El franquismo se afianza en las calles de Madrid: Almeida ignora la Ley de Memoria.
Durante un paseo por la antigua ruta del tranvía que une Moncloa con Ciudad Universitaria, destaca una base vacía. Una columna que ha estado sin busto por más de dos años. Su inscripción revela un nombre: José Ibáñez Martín, primer Ministro de Educación bajo Franco. El lugar donde alguna vez estuvo su figura no es casual; afianza su vista hacia el Arco de la Victoria. ¿Existirán muchos monumentos en Madrid que exalten de forma tan clara los casi 40 años de dictadura? Pero no todo el espacio está ocupado por ellos. Justo en medio se encuentra la Avenida de la Memoria, antes conocida como Avenida de la Victoria. Pronto, gracias a la coalición entre PP y Vox en el pleno municipal, se llamará Avenida de la Concordia. Esto refleja una lucha por nombres y significados, una batalla sobre la memoria, sobre cómo y a quién recordamos.
El busto de Ibáñez Martín estuvo a la vista durante cinco décadas de democracia. Su remoción el 13 de febrero de 2023 no fue consecuencia de la recién aprobada Ley de Memoria, ni un acto de justicia o reconocimiento hacia sus víctimas. Fue retirado «por motivos de seguridad» y «para evaluar su posible restauración», según fuentes de la universidad. No es el único tributo a este exministro en la Complutense. Pocos pasos atrás, entre el pabellón de Gobierno y la antigua residencia de profesores, una calle aún lleva el nombre del ministro: la calle del Ministro Ibáñez Martín. Aunque es un callejón pequeño y de acceso privado, su presencia persiste, en honor al hombre responsable del mayor expurgo de docentes en la universidad. Docentes que enfrentaron inhabilitaciones, destierros, o fusilamientos. Que fueron condenados al olvido en democracia. Porque quien olvida su historia…
No solo Ibáñez Martín ha sido honrado en Madrid, ni la Complutense es el único lugar donde se permiten estos tributos hoy en día. Monumentos, plazas, instituciones educativas, parques… El propio callejero de la ciudad preserva menciones a diversas figuras e hitos de la dictadura, como Fernando Primo de Rivera, líder de hecho de la Falange durante la detención de su hermano, o el quince de agosto de 1936, fecha de la instauración de la bandera franquista. Todo esto a pesar de que la Ley de Memoria Democrática, aprobada en octubre de 2022, ordena explícitamente su retirada de los espacios públicos. Casi tres años después, el Ayuntamiento de Madrid sigue incumpliendo esta ley.
La Justicia se posiciona contra la memoria
«Algunos de estos nombres llegaron a cambiarse, pero fueron restituidos por el sistema judicial», recuerda Iván Pérez Marinas, portavoz de la Plataforma Calles Dignas – Maestra Justa Freire. Este fue el caso de seis de las 52 calles con reminiscencias franquistas que Manuela Carmena modificó durante su gestión en el Ayuntamiento. Una sentencia sin precedentes del Tribunal Superior de Justicia de Madrid determinó en 2021 que dichas calles no exaltaban ni la sublevación ni la represión de la dictadura. Los únicos supuestos que atendía la Ley de Memoria Histórica de 2007, o que se referían a méritos anteriores a la Guerra Civil. El nuevo gobierno municipal, dirigido por José Luis Martínez Almeida, decidió acatar la decisión del tribunal, sin considerar la opción de apelar la sentencia. Así, nombres como la calle del General Millán Astray, la calle de los Caídos de la División Azul o la calle del Crucero Baleares fueron restaurados en el registro.
«Los jueces se esforzaron en encontrar argumentos para justificar la continuación de los nombres franquistas», opina Iván Pérez Marinas.
«Millán Astray fue el jefe de la Oficina de Prensa y Propaganda del bando sublevado durante la Guerra Civil y llegó a ser procurador en las Cortes por designación de Franco», señala Pérez. Sin embargo, el TSJM dictó que no fue posible demostrar su participación directa en el golpe de Estado o en la dictadura. Así, la calle retomó oficialmente el nombre del general. Un proceso parecido ocurrió con la División Azul. «Estamos hablando de soldados que formaron parte de una unidad de infantería del ejército nazi durante la Segunda Guerra Mundial», puntualiza Pérez. Muchos de los que lucharon por el bando sublevado durante la Guerra Civil. El tribunal determinó que estas consideraciones eran ajenas al golpe de Estado o a la dictadura, por lo que la calle debía volver a su nombre anterior.
El caso de la calle Crucero de Baleares fue uno de los más polémicos. «Se trata de uno de los barcos que utilizó el bando sublevado para bombardear civiles que trataban de huir de Málaga en la conocida Desbandá, causando una masacre», denuncia el historiador. Con cerca de 6.000 víctimas civiles. Sin embargo, el tribunal madrileño no consideró esto como un argumento suficiente y sostuvo que podría interpretarse como un homenaje a las víctimas que murieron durante el hundimiento de dicho buque. Sin perjudicar, por lo tanto, la Ley de Memoria vigente. «Los jueces se centran más en encontrar justificaciones para mantener los nombres franquistas que en examinar la argumentación histórica presentada para respaldar su reemplazo», resume Pérez. «Y el ayuntamiento utilizó esta sentencia como la excusa perfecta para no intervenir en favor de la memoria», añade.
Feminizar el callejero
Almeida no ha sido el único alcalde que ha sostenido los nombres franquistas de varias calles. «Carmena rechazó en su momento el cambio de otras seis calles del distrito Latina«, explica Pérez. «Fue una iniciativa de Ahora Madrid, que fue apoyada por el PSOE, y que se aprobó en el pleno del distrito en 2018», agrega. El proyecto consistía en reemplazar seis calles con nombres franquistas por nombres de mujeres que representan simbólicamente al movimiento feminista. «La calle Ocho de Marzo, por el Día de la Mujer; la Plaza Rosa Parks, en honor a su activismo antirracista; la calle de Ana María Matute, por su aportación como escritora; la de Concha García Campoy, como referente en comunicación; la Costanilla de Mercedes Gaibrois, una destacada historiadora; y la calle de Marie Tharp, como figura destacada en ciencias e investigación», enumera el historiador.
Aunque la iniciativa se aprobó en el pleno, se estancó en el proceso municipal. «La alcaldesa, que en ese momento tenía las competencias de la consejería de cultura, consideró ‘improcedente’ el cambio, ya que las calles no estaban incluidas en un primer momento en su plan de adecuación del callejero de Madrid, que fue avalado por el Comisionado de Memoria», critica Pérez. El proyecto quedó archivado. En su lugar, se siguen homenajeando a figuras como Darío Gazapo, golpista en Melilla. A altos funcionarios de la dictadura como Federico Mayo. Incluso a Rafael Finat, hijo de uno de los alcaldes franquistas de Madrid, el Conde de Mayalde.
Todavía sin catálogo oficial
El Gobierno central tampoco ha cumplido con lo establecido en la Ley de Memoria. En su artículo 36, la ley exige la creación de un catálogo completo de símbolos franquistas a fin de facilitar su eliminación o sustitución posterior. «Desde nuestra asociación, nos reunimos a comienzos del año pasado con el Secretario de Estado de Memoria Democrática, quien nos aseguró que lo tendrían listo pronto. Más de un año después, seguimos sin noticias», señala Pérez.
Público ha contactado al Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática para consultar sobre el estado del mencionado catálogo. Fuentes del ministerio confirman a este diario que la elaboración se está gestionando como un Real Decreto. Añaden que pasará por el Consejo de Estado en septiembre y se espera su aprobación para mediados de octubre.
Ante la ineficacia administrativa, la Plataforma Calles Dignas se ha propuesto crear su propio catálogo de vestigios franquistas en la ciudad. Una vez identificados, busca eliminar estos vestigios uno a uno. En total, la asociación contabiliza 58 calles, además de doce centros educativos. Como el Ramiro de Maeztu. «Tuvo varios cargos en la Asamblea Nacional Consultiva de la dictadura de Miguel Primo de Rivera, y además fue uno de los promotores de Acción Española, una organización que sirvió de soporte ideológico para el golpe de Estado de 1936», aclara el historiador. No olvidan centros de salud como el General Fanjul o paradas de metro como García Noblejas, en la línea 7. Moscardó, Varela, Suanzes o Girón. Generales y ministros reconocidos del franquismo aún dan nombre a otros espacios comunitarios de la capital. «Como vecindarios, áreas verdes y complejos deportivos», confirma Pérez.
«No podemos seguir tolerando homenajes a golpistas, cómplices y beneficiados de la dictadura», exige la Plataforma Calles Dignas.
Otra categoría importante: monumentos, emblemas y placas. Un caso paradigmatico es el del Museo del Aire y del Espacio de Cuatro Vientos. La plataforma ha contabilizado en su interior hasta catorce elementos vinculados a la dictadura, exhibidos sin un contexto histórico apropiado. Entre ellos, un monumento dedicado al dictador. «Así como este, hemos registrado decenas de casos en toda la ciudad, y seguramente habrá muchos más«, admite el portavoz de la asociación.
«Es un trabajo que debería ser realizado por las administraciones públicas, pero no hay suficiente voluntad política, y tampoco se le otorga la prioridad necesaria», critica Pérez. Con un llamado especial al Ayuntamiento. «El registro de las calles es de su competencia. Son los principales responsables», insiste. La Plataforma Calles Dignas seguirá defendiendo un callejero libre de referencias franquistas, alineado con las políticas de memoria y que respete los valores democráticos. «No debemos seguir tolerando homenajes a golpistas, cómplices y beneficiados de la dictadura, en detrimento de sus víctimas y de la propia democracia«, concluye su portavoz.


