El importante conflicto de la RAE.
La RAE ha sido objeto de una gran controversia, casi como si un terremoto hubiera sacudido sus cimientos. Será necesario consultar a los expertos en sismos del idioma, ya que en tiempos recientes hemos visto la proliferación de enjambres sísmicos subterráneos, como los que presagian una erupción volcánica, alrededor de las principales entidades del idioma español.
Y así estábamos, cuando Arturo Pérez-Reverte, académico desde 2003, publicó en enero un artículo titulado ‘Por qué ni limpia, ni fija ni da esplendor’ en el diario ‘El Mundo’, donde realizó duras críticas acerca de las «decisiones cuestionables» de los lingüistas, lo que provocó el último y más significativo terremoto en la RAE.
Se generó temor entre los académicos. Santiago Muñoz Machado, miembro desde 2013 y director desde 2018, recibió esa crítica y comentó que el escritor tenía todo el derecho a manifestarse, aunque le doliera. La polémica se propagó rápidamente, y parecía que las opiniones eran irreconciliables. Pero hablamos de una RAE que no es solo la sede espiritual del español, sino una institución moderna, activa y llena de iniciativas.
Poco antes de estos incidentes, se dieron debates menos destructivos. Cuando se cerró el debate sobre la tilde de ‘solo’, todo el país estuvo atento a este signo ortográfico, y tildistas y antitildistas llenaron medios y redes. Esa tilde fue incluso portada de ABC. Por ello, y confiando que la RAE es la casa de la inteligencia, hemos invitado a Pérez-Reverte y Muñoz Machado a dialogar de manera educada sobre sus diferencias y tratar de resolver algunos dilemas de la institución tricentenaria. El director de ABC Cultural, que esto firma, ejercerá de testigo.
Los dos académicos se ven sonrientes, posan para las fotos de Matías Nieto en el jardín, en la escalera, y en la biblioteca de la sede de Felipe IV, junto al Museo del Prado. Disimulan los nervios, si es que los tienen. De algún modo, a pesar de la tensión entre ellos, exhiben una cortesía y una dignidad que son un ejemplo en un país de tertulianos donde ya no sabemos dialogar ni escuchar.
—¿Qué se sabe y qué no se sabe de la RAE? Si las polémicas notorías añaden curiosidad por su trabajo, ¿cómo viven tanta atención?
—Pérez-Reverte (a Muñoz Machado): Comienza tú, que eres la autoridad.
—Muñoz Machado: Primero que nada, muchas gracias, Jesús, por organizar este encuentro. Quiero que sepas que Arturo es una persona muy admirada y querida.
—P.R.: Olvídate de eso, pasemos a otro tema.
—M.M.: No, quiero dejarlo claro. Es un académico muy respetado, y naturalmente, por su relevancia como escritor y personalidad. La academia ha cambiado mucho en los últimos años y su presencia pública es más notable que en cualquier otro momento anterior.
—P.R.: Es una institución necesaria y respetable. Creo que, en general, en España no somos conscientes del enorme trabajo realizado y del prestigio de la academia, y lo que significa en América. En un mundo cada vez más fragmentado, la academia es una herramienta potentísima, realiza lo que ni siquiera la diplomacia española puede por cuestiones tácticas, ineficiencia o incompetencia. España debería haber sido el gran puente entre Europa y América y viceversa. La academia ha mantenido eso con un esfuerzo significativo de diplomacia cultural. Santiago estará de acuerdo.
Muñoz Machado y Pérez-Reverte, en la hermosa biblioteca de la RAE.
(Matías Nieto)
—M.M.: La RAE es la institución cultural más importante de este país, dejando atrás a cualquier otra, porque defendemos el valor cultural más significativo que poseemos: la lengua. Sin su lengua, España no sería lo que es en términos de potencia cultural a nivel global, con 600 millones de hablantes, la gran mayoría en América hispana. Cuando viajamos a América, se nota el gran respeto que la academia inspira. Cuando todas las instituciones políticas españolas dejaron América tras los primeros años del siglo XIX, la única que permaneció fue la Real Academia Española. A veces olvidamos lo plurales que somos y el hecho de que trabajar conjuntamente con ellos nos obliga en ocasiones a adaptarnos a las particularidades de esos países.
—Estamos en franca minoría como hablantes.
—P.R.: Pero a pesar de ser minoritarios, mantenemos nuestro peso, como en una familia en la que a uno de los hijos se le mira con más respeto por alguna razón, por una tradición familiar.
—M.M.: El liderazgo es indiscutible y se manifiesta a través de la Asale, que reúne todas las academias. El presidente de la Asale, por voluntad de los socios, es el director de la RAE. Somos una confederación de reguladores de nuestro idioma, y lo regulamos en términos de igualdad con la participación de todos, pero es necesario alguien que dirija la orquesta; ese director es, sin duda, la Real Academia Española.
II
«Los fracasados de Exteriores»
—En el mundo las reglas están desapareciendo. ¿En Arequipa, el Cervantes ha cuestionado esta autoridad y hegemonía de la academia?
—P.R.: ¿Tú respondes a eso?
—M.M.: Lo destacable es que el Cervantes es una institución con la que la academia ha colaborado durante su historia y seguirá colaborando, ya que tiene una misión muy distinta de la nuestra. Nosotros establecemos la normativa de la lengua y buscamos preservar su unidad. Ellos se ocupan de la expansión. Sin embargo, no siempre se limitan a ese ámbito de expansión, en ocasiones también abordan aspectos normativos de la academia.
—P.R.: En América, el español se ha expandido tanto que no necesita ningún Cervantes que lo promocione allí. Que conste.
«Es indignante que el Cervantes se atreva a interferir en la academia. Y lo hacen además desde la mala fe y la mediocridad»
—M.M.: Esto es independiente de la coyuntura de quién sea el director del Cervantes y cómo se comporte, lo cual no me parece relevante.
—P.R.: En España, en tiempos recientes, todo ha sido transformado en un arma política: la memoria, la guerra… Y la ofensiva política ha salpicado a la academia. Esta injerencia, buscar protagonismo en asuntos que no les corresponden, es una situación concreta. Parte de la política española no respeta a la academia y busca contaminar su trabajo, perturbando así su función. Y la paradoja es que el Cervantes depende del Ministerio de Exteriores, que ha fracasado en América desde hace ya varias legislaturas, no solo en esta. Los fracasados desean interferir en el trabajo de la academia, que realiza, con prestigio, lo que el Ministerio no logrado por incapacidad o abandono. Es indignante que se atrevan a interferir, puedes usar esa expresión, en la academia. Y lo hacen además desde la mala fe y la mediocridad.
III
Injerencias políticas
—¿La política que ha hecho moneda de todo, también quiere hacer lo mismo con la lengua, entonces?
—P.R.: Todo por una cuota de partido, lo contaminan todo y no lo vamos a aceptar.
—M.M.: Aquí hemos procurado, Jesús, hasta ahora, evitar la intervención política. Esta casa tiene mucho orgullo de haber sido un islote independiente de la política, y lo ha logrado.
—P.R.: Es que aquí hay personas de todo tipo.
—M.M.: Y nunca se ha dicho que un académico haya sido elegido por ser del PSOE, del PP o de cualquier otro partido. Y si hemos tenido que manifestarnos, siempre lo hemos hecho con mucha prudencia, porque esta casa es muy cuidadosa en sus pronunciamientos, contra el poder. Entre otras cosas, porque necesitamos colaborar con él. Siempre mantenemos una neutralidad robusta.
—Se produjo con el lenguaje inclusivo, cuando solicitaron su respaldo para modificar la legislación y desdoblar el género en los textos.
—P.R.: Así era, solicitaron que avalásemos aquello. La academia se negó. Y no hicieron caso alguno, porque continuaron adelante. Lo que demuestra que no buscaban una opinión, sino únicamente el aval.
—Es más difícil enfrentarse al poder cuando es el Estado quien tiene que sostener la RAE, ¿no?
—P.R.: Quiero dejar claro que Santiago ha salvado la situación. Rajoy dejó a la academia en condiciones lamentables. Nunca visitó la institución. Estaba en un estado de profunda depauperación. Y Santiago, por sus contactos y su experiencia, logró rescatarlas. Con otro director quizás no lo hubiésemos conseguido.
—Han conseguido algunos fondos públicos, tal vez menos de los que deberían, considerando los fondos disponibles en el Perte de la lengua.
—M.M.: Cumplimos un programa bastante intenso. Contamos con 110 empleados. Trabajamos mucho, y aunque llegan recursos, apenas tenemos menos de una décima parte de los recursos que el Estado proporciona al Cervantes, por ejemplo.
—P.R.: Lo cual es un disparate.
—M.M.: Con esa décima parte, me atrevería a compararme con cualquier otra institución cultural de España en términos de resultados; producimos un producto final de gran relevancia, ya que es el normativo, el que establecemos para que la gente cumpla.
IV
El voto en blanco de los filólogos
—Vamos a la polémica. Los debates de la RAE han sacudido últimamente a los medios.
—P.R.: Sobre todo a través de mí.
—Con la no elección de Luis Alberto de Cuenca se evidenció el problema de las dos corrientes que pugnan dentro de la academia, lo mismo que sucedió con el tema de la tilde. ¿Hay una fractura, un problema serio?
—M.M.: Me gustaría abordar el tema de Luis Alberto en otro turno, como se diría en nuestro argot. Él es, ante todo, un amigo cercano y una persona admirada, debido a su extraordinaria trayectoria intelectual. Lamento mucho que no esté en la academia, es natural.
—P.R.: Por segunda vez, ¿eh?
—M.M.: Por segunda vez. Es injusto lo que ha ocurrido. Ahora, ¿ocurrió, como se ha comentado, por una convención entre algunos filólogos para que no entre en la academia?
—P.R.: Pero eso no es de ellos.
—M.M.: Bueno, eso puede ser, hay diferentes orientaciones entre los filólogos.
—P.R.: Los filólogos suelen formar un grupo compacto.
—M.M.: No, porque Luis Alberto es filólogo. Yo atribuyo la situación a que había otro candidato muy notable, del que nunca se habla, el arquitecto Luis Fernández Galiano, un humanista.
—P.R.: Y él tampoco fue elegido.
«Que un grupo de personas se concertara para votar en blanco, no cabe duda. Pero que esto fuese un acto en contra de Luis Alberto, no lo creo»
—M.M.: Sí, pero este obtuvo 8 ó 10 votos que podría haber tenido Luis Alberto de Cuenca.
—P.R.: Pero, ¿cuántos en blanco aparecieron?
—Trece, si no me equivoco, en bloque.
—P.R.: Fue sistemático. Nunca había ocurrido algo así.
—M.M.: Que un grupo de personas se uniera para votar en blanco, no hay duda. Pero que eso fuese una acción contra Luis Alberto, no lo creo.
—P.R.: No fue contra Luis Alberto, él era solo un pretexto. No quieren que entre nadie que no esté bajo su control. Si quieres, entremos en detalle.
V
Los tercios y el dudoso equilibrio
—M.M.: Sí, entremos. Vamos a contarlo.
—P.R.: En esta casa hay dos corrientes. Que el director me corrija si es necesario. Hay una tendencia que es principalmente lingüística o filológica y otra que es más creadora o práctica. Durante décadas han estado equilibradas. La academia cuidaba ese equilibrio y había un respeto mutuo. Yo fui traído por Txomin Ynduráin y Gregorio Salvador, dos filólogos eminentes. Sin embargo, en tiempos recientes se ha dado más peso a los filólogos.
—¿A qué ha conducido eso?
—P.R.: Para un filólogo de la corriente más rígida, esto debería ser una academia de filólogos, de científicos del idioma, no de creadores. Lo han expresado públicamente más de una vez. Con la muerte de Javier Marías, quien era muy combativo, y de Vargas Llosa, personas de prestigio que contribuían a equilibrar esa tendencia, los partidarios de lo otro hemos quedado en minoría. Por eso solo buscan que entre gente que refuerce su posición. Y eso es lo que ocurrió con Luis Alberto. Corrígeme, director.
—M.M.: Sí, te corregiré un poco, porque eso no es del todo exacto, Arturo. El dato objetivo es la composición actual de la academia. Hay tres tercios: uno de escritores o creadores (narradores, dramaturgos, poetas, etcétera); otro de filólogos lingüistas, y el tercero está compuesto por otros profesionales de diversas especialidades. Este equilibrio se ha mantenido hasta llegar a hoy, en el que esos tercios están más o menos equilibrados.
El director de ABC Cultural asiste al diálogo de los dos académicos.
(Matías Nieto)
—¿Y ahora se está desequilibrando de algún modo?
—M.M.: La presencia más intensa de filólogos o escritores varía en función de las épocas y las personalidades. Arturo suele decir que ya no hay un filólogo que publique en la Tercera de ABC como lo hacía Lázaro Carreter. Es cierto, ya no hay un Lázaro Carreter, pero realizamos muchas consultas y ofrecemos numerosas respuestas a preguntas lingüísticas en las que mantenemos un punto de vista. Vargas Llosa, quien fue mencionado por Arturo, jamás participó en estos debates, nunca.
—P.R.: No es cierto, permíteme, no es verdad. ¿Me estás diciendo que eso es una falsedad? Yo he estado presente en esas reuniones.
—M.M.: No, no afirmo eso. Mario no se interesó en el tema de la tilde.
—P.R.: Participó en muchos temas antes de que tú llegases a la academia. Y, como Javier Marías, era favorable a la tilde. Vargas Llosa y Marías tenían un peso de autoridad.
—M.M.: Mario, como bien sabes, intervenía poco en las reuniones.
—P.R.: Discrepo en eso. Se puede mantener un trato correcto y diferir.
—M.M.: Marías, que era más amigo tuyo, más conectado contigo…
—P.R.: ¿Porque era amigo? Al final, yo soy el responsable, ¿no? Es Arturo quien causa las disputas.
—M.M.: Arturo, no te estoy culpando de nada, por Dios.
—P.R.: Parece que soy yo y mis amigos quienes provocamos la discordia. Debo decirte que estás equivocado. Mario participó en los debates hasta que fue mayor y dejó de intervenir.
—M.M.: Bueno, en fin, en sus últimos años no participó mucho. Entonces, ¿cuál era el tema de esta discusión?
—P.R.: De los filólogos. No es que tengan más influencia, es que la academia ha delegado en estos lingüistas sus mecanismos. Antes había más debates en los plenos y en las comisiones. Hoy, el debate se ha atenuado y las decisiones se toman más de manera operativa por parte de los lingüistas. Ahora las decisiones vienen casi sin consultar a nadie, de manera unilateral.
—M.M.: Del director.
—P.R.: Bueno, del director y los lingüistas. Antes había lingüistas como [Manuel] Seco, [Gregorio] Salvador, [Valentín García] Yebra, [Francisco Rodríguez] Adrados, gente que abordaba la academia de forma razonable. Los actuales son más intransigentes, más talibanes, entre comillas. Muestran un desprecio profundo por todo lo que no esté en su entorno. Hablan de la ciencia, está bien. Pues miren, yo me levanto cada mañana a trabajar desde hace 40 años y tengo lectores, como hacía Marías o hace Luis Mateo. ¿Me van a contar a mí sobre comas, tildes, puntos y comas? Para ellos, estas cuestiones tienen más peso que mi opinión o la de Carlos García Gual, o la de cualquier persona anónima en Twitter.
«La academia ha pasado de ser un equilibrado mecanismo de pesos y medidas y contrapesos, donde la lengua, abierta a lo popular y a la evolución, se fije, a ser una especie de bebedero de patos donde todo vale»
—Si entiendo bien, ¿usted denuncia que, cuando salen los asuntos de las comisiones, los lingüistas influyen en el resultado de lo que se presenta al pleno? ¿Que realizan un control burocrático para que determinados temas no se discutan? ¿Que los temas salgan condicionados?
—P.R.: Vienen condicionados. La academia ha pasado de ser un equilibrado mecanismo de pesos y medidas y contrapesos para que la lengua, abierta a lo popular y a la evolución, se fije, a ser una especie de bebedero de patos donde todo vale y donde nada se cuestiona porque está documentado o aparece en redes sociales. ¿Qué me dicen de ‘El eco de Calahorra’ o YouTube? Tengan también en cuenta a Cervantes, a Lope, a Marías, a Vargas Llosa.
—M.M.: Me gustaría mencionar que la academia no ha tenido nunca un elenco de escritores como el que tiene hoy. Además de Arturo, hay dos premios Cervantes y un dramaturgo que podría competir con cualquier dramaturgo que haya estado en la RAE, junto a intelectuales de gran calibre. Yo le decía a Marías que no era inferior a Cela. Y los filólogos actuales en la academia no son peores comparativamente, en términos de su currículum, que los académicos que sueles citar, Arturo.
—P.R.: No estoy de acuerdo con eso, es mi observación.
—M.M.: No es una opinión, es un hecho. Pero una cosa es que disienta y otra que no respete lo que Arturo dice. Cuando Arturo hizo sus últimas declaraciones públicas, fui el primero en decir que tiene todo el derecho a opinar lo que considere. Y no coincido en que el método de trabajo en la academia sea el que él menciona. En la academia se dejó de trabajar en pleno porque era muy improductivo. La discusión que extraña Arturo se ha transferido a las comisiones y no está predeterminado el resultado. No hay un sesgo.
VII
La verdadera historia de la tilde de sólo
—¿No juegan entonces los lingüistas con ventaja?
—M.M.: La Academia española, al ser creada en 1713, no fue una academia de literatos, como la francesa, sino una que incluía la lengua vulgar, la de germanía, la de los gitanos y cualquier otro idioma. La división en tercios contribuye a eso. Si los escritores, como critica Arturo, han perdido preeminencia en algún momento, no será por falta de calificación, ya que aquí hay muchos cualificados. Nunca ha habido dos premios Cervantes ocupando un lugar en la RAE, ni escritores tan leídos como Pérez-Reverte o Javier Cercas.
—P.R.: Sí, pero ¿quién toma las decisiones sobre los asuntos de la academia?
—M.M.: Cada una de las comisiones.
—P.R.: Las toman los lingüistas. ¿Te cuento cómo fue el asunto de la tilde?
—M.M.: Por supuesto, cuéntaselo.
—P.R.: Cuando se propuso en un congreso eliminar la tilde de solo y de los demostrativos, la academia decidió en pleno su postura. Durante el debate, muy interesante, Marías, Vargas Llosa, Pérez-Reverte, Luis Mateo, Gregorio Salvador y la mayoría votamos a favor de mantener la tilde. El encargado de presentar esa decisión ortográfica es Salvador Gutiérrez. Cuando llegó, no defendió lo acordado. Regresó diciendo que habían argumentado, que esto o aquello.
—M.M.: No fue así, no.
—P.R.: ¿Ah, no fue así? Yo estuve allí. Tú no estabas todavía, perdón.
—M.M.: Pensaba que te referías a una votación en la que estuve presente.
—P.R.: No, no. Cuando Salvador Gutiérrez fue al congreso, que tuvo lugar en América, la Academia Mexicana se opone y mantiene la tilde. Pero el hecho es que Salvador Gutiérrez, quien es partidario de no usar la tilde, llevaba un mandato y no defendió el acuerdo.
—M.M.: Te aclaro que lo que está documentado es que fue una reunión interacadémica, probablemente la de Gramática o la del Panhispánico de dudas. Presentaron la propuesta de que se mantuviera la tilde en solo y en los demostrativos.
—P.R.: No la propuesta, la decisión de la Real Academia Española.
—M.M.: Sí, la decisión de la Academia Española para permitir la tilde en casos de ambigüedad. Según lo que está documentado, en el congreso el director de la Academia Mexicana de la Lengua de ese entonces manifestó que ninguna excepción sería aceptada.
—P.R.: Era otra academia, y hoy en día, la Academia Mexicana mantiene la tilde.
«En los registros queda registrado de otra manera porque existe un acta que dice: se quita la tilde porque lo solicita el director de la mexicana»
—M.M.: Sí, sí, pero eso se luego aprobó en el congreso de Asale, donde se decidió su eliminación.
—P.R.: El hecho es que Salvador Gutiérrez no defendió lo que debía defender; llegó allí, guardó silencio y no expresó lo acordado aquí. Hombre, que la Academia Mexicana imponga algo y la Academia Española no defienda su postura, no parece lógico.
—M.M.: Pero en los registros queda registrada de la otra manera porque hay un acta que menciona: se quita la tilde porque lo solicitan desde la mexicana.
—P.R.: ¿Acaso la Academia Mexicana hace demandas y la Academia Española no se defiende? Se juntaron la necesidad con el deseo.
VIII
Quieren colar ‘balé’ de puntillas
—M.M.: Es importante recordar que las academias también tienen un papel, ¿eh?
—P.R.: Por supuesto que tienen un papel. Eso resalta el problema. La búsqueda de autonomía de ese sector dice: la lengua es un hecho científico, nosotros somos los custodios de esa ciencia y los demás están aquí para escribir novelas, libros y artículos. ¿Cómo lo determinan? Echa un vistazo a @Raeinforma. Hay consultas a las que han respondido de forma incorrecta. ¿No te consta?
—M.M.: No tengo constancia de que se equivoquen. Y es verdad que lo de la tilde ha sido un tema muy notable. ¿Puedes mencionar otro caso?
—P.R.: Sí, el caso del guion. Al no deshacer el diptongo con la tilde, los lingüistas han arruinado la métrica de la poesía del Siglo de Oro, toda. Los versos de Lope de Vega ya no tienen validez.
—M.M.: Te pido que me des un tercer ejemplo.
—P.R.: ¿Te parece poco?
—M.M.: Aunque encuentres diez, eso en el trabajo de la academia es trivial.
—P.R.: Pero no estoy retirando mérito a la academia; creo que hay que defenderla en público.
—M.M.: Sabes lo que hace la academia en la actualidad.
—P.R.: Lo que digo es que esta academia está desequilibrada. Se toman decisiones…
—M.M.: No.
«La parte operativa de la academia reside en muy pocas personas que son lingüistas intransigentes»
—P.R.: ¿Cómo que no? ¿Recuerdas la propuesta de ‘balé’ por ballet? La presenta Salvador Gutiérrez. Y yo digo en el pleno: esto es una barbaridad. La gente coincidía, es realmente una barbaridad. Bueno, pues queda así.
—M.M.: ¿En qué diccionario?
—P.R.: Está documentada en el diccionario panhispánico de dudas.
—(Lo consulto). No está como entrada, sino en una acepción: hay un comentario que señala que esa forma es válida.
—P.R.: ¿Lo ves? Bueno, que quede por escrito.
—M.M.: No hay una recomendación de que se escriba balé. Hay una tendencia en la RAE, representada por esta persona que mencionas, de que se deben adaptar todas las palabras al español. No muchas logran hacerlo.
—P.R.: En la academia somos más de treinta académicos. Me da la impresión de que la parte operativa de la academia reside en muy pocas personas que son lingüistas intransigentes. Y te daré otro ejemplo significativo. Llevo 20 años requiriendo a la academia que realice un balance anual sobre el uso de la lengua española. Que se aproveche para señalar: señores, tal palabra se está utilizando incorrectamente, lo que sea. Sin duda, el habla pertenece a la gente, pero que sepan que la forma correcta es esta y que Cervantes, Marías o cualquier otro la usaron.
IX
La disputa de la autoridad
—Esa crítica apareció también en el artículo de ‘El Mundo’ que desató su mayor desencuentro.
—P.R.: He desistido de intentarlo. Que la academia fije, no como una policía del lenguaje, pero que entiendan ustedes que lo correcto es esto o aquello. La palabra autoridad como referencia ha desaparecido. Esta es mi gran crítica a la academia. En la duda, Galdós; en la duda, Cervantes; en la duda, Vargas Llosa; en la duda, García Márquez. Ahora ya no hay duda, ahora cualquiera vale.
—M.M.: No, no es así. Arturo dice que la academia no ofrece recomendaciones lingüísticas.
—P.R.: No, he afirmado que no las hace basándose en el principio de autoridad.
«Contamos con un diccionario panhispánico de dudas que a Arturo probablemente le resulta un tanto irritante porque ha sido dirigido por alguien que no le agrada»
—M.M.: La academia adoptó esa frase que Arturo ha mencionado recientemente: «limpia, fija y da esplendor». No al otro lema que se propuso en los tiempos fundacionales: «aprueba y desaprueba». Sin embargo, la academia nunca se ha preocupado tanto por la corrección en el uso del idioma como ahora, porque diariamente se pronuncia a través del departamento del Español al día y de Fundéu RAE.
—P.R.: A veces dando respuestas incorrectas.
—M.M.: No sé si se equivoquen, como es humano que suceda. La RAE se expresa a diario en redes sociales y en su web. Posee un diccionario panhispánico de dudas, que a Arturo probablemente le irrita, ya que ha sido dirigido por alguien que no le agrada. Es un diccionario que resuelve muchas dudas idiomáticas para mucha gente. Y, anualmente, el director elabora un informe sobre la situación de la cuestión que se llama ‘Crónica de la lengua española’.
—P.R.: Ese pequeño libro lo leerán cuatro académicos, cuatro catedráticos. Una comunicación pública con la prensa la escucha todo el mundo. Eso no se ha hecho y llevo veinte años pidiéndolo.
—M.M.: Súmate a mí en una rueda de prensa si crees que hay que hacer esto, no me parece mal.
—P.R.: A estas alturas ya no me importa.
—M.M.: No, porque estás planteando que es necesario. A mí también me parece bien. En la medida que pueda, aunque solo sea por darte gusto, me parece bien eso. Arturo, cuando tienes razón, me alegra decírtelo. Y si eso puede mejorar el papel de la academia, es estupendo.
—Cada vez que la academia discute nuevas palabras, los medios estamos atentos, sobre las que han sido incorporadas, las nuevas, las que han sido eliminadas. Publicamos noticias y esas se convierten en las más leídas del año.
—P.R.: Existe una tendencia en esta academia y de esto también hago responsable al director, que es decir: cosas de Arturo. ¿Sabes qué ocurre? Hay mucha gente que piensa igual que yo, muchísima. Pero al momento de votar se inhiben. Nadie quiere complicarse la vida. Antes había más manos alzadas y más disposición para dar la cara; Marías era muy combativo. Ahora Marías no está, otros somos más mayores. Así que cuando hay polémica, Arturo es el que causa controversia. No estoy solo en la votación, pero no así a la hora de plantear.
—M.M.: La historia de Arturo en este contexto es muy hermosa, por cierto. Arturo es un revolucionario, tiene un toque que él mismo califica de travieso, algo que no podemos utilizar nosotros porque…
—P.R.: Siempre he sido un académico muy leal.
—M.M.: Pero muy leal y muy importante, como mencioné al inicio de la entrevista, a quien respeto y admiro. Sin embargo, esa percepción que tienes de que lo que piensas tú lo opina todo el mundo… Déjame decirte que te equivocas.
—P.R.: No he afirmado que todo el mundo. Pero puedo nombrar a muchos.
—M.M.: Sé que pueden respaldar tu opinión. Lo que no es correcto es que creas que el silencio es positivo. Vengo del ámbito del derecho administrativo y sé que el silencio siempre es negativo. Tú interpretas el silencio como positivo a tu favor, pero ¿de dónde has sacado eso?
—P.R.: He dicho lo contrario.
—M.M.: Tu deducción es que los demás piensan como tú.
—P.R.: No, no es cierto.
—M.M.: Así lo he entendido.
—P.R.: Pues me has entendido mal, abogado, me has entendido mal. Hago referencia a los cobardes.
(Ambos debaten sobre nombres concretos y piden que no se publiquen)
XI
«Nadie apoyó que lo publicaras»
—P.R.: Tú estás de acuerdo con muchas de mis ideas también.
—M.M.: Soy mucho más leal a Arturo que él a mí, lo quiero mucho. Pero te digo que esa gente, cuando no se manifiesta, es porque no están de acuerdo contigo. Ninguno de ellos ha respaldado que publicaras lo que decidiste. No por el contenido, sino por el hecho de que lo publicaras.
—P.R.: Es evidente que no, si también iba en contra de ellos, en contra de lo que denomino el silencio de los corderos.
—M.M.: No digas que tienes ocho o nueve apoyos en esto porque no los tienes.
—P.R.: Pero no distorsiones, no me leguleyices esto, por favor.
—M.M.: Nadie, nadie. En votación, Arturo habría perdido por 40 a 1.
—P.R.: Naturalmente, porque estoy solo.
—M.M.: Vargas o Marías no te habrían apoyado en esto.
—P.R.: Marías habría actuado por su cuenta. Sin embargo, Marías ya no está y la mayoría de los que quedan, aunque puedan pensar como él o como yo, prefieren no complicarse la vida. Por ello, hablan en los pasillos, pero callan en el pleno.
XII
¿Vale igual un tuit que el Quijote?
—Hay un tema de fondo muy interesante. ¿Puede que la gran capacidad actual en el manejo de datos del idioma dé mayor prevalencia a la existencia estadística de ciertas palabras para ser aceptadas? Los periodistas incluso nos quejamos de lo rápidamente que a veces se acepta una palabra.
—P.R.: Ve al Corpes [la base de datos del español del siglo XXI, con millones de entradas]. Examina la prevalencia de una palabra. Comprueba cuántos libros de Javier Marías están en la base: habrá tres y uno de ellos es sobre fútbol. Así era hace diez años. Compara el peso de las redes sociales con el peso de los autores de autoridad y te verás sorprendido.
—M.M.: No, no es así. Cuando se confeccionó el diccionario de autoridades, las fuentes literarias eran relativas. Existen muchas fuentes de otro tipo, la Ordenanza de tasas, fuentes jurídicas de una riqueza impresionante. Hay más referencias a esa ordenanza, en términos relativos, que al Quijote.
«Ahora cualquier analfabeto de Twitter o Facebook puede ser fuente, está entrando el peso de la ignorancia. Precisamente, para eso está la academia. Ayudemos a que se hable mejor»
—P.R.: Los redactores de esas tasas eran gente culta de su época. Eran palabras con una solidez increíble. Hoy, en cambio, se filtran muchos elementos del saber popular. No compares una cosa con la otra.
—M.M.: No quiero establecer comparaciones. No son fuentes de ignorantes…
—P.R.: No, simplemente indico que también suele intervenir mucho el fenómeno de ignorancia.
—M.M.: A la misma proporción que la ignorancia está presente en la sociedad actual.
—P.R.: Precisamente, por eso la academia está aquí. Debemos ayudar a que la gente hable mejor.
—M.M.: Esta mañana, en mi comisión se discutió la palabra supercalifragilístico. Bromeé diciendo que, ¿por qué no aceptar entonces aserejé? Hay palabras muy coyunturales. No incorporamos palabras que van a desvanecerse de inmediato.
—P.R.: Pero con todo, Salvador Gutiérrez viene y establece lo que él desea. ¿O no ocurre eso? Mírame a la cara.
—M.M.: (mira fijamente) No me consta. Más aún, cada palabra se discute y aprueba en comisiones y luego en la delegada. Antes de ser incluidos en el diccionario, pasan por América y son revisados por las 22 academias de Asale, con un enfoque riguroso.
—P.R.: ¿Las consultas en @RAEinforma también aplican para América?
—M.M.: Pero observa, Arturo. El consultorio de la academia requiere una interpretación de las reglas. Las normas son generales y el consultorio aborda un caso específico y quien resuelve el caso particular dentro de cualquier área de la ciencia, interpreta.
—P.R.: ¡Cómo se pone el abogado!
—M.M.: Pues permíteme colocar un ejemplo legal. La Revolución Francesa impidió que los jueces interpretaran las leyes, porque si lo hacían, creaban normas al interpretarlas. Así que, al interpretar las normas de la academia, es lógico que en ocasiones el intérprete sea creativo. Por lo tanto, ¿cómo podemos resolver esta situación? O permitimos que un intérprete ofrezca un servicio importante a la sociedad o eliminamos ese servicio.
—P.R.: Por supuesto, que el servicio persista. Yo sigo siendo académico.
—M.M.: Sí, eres un académico excepcional.
—Al absorber palabras de 50 redes y miles de sitios web, podría haber un aumento estadístico complicado de manejar. ¿Qué papel le corresponde a la RAE en este contexto?
—M.M.: Ahora estamos incorporando al diccionario algo que nunca antes ha tenido: citas de autores que muestran el origen del uso de la palabra o ejemplos patentes, cuando no tenemos citas. No hay ni una de Twitter ni de internet.
—Esto se asemeja a volver la vista hacia el primer diccionario, el de autoridades, que hacía exactamente lo mismo.
—P.R.: Esto es innovador.
—M.M.: Sí, sí, exactamente. Estamos buscando la cita que da origen al uso o la ratifica. Cuando el diccionario se publique en diciembre, lo verás; está repleto de citas de autoridad, incluyendo las tuyas, por cierto.
—P.R.: Sería un buen detalle, tengo más de treinta novelas publicadas. Si es así, me parece magnífico.
—M.M.: Todas las citas son extraídas de la literatura.
—P.R.: Magnífico. Sin embargo, critico a esta academia porque, en algunas situaciones, no ejerce el principio de autoridad, o lo hace muy poco.
—M.M.: ¿Cuál es el principio de autoridad, Arturo?
—P.R.: Que la academia está constituida por sabios. Estos sabios poseen un peso social y cultural relevante que merece ser tomado en cuenta. Y lo que dicen tiene más peso que las opiniones de un ministro de exteriores, o un sindicalista, o Yolanda Díaz, o Zapatero. Esa autoridad no la está ejerciendo la academia como tal en la actualidad. Cuando se presenta una barbaridad, debe señalar que eso es inaceptable.
—M.M.: La autoridad se expresa cada vez que se pronuncia y en todas y cada una de las obras que publica.
—P.R.: Muy raramente.
Muñoz Machado y Pérez-Reverte, en la gran escalinata de la RAE.
(Matías Nieto)
La conversación se extiende un poco más. Se comentan proyectos académicos y otros temas ajenos a la Docta Casa. Muñoz Machado interroga a Pérez-Reverte acerca del congreso de la Guerra Civil que organizarán de nuevo en Sevilla. La cordialidad se instala entre los dos. Tras esta intensa charla, nos levantamos de la mesa.
Se dirigen hacia la salida. Caminan uno al lado del otro, junto a las escaleras, entran en el pequeño ascensor, aún se escuchan algunas pequeñas bromas entre viejos amigos, alguna anécdota rescatada y se escuchan risas cortas. Es jueves y el vestíbulo se va llenando de académicos. El novelista ha asistido últimamente menos a los plenos y el director le sugiere que se quede. Arturo se excusa, tiene otro compromiso. Tal vez aún hay distancia entre ellos. Se estrechan las manos y se despiden. Han argumentado sus posturas en la casa de las palabras, con la misma contundencia que con cortesía. La puerta se cierra, como si se tratase de un libro.
FIN.



