El Gobierno se pronuncia sobre el juicio a Ábalos: “No hay nada bueno que destacar esta semana, el proceso es desalentador” | España
El Gobierno ha conseguido retomar el pulso de la agenda política, impulsado en gran medida por la guerra en Irán, que ha situado a Pedro Sánchez en una postura de rechazo más definida que la del PP. El «no a la guerra» ha sido crucial para revitalizar la iniciativa de un presidente que se siente cómodo en el ámbito internacional. Además, el rechazo unánime a Donald Trump, que el 81% de los españoles y el 71% de los votantes del PP consideran la mayor amenaza para la paz mundial, según la última encuesta de 40dB. para EL PAÍS y la Cadena SER, ha reforzado su posición.
No obstante, esta semana ha sido completamente diferente para el Ejecutivo, que se encuentra a la defensiva debido al juicio del caso Ábalos, que ha reavivado el oscuro capítulo del PSOE y del propio presidente, el tema que más desgaste le ha causado en casi ocho años en La Moncloa y el único que estuvo realmente cerca de ocasionar su caída: la corrupción, el nepotismo y la explotación de la prostitución de su exconfiable, el exministro de Transportes y exsecretario de Organización del PSOE.
Los miembros del Gobierno consultados intentan mantenerse al margen de los pormenores del juicio, pues todo lo que sale a la luz les resulta «repugnante», «doloroso» y «desolador», según sus propias palabras. Admiten que el efecto político inmediato del juicio es que es casi imposible discutir sobre cualquier otro tema en la escena política nacional, salvo la guerra en Irán, que sigue teniendo un gran impacto en la política española y obliga a Alberto Núñez Feijóo a distanciarse de Trump para evitar que los exabruptos del presidente estadounidense le afecten.
Durante esta semana, el Gobierno tenía programada, por ejemplo, una medida significativa en el Consejo de Ministros, como la reforma constitucional que busca asegurar que el aborto se realice en centros públicos. Esto ya ocurre en varias comunidades autónomas, pero no en otras como Madrid o Andalucía, donde la cifra no supera el 1%. Sin embargo, la rueda de prensa se vio completamente dominada por las preguntas relacionadas con el juicio del caso Ábalos.
Los detalles más escabrosos sobre los amiguismos en empresas públicas y el pago del alquiler de las parejas de Ábalos inundan las tertulias televisivas, y en La Moncloa reconocen que su agenda queda opacada, a pesar de que no es un mal momento para el Ejecutivo, sobre todo tras la cifra de 22 millones de ocupados que se dio a conocer al inicio de la semana y que Sánchez resaltó con una camiseta de la selección con el número 22. “Es una semana perdida; es imposible hablar de nada positivo”, afirma un miembro del Gobierno, quien considera probable que esta situación se prolongue durante el juicio, que durará dos semanas.
Sin embargo, varios miembros del Ejecutivo consultados insisten en que todo lo que está surgiendo en el juicio ya era conocido desde la instrucción; no hay información nueva, aunque siempre impacta escucharla directamente de los protagonistas en la sede judicial. Por eso, confían en que esta vez no tendrá el mismo impacto político que tuvo en el pasado. Este proceso representa un desgaste fuerte para el Gobierno y, en particular, para el PSOE, sobre todo entre el voto femenino, que se siente disgustado por el lenguaje y las actitudes de Ábalos y Koldo García hacia algunas mujeres. “El juicio deja claro que estamos ante comportamientos individuales, no algo sistémico dentro del PSOE. No hay financiación ilegal. Todo esto ya se conocía y espero que, por tanto, quede amortiguado”, señala un ministro.
“Creo que el daño ya se produjo en su momento, y fue muy grave, nadie lo niega”, añade otro. “Pero ahora únicamente se trata de la confirmación de lo que ya se sabía. Es evidente que fue un error tener a Ábalos en posiciones tan importantes. Pero lo despedimos antes incluso de que estuviera imputado. Y se hace evidente que esto es cosa de él, no de un sistema organizado como sí es el caso Kitchen, el del PP, que contaba con una estructura política para obstruir la acción de la justicia”, insiste. El hecho de que ambos casos coincidan en el tiempo lleva al Gobierno a tratar de utilizar el escándalo que afecta al PP como una forma de desviar la atención de su propio caso, aunque en privado varios miembros admiten que el y tú más solo sirve para alimentar la antipolítica, que beneficia más a la derecha que a la izquierda, según su análisis.
Mientras tanto, el presidente, que esta semana no tiene sesión de control ni conferencias de prensa programadas, evita así tener que responder abiertamente sobre su exmano derecha y se enfoca en otras cuestiones. En especial, se concentra en la situación internacional, que impacta directamente a España por sus repercusiones geoestratégicas y económicas. Sánchez continúa esforzándose por posicionarse como el gran némesis de Trump, un título que ha sido concedido a nivel internacional en EE. UU., Europa y Latinoamérica. Este miércoles, menciona en redes que “el Gobierno de España no aplaudirá a quienes incendiaron el mundo por presentarse con un cubo”, en clara referencia al líder estadounidense.
El presidente viajará este fin de semana a China, donde realizará una visita de tres días, su cuarta consecutiva, algo sin precedentes. Allí, Sánchez tiene una agenda política y económica intensa que demuestra su intención de acercarse al régimen chino en un periodo de feroz competencia entre Washington y Pekín. Desde China, el presidente se centrará en la agenda internacional y en las oportunidades de negocio para empresas españolas, así como en grandes inversiones chinas en España, algo que ya ha intentado en los últimos años con éxito desigual. Esta agenda internacional le permitirá volver a dirigirse a asuntos relevantes que impactan miles de empleos y sectores clave, mientras evita el tema que más le ha desgastado hasta la fecha: el caso Ábalos y su devastadora consecuencia, el caso Cerdán, el segundo secretario de organización de Sánchez que terminó en prisión.
El Gobierno opta, por tanto, por recordar que ha hecho todo lo que estaba en su mano —despedir a los implicados de sus cargos en el PSOE— y admite que sienten “empatía” por la indignación de los ciudadanos hacia la corrupción. Sin embargo, la estrategia principal es confiar en que todo se resuelva rápidamente para poder pasar a otros temas, ya que este caso parece completamente inabordable desde el punto de vista político. Además, el nivel de Ábalos y Cerdán es tan elevado que la única forma de asumir la responsabilidad política ante el escándalo sería la dimisión del presidente, algo que él mismo ha reconocido que consideró en julio de 2025, pero que descartó para no perjudicar el proyecto de la coalición progresista. Por lo tanto, todo indica que una posible condena de Ábalos no tendrá consecuencias políticas directas, ya que no hay dimisiones adicionales posibles, pero sí intensificará un desgaste que ya se refleja en las encuestas, que siguen mostrando al PSOE por debajo de lo que estaba en 2023. Aunque Sánchez reitera que no habrá elecciones hasta 2027, lo que le da al Gobierno un amplio margen para intentar salir del oscuro capítulo de Ábalos, siempre que los datos económicos le acompañen.



