El enfrentamiento entre Abascal y Ortega Smith proporciona al PP un respiro en medio del conflicto territorial.
La crisis interna de Vox ha estallado de manera definitiva. El partido ultraderechista de Santiago Abascal se despide nuevamente de uno de sus fundadores. La salida de Javier Ortega Smith de la formación ultra no ha sorprendido a nadie; sin embargo, la manera en que se ha marchado ha generado amplios comentarios y críticas. No es la primera vez que un pionero de Vox abandona el partido, ya ha sucedido con Macarena Olona, Iván Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio. No obstante, Smith es el único de aquellos referentes que se va siendo expulsado y desobedeciendo a la cúpula ultra.
La expulsión cautelar de Javier Ortega Smith por desobedecer al Comité Ejecutivo Nacional (CEN) ha desatado una guerra sin precedentes en el partido que dirige Santiago Abascal, colocando, de forma inesperada, al alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, ante una decisión incómoda: determinar quién es realmente el portavoz del grupo municipal de Vox en el Ayuntamiento.
Los de Abascal están en una situación complicada, ya que han puesto, queriéndolo o no, una decisión crucial en manos de los ‘populares’: quién estará a cargo de su grupo municipal en el Ayuntamiento de Madrid. El acuerdo aprobado el día 12 por el Comité Ejecutivo Nacional para reemplazar a Javier Ortega Smith no ha sido fácil de implementar. Como era de esperar, se ha encontrado con dos resistencias notables: la del propio dirigente, que se niega a marcharse, y la del grupo mayoritario, que respalda al actual portavoz. Todo esto se desarrolla en un contexto donde el Partido Popular está más debilitado que nunca, dependiendo de Vox para avanzar en las investiduras en Extremadura y Aragón —y con la vista puesta en una posible repetición del escenario en Castilla y León tras los próximos comicios—. Era previsible que el diputado en el Congreso, concejal en el Ayuntamiento de Madrid y amigo cercano de Santiago Abascal durante años no se iría sin luchar y sin salir por la puerta grande.
Ortega Smith no era un militante cualquiera. Fundador del partido en 2013, secretario general durante seis años y uno de los pilares de la organización hasta fechas recientes, formó parte de la cúpula que diseñó la estructura absolutamente vertical que hoy rige Vox. Durante años ocupó los niveles más altos de esa jerarquía, aunque poco a poco fue perdiendo influencia. Sin embargo, nunca mostró señales de estar dispuesto a aceptar un papel secundario.
Dentro del partido se daba por hecho que, tarde o temprano, la dirección le informaría que no contaban con él para liderar la candidatura municipal madrileña. También se asumió que no aceptaría la decisión sin luchar. Finalmente, el choque ha estallado por todas partes y tiene un trasfondo claro: la lucha por el control político de Madrid de cara a 2027.
Un relevo sin mayoría
El CEN acordó hace una semana, por unanimidad, cesarlo como portavoz municipal y nombrar en su lugar a la concejal Arantxa Cabello. Sin embargo, la elección del portavoz corresponde al grupo municipal, no a la dirección nacional. Y Vox no tiene asegurada la mayoría requerida entre sus cinco concejales para realizar el relevo.
Según fuentes consultadas, el cese no se ha sometido a votación interna porque la dirección no tiene garantizados los apoyos necesarios. Solo Arantxa Cabello y Fernando Martínez Vidal respaldan la decisión del CEN. Frente a ellos, Ortega Smith cuenta con el apoyo de Carla Toscano, portavoz adjunta y exdiputada, y de Ignacio Ansaldo.
Desde la dirección se ha advertido que quienes desobedezcan podrían enfrentar expedientes disciplinarios y suspensiones cautelares, como ya le ha sucedido a Ortega. La advertencia se ha dirigido explícitamente contra Toscano, pero no ha sido lanzada con los mismos términos contra Ansaldo. Su figura tiene peso: fue el primer presidente de Vox según el acta fundacional presentada en 2013, cuando Abascal aún formaba parte del PP, y la sede inicial del partido era la dirección de su propio negocio.
Almeida se desmarca
Ante la falta de apoyos internos, el secretario general de Vox, Ignacio Garriga, envió un escrito al Ayuntamiento informando sobre el cese de Ortega Smith y el nombramiento de Cabello, trasladando así al alcalde la decisión práctica sobre el liderazgo del grupo.
Martínez-Almeida reaccionó con sorpresa. Recordó que “el cambio de portavoz es competencia exclusiva del grupo municipal” y subrayó que el partido no puede esperar que el Ayuntamiento resuelva un conflicto interno. Además, señaló que Ortega participó esa misma semana en la Junta de Portavoces sin que “ningún concejal de Vox cuestionara su condición”. Concluyó que Vox tiene “un lío monumental” que debe resolver por sus propios medios. No obstante, el alcalde ha consultado al presidente del pleno municipal, Borja Fanjul, sobre qué ocurriría si los concejales afines a Ortega pasaran a la condición de no adscritos. Como ya sucedió en la legislatura pasada con la ruptura de Más Madrid, el PP tendría la última palabra sobre el futuro formal del grupo ultra en el consistorio.
“Guerra sucia” y amenaza judicial
Lejos de dar un paso atrás, Ortega Smith ha respondido con firmeza. En sus primeras declaraciones tras su suspensión cautelar como afiliado, ha afirmado que su comportamiento ha sido “ejemplar” y ha denunciado estar siendo víctima de una “asquerosa y repugnante guerra sucia” por parte de la dirección, que le atribuye filtraciones a la prensa. “Considero que mi comportamiento ha sido ejemplar y que no merezco lo que estoy sufriendo ni lo que están padeciendo mis compañeros. Y por eso, por justicia, voy a luchar dentro del partido con los recursos permitidos por los estatutos. Si tengo que llegar a la jurisdicción ordinaria, lo haré”, ha añadido.
Asimismo, ha anunciado que recurrirá ante el Comité de Garantías del partido —aunque esa vía no paraliza la sanción y tiene pocas probabilidades de éxito— y no ha descartado acudir a la jurisdicción ordinaria si considera que el CEN no tiene la competencia para cesarlo como portavoz. Un proceso judicial podría prolongarse durante años, manteniendo abierta la herida hasta, al menos, el final del mandato en 2027.
Abascal ha evitado responder directamente y se ha limitado a afirmar que los partidos no están para “mirarse el ombligo”. Un día antes había sido más claro: “Es la dirección la que manda y eso seguirá siendo así. No tendremos dudas cuando tengamos que tomar decisiones internas y en la política española cuando lleguemos al poder. Y quiero que eso lo sepan todos”.
La expulsión de Ortega Smith ha confirmado la profunda transformación de Vox desde su fundación en diciembre de 2013. El partido que impulsaron Abascal, Iván Espinosa de los Monteros y el propio Ortega ha ido prescindiendo gradualmente de varios de sus rostros históricos. La salida de Macarena Olona, Espinosa o Rocío Monasterio ya evidenció tensiones internas, pero Ortega Smith es el primero de los fundadores que abandona la formación siendo expulsado y en abierta rebeldía contra la cúpula.
En el fondo, la crisis no solamente es orgánica. Es estratégica. Madrid es una plaza clave y la batalla por su control anticipa la lucha por el liderazgo interno y la configuración de las listas de 2027. Algunos en el partido consideran que Abascal ha cometido un error al emitir una orden difícil de ejecutar; otros opinan que estaba dispuesto a asumir el riesgo para deshacerse de un dirigente que se había convertido en un verso libre.
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