El madrileño que transformó su Nochebuena para que nadie se quede sin cena.


Ayer por la mañana, mientras la mayoría de nosotros estábamos pensando en compras de última hora o en qué ponernos para la cena de nochebuena, en un establecimiento de Alcorcón se discutían rutas, horarios y menús. Había un aroma a caldo caliente, se estaban cortando tortillas y se compartían tareas, todo con villancicos sonando de fondo. Allí, entre cajas abiertas y voluntarios que iban y venían, «Nadie Sin Cenar» cobraba vida una vez más. Jorge García Trilla se movía de un lado a otro, pero sin apuros. Contestaba el teléfono, preguntaba si faltaba algo, organizaba a los voluntarios y se pasaba a otra tarea. Hostelero y creador de esta iniciativa solidaria, llevaba doce años asegurándose de que, en Nochebuena, nadie se quede sin una cena caliente ni sin compañía. «Lo más importante no es la cena, es la compañía», nos comentaba ayer. No era un simple eslogan, sino una convicción basada en su experiencia. Por eso, cada voluntario entiende que esta tarde no basta con entregar una caja: hay que quedarse, escuchar y conversar. La idea nació hace más de una década, casi por casualidad. Jorge recuerda vívidamente aquel paseo por la Plaza Mayor. «Vi a unos jóvenes repartiendo café con Cáritas. Les pregunté si hacían algo el día 24 y me dijeron que no, que ese día todos están con su familia. En ese momento, se me encendió la bombilla». Esa misma noche tomó una decisión que le transformó las Navidades. Desde entonces, renunció a irse fuera de Madrid para dedicarse plenamente a este proyecto. El primer año fue pura improvisación. «Mis hijos, amigos, conocidos… seríamos quince o veinte. Luego se sumó más gente del barrio y al final éramos unos treinta. Repartimos cenas a casi cien personas hasta las dos de la mañana», recuerda. Hoy la situación es muy diferente, aunque el espíritu se mantiene intacto.

Iniciativa Nadie sin cenar @ Gonzalo Pérez Gonzalo Pérez Fotógrafos

Esta tarde, a partir de las cinco, más de mil voluntarios recorrerán las calles de Madrid organizados en una veintena de rutas. Repartirán aproximadamente quinientas cenas completas, adaptadas a cualquier cultura o creencia: sin cerdo y con platos sencillos pero reconfortantes. Cada caja incluye caldo, pasta con ragú, arroz, tortilla, empanada y más de veinte productos no perecederos, además de una manta y un forro polar. Ayer, mientras se organizaban esas cestas, Santiago Corrales doblaba mantas y las colocaba cuidadosamente. Lleva cuatro años como voluntario. «Conocí la iniciativa a través de Cáritas. Quería involucrarme en algo y cuando llegué aquí no me fui más», explicaba. Para él, lo que sucede en la calle es difícil de olvidar. «Impacta mucho. Al principio, sientes miedo por la gente que vive en la calle, pero cuando te acercas con una cesta se sorprenden. Empiezan a contarte su vida». Santiago recuerda algunas anécdotas vividas a lo largo de los años: «He hablado con abogados, arquitectos, personas a las que les iba muy bien y que de la noche a la mañana se encontraron así. Lo que más necesitan no es la comida, sino que alguien se siente con ellos y los escuche». Este año, además, llevará a su sobrino. «Para que vea, para que entienda. Nunca he llegado tarde a la cena familiar. Hay tiempo para todo, si realmente quieres».

Iniciativa Nadie sin cenar @ Gonzalo Pérez
Iniciativa Nadie sin cenar @ Gonzalo Pérez Gonzalo Pérez Fotógrafos

Este mensaje resonaba ayer entre los voluntarios. Candelaria del Corro, argentina, llegó a Madrid hace siete años y se unió por primera vez este año tras buscar un voluntariado. «Lo que más me motivó es que lo más valioso que tengo para compartir con otros es mi tiempo, y esta iniciativa eso ofrece: salir al encuentro de otros», decía mientras ayudaba a organizar las cajas. «No es solo hoy. Es la preparación, conocernos, compartir con personas de todos lados. Hay familias, personas solas… La alegría se contagia». Jorge observa este ambiente con una mezcla de orgullo y responsabilidad. Durante once años, el proyecto creció casi en silencio, impulsado por el boca a boca. «Este año, gracias a un voluntario que se encargó de las redes, ha crecido mucho», explicaba. También ha crecido, lamentablemente, el número de personas que viven en la calle. «Después de la pandemia, se ha notado mucho. Dormir en la calle puede ser algo que ocurra en un mes, no son procesos largos. Cualquiera de nosotros podría terminar ahí mañana». Por ello, insiste en la importancia del trato humano. Los voluntarios siempre salen en parejas y tienen una consigna clara: quedarse entre una y dos horas con cada persona. Si sobran cestas, se distribuyen gracias a la colaboración de parroquias entre personas mayores o que viven solas.

Hoy, antes de que comience el reparto, la Catedral de la Almudena abrirá nuevamente sus puertas para albergar el evento previo. Será el cuarto año consecutivo. A las cuatro de la tarde, quienes se acerquen podrán conocer el proyecto. También habrá música: la artista Zot Belle interpretará «Nadie sin cenar», una canción compuesta especialmente para la iniciativa. «La música une, especialmente en Navidad», comentaba ella ayer. «Es un proyecto muy humano, muy del corazón». Cantante, compositora y productora con una fuerte presencia en redes y un estilo que fusiona sensibilidad y electrónica, es conocida por su voz emotiva y su enfoque creativo, que abarca desde la música hasta el arte digital. Zot Belle aporta a esta iniciativa su energía y su compromiso social, sumándose a otros artistas para llevar música y apoyo a quienes más lo necesitan en Nochebuena.

Cuando ayer nos despedimos, el local seguía en plena actividad. Aún quedaban cajas por cerrar y listas por revisar. Jorge volvió a la cocina sin detenerse.

Esta noche, mientras muchos se sientan a cenar en sus hogares, él y cientos de voluntarios saldrán a la calle. No solo para repartir comida, sino para compartir tiempo. Porque, como repiten desde hace doce años, en Nochebuena nadie debería cenar solo.

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