El municipio de Castilla-La Mancha que se ha transformado en el hogar de Nicolás Coronado.
A poco más de 40 minutos en coche desde Madrid, si buscas un lugar para huir del ruido constante de la ciudad, el paisaje cambia mucho más de lo que aparenta. Dejamos atrás el bullicio, el tráfico incesante y ese ritmo acelerado que lo domina todo, y comienzan a aparecer campos abiertos, caminos tranquilos y pueblos donde el tiempo parece transcurrir de otra forma. En uno de ellos, en Casarrubios del Monte, ha decidido establecerse Nicolás Coronado.
El hijo de José Coronado ha estado viviendo en esta localidad de la provincia de Toledo, en un entorno muy diferente al que se asocia comúnmente con el cine o la televisión. No es un traslado temporal ni una segunda residencia convencional. En su caso, se trata de un cambio más profundo, con un proyecto propio que se centra en la naturaleza, el bienestar y un estilo de vida más relajado. La ubicación también juega un papel importante, ya que está lo suficientemente cerca de Madrid para no perder el contacto, pero lo bastante alejada para que la transformación se sienta de verdad. Esa combinación es, en parte, lo que explica por qué este lugar se ha convertido en su refugio.
El pueblo de Castilla-La Mancha que se ha convertido en el refugio de Nicolás Coronado
La finca donde reside Nicolás Coronado se ubica en las afueras del municipio. No es pequeña ni está pensada solo como un hogar. Desde el principio se ha concebido como un espacio para desarrollar varias actividades, fusionando vida personal y proyecto.
Dispone de más de 800 metros cuadrados de terreno, que incluyen un huerto ecológico, áreas ajardinadas y una pequeña granja con gallinas y cabras. Todo está bastante integrado con el entorno, sin excesivos artificios. En el interior de la casa, se han realizado adaptaciones progresivas. Hay varias estancias diseñadas para convivir en grupo, un amplio salón con chimenea y espacios comunes donde disfrutar después de las actividades. No es una vivienda convencional en el sentido estricto, porque también está pensada para recibir visitantes.
Un proyecto propio centrado en el bienestar
Ese es el origen de Espacio Tierra, el nombre del proyecto que Nicolás Coronado desarrolla junto a su pareja. La intención no es solo residir allí, sino abrir el espacio a personas que buscan días de desconexión.
En la práctica, se organizan retiros de yoga, meditación y actividades enfocadas en el bienestar. Dentro de la casa hay una sala diáfana de aproximadamente 60 metros cuadrados preparada para grupos, con capacidad para unas 14 personas, donde se llevan a cabo las sesiones.
Una vida más conectada a lo cotidiano
Además del yoga y las actividades organizadas, la rutina en la finca se basa en la vida rural. Cuidar del huerto, atender a los animales y mantener el terreno son parte integral del día a día. No es solo una cuestión estética, sino también práctica. El huerto, por ejemplo, se utiliza para preparar parte de la comida servida en los retiros, con un enfoque en la salud. Luego están las actividades más simples. Salir a caminar, disfrutar del aire libre o simplemente no tener prisa. Aunque al principio parezcan cosas menores, cambian significativamente cuando se convierten en parte habitual de la vida.
Casarrubios del Monte, entre historia y tranquilidad
El pueblo en sí también tiene su atractivo. Casarrubios del Monte cuenta con aproximadamente 7.000 habitantes y mantiene un perfil bastante tranquilo, sin grandes alteraciones en su ritmo diario. Además, cuenta con un pasado que se manifiesta en ciertos lugares específicos. Sus orígenes se remontan al siglo XIII y todavía se pueden ver vestigios de murallas, antiguas edificaciones asociadas a familias nobles y elementos como el rollo de justicia.
Uno de los edificios más emblemáticos es la iglesia de la Natividad de Nuestra Señora, que posee pinturas en su interior, así como el castillo de estilo gótico-mudéjar, parte del patrimonio del municipio. La plaza Mayor sigue siendo el centro neurálgico de la vida del pueblo. Aquí se encuentran bares y restaurantes, donde es fácil detenerse y degustar algo típico de la región, como el cordero asado o el queso manchego.
Otro de los atractivos son los alrededores. Los espacios cercanos permiten hacer rutas sencillas a pie o en bicicleta, sin tener que desplazarse demasiado. No es una zona masificada, lo que resulta apreciable si se busca tranquilidad, y al mismo tiempo, Madrid está lo suficientemente cerca como para poder ir y volver en el día. Así, en definitiva, esa combinación de proximidad, silencio y espacio es lo que define el lugar. Y probablemente también lo que ha llevado a Nicolás Coronado a quedarse. No solo para desconectar unos días, sino para hacer de ello su estilo de vida.



