los mercados reajustarán sus precios, pasando de un shock geopolítico a un shock por riesgo de un conflicto prolongado, a menos que Irán muestre disposición para negociar”, explica Rong Ren Goh, gestor de Eastspring Investments.
Los mercados pronostican que la duración y las consecuencias del ataque serán limitadas, como sucedió durante la Guerra de los 12 Días de junio del año pasado entre Israel e Irán, y, con precaución, los analistas no contemplan por el momento un cambio de régimen en Irán como ocurrió en 1979. Samy Chaar, economista jefe de Lombard Odier, menciona dos escenarios para el conflicto: uno, “de escalada limitada con un aumento moderado en el precio del petróleo”. El segundo, que no es el escenario principal, “es un choque petrolero global, con un cierre prolongado del estrecho de Ormuz y una fuerte confrontación militar, lo que podría provocar un aumento de hasta 50 dólares por barril en el precio del petróleo”.
Por otro lado, la firma DWS reporta datos del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales que sugieren que, dado el despliegue militar actual en la región, se espera que la operación dure aproximadamente una semana. Trump también insinuó este plazo al declarar que los bombardeos “continuarán sin interrupción durante toda la semana o durante el tiempo que sea necesario para alcanzar nuestro objetivo de paz en Oriente Medio y, de hecho, en todo el mundo”.
Una vez más, la clave estará en el estrecho y en la rapidez con la que se restablezca el tránsito normal de buques. “Consideramos que la velocidad de recuperación del tráfico a través de Ormuz y la magnitud de las represalias iraníes serán determinantes para el precio del petróleo en los próximos días”, afirman los analistas de UBS en una nota.
Si se considera un plazo de cuatro a cinco semanas, Goldman Sachs estima que una interrupción de un mes en el transporte marítimo a través de Ormuz podría hacer que los precios del gas en Europa se dupliquen.
“Prevemos que el petróleo Brent se cotizará entre 80 y 90 dólares por barril, según nuestro escenario base, al menos durante la próxima semana”, expresan los expertos de Citigroup, que también consideran un posible cambio de régimen en Irán. “Nuestra perspectiva base es que el liderazgo iraní cambie, o que el régimen modifique su posición lo suficiente como para detener la guerra en una o dos semanas. O que Estados Unidos decida reducir la tensión tras observar un cambio de liderazgo y un retroceso en el programa de misiles y nuclear de Irán”, añaden desde este banco de inversión.
Mirabaud AM considera que, en esta fase inicial del conflicto, “los fundamentos económicos se mantienen sólidos, aunque es prematuro cuantificar cualquier impacto duradero”. En gran medida, esta situación “dependerá de la duración e intensidad del conflicto, así como de sus efectos en los mercados energéticos globales”.


