El exclusivo club de Íñigo Onieva y Cristiano Ronaldo está cerca de completar su cupo de miembros fundadores.


  1. Un modelo basado en la selección
  2. Equilibrio generacional, internacional y profesional
  3. Un comité de admisiones propio
  4. Precio contenido, acceso restringido
  5. Un espacio que cambia según la hora
  6. Privacidad como norma
  7. Cómo se medirá el éxito

Antes de su apertura, VEGA Members Club, el proyecto impulsado por Cristiano Ronaldo, Íñigo Onieva y Manuel Campos Guallar, está a punto de completar el número de socios fundadores. La categoría de Founder Members, destinada a aquellos que forman parte de la creación del club, ya tiene una disponibilidad mínima, a pesar de que la inauguración todavía no ha tenido lugar.

En declaraciones a Confidencial Digital, Íñigo Onieva explica el propósito del proyecto, su modelo de acceso y la arquitectura social que rodea a VEGA, situado en la calle Lagasca, en el corazón del Barrio de Salamanca.

“Vega surge como respuesta a una necesidad que, junto con mi socio Manuel Campos, detectamos en la ciudad: establecer un auténtico concepto de club de miembros, similar a los que se encuentran en grandes capitales como Londres, París o Nueva York”, afirma.

Onieva contextualiza el proyecto en un entorno urbano específico: “En ciudades altamente concurridas, donde la demanda es extensa y reservar en un restaurante implica una planificación excesiva, los clubes privados se convierten en una extensión natural del tejido social, cultural y empresarial. Madrid también enfrenta esta saturación”.

Para él, la ciudad carecía de un espacio que integrara lo social y lo profesional sin barreras. “Existían clubes muy centrados en lo social y otros claramente enfocados en lo profesional, pero no había un lugar donde ambas dimensiones coexistieran de manera natural”.

Un modelo basado en la selección

El acceso a VEGA no es general. El club adopta una política de admisiones restrictiva, fundamentada en invitaciones y recomendaciones.

“En Vega, la calidad prevalece sobre la cantidad, por lo que seguimos una política de admisiones muy rigurosa, donde el ingreso solo es posible a través de la recomendación o invitación de los socios fundadores”, explica Onieva.

La respuesta del mercado ha sido rápida. “La categoría de Founder Members ha generado un interés mucho mayor al que esperábamos y, aunque aún no hemos abierto, la disponibilidad es ya escasa”. Esta categoría permite el acceso con hasta seis acompañantes, en comparación con los tres de la membresía estándar, e incluye acceso al Wine Club y otras ventajas.

Las solicitudes restantes están en lista de espera. “Hasta que inauguramos, todas las candidaturas serán revisadas meticulosamente con el fin de garantizar una comunidad cuidada, que promueva un intercambio de valor entre sus miembros, diversa e inclusiva”.

Equilibrio generacional, internacional y profesional

La composición de la comunidad es un eje fundamental del proyecto.

“No divulgamos cifras exactas, pero dentro del círculo cercano de los socios fundadores ya se ha cubierto una gran parte de la disponibilidad. Lo singular de este grupo es que incluye diferentes edades, nacionalidades e industrias, y la comunidad global seguirá dicha línea”, señala.

VEGA aspira a un equilibrio entre generaciones: perfiles jóvenes en la categoría Under 35, miembros adultos y un grupo senior. Además, se suma una proporción internacional considerable. “Entre un 55–60 % será local y el resto internacional, recibiendo a esa comunidad de expatriados que vive en Madrid”.

El tercer criterio es la procedencia profesional. “Otros clubes aceptan solo creativos o solo perfiles financieros. En nuestro caso, el atractivo reside en reunir perfiles de arte, negocios, deporte, tecnología, política o moda, con el objetivo de enriquecer a la comunidad”.

Un comité de admisiones propio

Las decisiones no son automáticas. Hay un comité específico destinado a evaluar cada solicitud.

“El comité está formado por perfiles cuidadosamente seleccionados, líderes de diversos grupos sociales, abarcando diferentes edades y sectores, con el fin de asegurar la diversidad y el equilibrio dentro de la comunidad”, explica Onieva.

Cada candidatura se analiza de forma individual. “Se considera la trayectoria, intereses, motivaciones y, lo más relevante, las recomendaciones. Posteriormente, las decisiones se toman de manera colectiva, siempre con el bienestar de la comunidad en mente”. El proceso, añade, es riguroso, pero deliberadamente humano.

Precio contenido, acceso restringido

A pesar de que VEGA se sitúa en el segmento alto del mercado, su enfoque no se basa en aumentar las cuotas.

“Aunque se trata de un club de miembros de primer nivel, nuestras membresías son de las más accesibles del mercado en términos de coste e incluso destinan una parte importante de la cuota a un crédito para gastar en el club”.

Para Onieva, la exclusividad no debe depender del precio. “La clave no está en tener tarifas elevadas, sino en mantener estándares altos de exigencia. La barrera de entrada no es el costo, sino el acceso”. El objetivo, insiste, es que, una vez aceptado, el coste no sea un impedimento para disfrutar de la vida del club.

Un espacio que cambia según la hora

VEGA está diseñado como un entorno flexible.

“Durante el día, la experiencia se centra más en lo empresarial y cultural, mientras que por la noche evoluciona hacia una experiencia más social”, explica.

Las salas de reuniones se transforman en privados para cenas; la sala de conferencias se convierte en espacio para eventos; los usos se ajustan de acuerdo al momento del día. “Es un club creado para adaptarse a las necesidades de los miembros”.

En gastronomía, el club cuenta con tres conceptos: Casa Vega (bistró), Vega (alta cocina) y Totó (italiano). A diferencia de otros espacios, los menús no están ligados a zonas fijas. “El miembro puede elegir cualquiera de estas opciones en cualquiera de los espacios del club”. El Wine Club se organiza a través de cavas privadas y experiencias distribuidas a lo largo del edificio.

Privacidad como norma

La confidencialidad es un elemento estructural del proyecto.

“La privacidad es uno de los pilares más importantes de la experiencia del club”, afirma Onieva.

El acceso está regulado, el número de invitados es limitado y el personal ha sido entrenado para asegurar la discreción. El uso de imagen está restringido: no se permiten fotos ni grabaciones en el interior. El incumplimiento puede resultar en desde una advertencia hasta la pérdida de la membresía. “La confianza es un pilar innegociable en el club”.

Cómo se medirá el éxito

VEGA no se mide por la cantidad de altas, sino por el uso efectivo del espacio.

“Nuestro indicador clave de éxito será que los socios utilicen el club de manera regular y lo integriquen en su rutina diaria, no que sea un lugar al que se asista puntualmente”.

Diversidad, estabilidad de la membresía, interacción entre socios y actividad constante a lo largo del día serán las métricas internas. “Más allá de los números, el verdadero éxito será haber formado una comunidad sólida y coherente con la visión inicial de VEGA”.

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