El juez concede la libertad condicional a Pablo Crespo, el ‘segundo al mando’ en el caso Gürtel, después de más de 12 años encarcelado | España
Pablo Crespo Sabaris, político y empresario, número dos de la trama Gürtel, ha conseguido recuperar su libertad condicional, aunque bajo ciertas condiciones. Este viernes, el juez de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional, José Luis Castro, emitió un auto al que ha tenido acceso EL PAÍS, en el que otorga al ex secretario de Organización del PP gallego y figura central en la red de corrupción la libertad condicional anticipada tras haber cumplido, el 13 de diciembre pasado, dos tercios de su condena. Crespo ha pasado más de 12 años en prisión, incluyendo los últimos tres en régimen de semilibertad, tras ser clasificado en tercer grado penitenciario.
En su resolución, el juez indica que en su decisión se ha ponderado “positivamente la antigüedad de los hechos delictivos [la trama fue desmantelada en febrero de 2009]”, así como el “bajo riesgo de reincidencia” de Crespo y el “tiempo efectivo” que ha cumplido en prisión. También se destaca que el ex número dos de la Gürtel ha mantenido una “conducta normalizada durante la condena”, ha hecho un “buen uso del régimen abierto”, tiene empleo en un despacho de abogados en Madrid y ha estado “afrontando los pagos de la responsabilidad civil” mediante embargos y pagos mensuales de su salario, compromiso que ha formalizado por escrito. Finalmente, se menciona que cuenta con “apoyo familiar vinculante y positivo” para favorecer su reinserción.
La ejecución de esta decisión se llevará a cabo en los próximos días, a menos que se presente un recurso, lo cual es improbable, ya que la Fiscalía ha respaldado la medida. Cuando le sea concedida la libertad condicional, Crespo deberá cumplir una serie de “reglas de conducta” hasta que su pena sea extinguida, lo cual sucederá el 12 de diciembre de 2031. Tendrá que establecer un domicilio y notificar cualquier cambio al juzgado. Además, los servicios sociales del Centro de Inserción Social (CIS) Victoria Kent, donde ha estado bajo semilibertad, seguirán su situación y deberán autorizar cualquier desplazamiento previo.
El empresario estará obligado a “continuar la actividad laboral”, presentando documentación trimestral que lo certifique, así como “seguir cumpliendo con los pagos de la responsabilidad civil”, proporcionando la documentación correspondiente. Además, si es “detenido, implicado, imputado, acusado o condenado en proceso penal durante su libertad condicional”, deberá informarlo a los servicios sociales penitenciarios. Una vez que se concrete su liberación y la de Luis Bárcenas, extesorero del PP hace más de un año, solo quedará en prisión uno de los cabecillas de la trama, Francisco Correa, quien actualmente disfruta de semilibertad con control telemático, por lo que no tiene que presentarse en el centro penitenciario.
Crespo ha sido condenado a penas que suman más de 70 años de cárcel por el caso Gürtel, y aún queda por conocer la sentencia de una de las piezas en las que se dividió la macrocausa. Sin embargo, esto no alterará su situación penitenciaria, ya que la Audiencia Nacional ha establecido un máximo de cumplimiento de 18 años (la ley determina que el máximo que puede cumplir un condenado es el triple del delito con mayor pena). Durante su estancia en prisión, Crespo ha participado en el Programa de Intervención en Delitos Económicos (Pideco), dirigido, entre otros, a los denunciados por corrupción. Este programa ha sido seguido por otros condenados en el caso Gürtel, como Correa, Bárcenas y su esposa, Rosalía Iglesias.
En una entrevista concedida a este diario en diciembre de 2024, cuando ya disfrutaba de semilibertad, Crespo confesó que arrepentirse de sus acciones y colaborar con la justicia no fue un proceso fácil. “No es sencillo reconocer que has cometido un delito solo por ambición, codicia o deseo de tener más dinero”, comentó en esa ocasión. El empresario también elogió los programas penitenciarios de reinserción: “Tener testimonios en vivo de personas que han sido víctimas de delitos [los reclusos que participan en el Pideco y otros programas se enfrentan cara a cara con víctimas] ayuda a generar empatía. Cuando cometí los delitos, sabía que mi actuación no era correcta, pero ahora también entiendo que, además, causaba un daño”.


