El enfoque militar de Japón agrava las tensiones con China | Internacional
La relación entre China y Japón, que ya estaba muy deteriorada, ha entrado esta semana en una nueva fase de tensión. En un cambio notable de su tradicional política pacifista, Tokio ha comenzado a desplegar, por primera vez, capacidades de ataque a distancia mediante misiles de largo alcance en su territorio, un movimiento que Pekín ha calificado como un “ejemplo de neomilitarismo”. “La comunidad internacional debe mantener la máxima alerta”, advirtió la portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Mao Ning, en una rueda de prensa el martes.
Las Fuerzas Terrestres de Autodefensa de Japón incorporaron el martes dos sistemas de ataque a distancia, con el objetivo, según el Ministerio de Defensa, de responder a los desafíos emergentes de seguridad. El ministro de Defensa, Shinjiro Koizumi, declaró en NHK que esta iniciativa tiene como meta “reforzar las capacidades de disuasión y respuesta” en un periodo donde “el entorno de seguridad se ha vuelto más hostil y complejo que nunca desde el final de la II Guerra Mundial”.
En la base de Kengun (prefectura de Kumamoto, al suroeste de Japón), las fuerzas japonesas activaron misiles antibuque Tipo 25 (una versión avanzada del Tipo 12 con un alcance de aproximadamente mil kilómetros), los cuales permitirían a Japón atacar objetivos a gran distancia, incluso en la costa oriental de China. Paralelemente, se desplegaron proyectiles planeadores hipersónicos en el Campamento Fuji (prefectura de Shizuoka, en el este del país), diseñados para la defensa de islas remotas.
Ambos sistemas son parte de la nueva capacidad de «contraataque» que Tokio busca integrar en su doctrina de seguridad, que contempla la posibilidad de atacar bases de misiles, buques o instalaciones militares del enemigo en caso de ataques o amenazas inminentes, con el fin de neutralizarlos. Desde el final de la II Guerra Mundial, el Artículo 9 de la Constitución japonesa establece la renuncia a la guerra y al uso de la fuerza para resolver disputas internacionales, lo que convierte la expansión de sus capacidades de respuesta en un cambio significativo con implicaciones políticas relevantes.
El Ministerio de Defensa chino ha declarado que el “neomilitarismo japonés” representa “una amenaza real que puede socavar la paz y la seguridad regional”. La directora de información de la Cancillería china, Mao Ning, también criticó el despliegue de misiles, afirmando que demuestra que la derecha japonesa está llevando la política de seguridad en una dirección expansionista.
Las relaciones diplomáticas entre ambos países han deteriorado notablemente desde noviembre, cuando la primera ministra japonesa, la nacionalista Sanae Takaichi, sugirió que un intento de China por apoderarse de Taiwán (isla autogobernada que Pekín considera una provincia rebelde) podría representar “una amenaza existencial” para Japón, justificando el despliegue de las Fuerzas de Autodefensa. La premier nipona representa el ala más conservadora en materia de seguridad dentro del Partido Liberal Democrático, que ha gobernado Japón de manera casi ininterrumpida desde 1955, y defiende una política exterior más asertiva ante China. Sus declaraciones provocaron la ira de las autoridades comunistas, que desde entonces han implementado diversas medidas contra Japón que impactan en lo político, económico y social.
La situación se intensificó el mes pasado, cuando un miembro de las Fuerzas de Autodefensa japonesas irrumpió en la Embajada china en Tokio con un cuchillo. El joven, de 23 años, fue arrestado en el acto, aunque el incidente ha sido amplificado en la prensa china en las semanas recientes. “Japón no ha evaluado su falta en el mantenimiento de la disciplina. En cambio, continúa promoviendo una narrativa de amenazas externas y acelerando su rearme”, criticó el miércoles el nacionalista Global Times.
El lunes, el Diario del Ejército Popular de Liberación, la voz oficial de la propaganda militar china, publicó un reportaje inusual en el que acusaba a Japón de “cruzar una línea roja” al “expandir peligrosamente” su industria de defensa en términos de capacidad, tecnología y proyección internacional. El artículo afirmaba que Japón podría contar a finales de 2024 con suficiente plutonio para producir alrededor de 5.500 cabezas nucleares, advirtiendo que “podría convertirse en un Estado de facto con armamento nuclear en un tiempo muy breve».
El informe sostiene que Japón ha trabajado de manera sistemática en el desarrollo de su industria militar “bajo la fachada de tecnología civil” e impulsa la participación de más empresas en proyectos de I+D militar. En 2025, Tokio destinará un récord de 17.500 millones de yenes (aproximadamente 106 millones de euros) a su programa de investigación para la transición a tecnologías avanzadas, una cifra 18 veces superior a la de 2022. En medio de la creciente tensión, China prohibió en enero la exportación a Japón de bienes de doble uso e incluyó a 20 entidades en una lista negra “por estar a la vanguardia del rearme del país”, entre las que se encuentran Mitsubishi Heavy Industries y Kawasaki Heavy Industries.


