El neomudéjar accesible de Tetuán, cuya fachada será enmarcada por un edificio de dos plantas, como un caso ilustrativo de fachadismo.
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Hay una imagen del Cine Bellas Vistas, situado en la calle Francos Rodríguez 33, que circula con frecuencia en grupos y sitios web dedicados a Madrid. En esta fotografía, se puede ver a numerosos jóvenes de la zona frente a la sala, que proyectaba la película Marcelino, pan y vino (1955).
El Bellas Vistas dejó de existir en los años setenta, pero en la imagen se puede observar claramente, como un ancla temporal, el imponente edificio de estilo neomudéjar del número 35, en la esquina de Francos Rodríguez y Juan de la Encina.
Este edificio de dos plantas estuvo habitado hasta hace poco. Hace solo unos meses, aún estaban operando algunos negocios en sus plantas bajas, como una tienda de fotos, una frutería y un herbolario.
Sin embargo, los apartamentos comenzaron a deshabitarse, al igual que los locales comerciales, lo que generó preocupación entre los vecinos por el futuro del edificio, construido en 1915 y con una mínima protección ambiental (el grado más bajo de los contemplados).

Hoy en día, el interior del edificio ha sido completamente demolido y solo queda en pie su icónica fachada de ladrillo. En sus muros se han abierto grandes vanos que permiten a los transeúntes observar la maquinaria dentro del vasto solar y los puntales que sostienen la cáscara del edificio, cuyas ventanas se sostienen con crucetas de madera.
El edificio fue adquirido por una empresa de Chamberí dedicada a la compra, rehabilitación y venta de inmuebles residenciales en Madrid. Aunque ya no se encuentra disponible, la ficha del proyecto que se ofrecía en línea decía: “con una superficie original de 1236 m² que se transforma en obra nueva con 2.450 m² de edificabilidad”.

Actualmente, se está llevando a cabo la construcción de un “edificio plurifamiliar” por parte de la Gestora de Inversiones Inmobiliarias ELIX, en colaboración con la Constructora Roig. La ficha del proyecto indica una superficie total de 4.432 m².
El incremento en la superficie proviene de la incorporación de dos nuevas plantas sobre las existentes, además de añadir dos bajo rasantes destinados a aparcamientos y trasteros. Se proyectan un total de 38 viviendas con piscina comunitaria.
Edificios de este tipo, de estilo neomudéjar popular, han sido recientemente valorados y muchos han sido incluidos en el catálogo de protección tras una campaña iniciada por el Grupo por la Protección del Patrimonio de Tetuán y otros vecinos, quienes contribuyeron a su catalogación de manera ciudadana para facilitar el trabajo de los técnicos. Solo en este distrito se protegió o se intensificó la protección existente en alrededor de 150 edificios neomudéjares.
No obstante, la protección tiene sus límites. Uno de ellos es la reticencia habitual de la administración a proteger casas bajas en este estilo; otro factor es el bajo nivel de protección que frecuentemente solo obligando a conservar –o restituir– elementos específicos de la apariencia del edificio, siendo en muchos casos solo la fachada. Esto es percibido por los activistas del patrimonio como un mal menor en cualquier caso.

En lo que respecta al edificio de Francos Rodríguez, aunque no hemos tenido acceso a las imágenes del proyecto, es evidente que no se conservará su distintiva azotea con barandilla y diseño acastillado compuesto por pequeños pilones de ladrillo, y probablemente el frontispicio que lo adorna también quedará fuera de lugar.
Las aspas en las ventanas de edificios vacíos están volviéndose cada vez más comunes en Madrid. En el mismo distrito de Tetuán, se está desarrollando otra promoción en un edificio que recientemente estuvo habitado y ahora está desocupado. En la estructura del número 35 de la calle Ávila, junto a Infanta Mercedes, aún se puede ver la plaquita cerámica que indica el nombre del arquitecto y el año de construcción: “F. Checa y Perea-1945”.
Estos son solo dos ejemplos de fachadismo –quizás en una variante popular y local–, término que se utiliza despectivamente para describir la práctica de conservar únicamente el exterior de un edificio histórico, ocultando o integrando una nueva estructura en el revestimiento del edificio anterior. El fachadismo puede resultar en una victoria pírrica e incluso ser una solución interesante para equilibrar las necesidades de espacio y conservación, pero ha sacrificado interiores de gran valor artístico, como los de los inmuebles históricos que formaban el complejo Canalejas, el antiguo Frontón Madrid o el Edificio España. Sus críticos lo describen a menudo como arquitectura escenográfica.
Aunque el fachadismo surge de la intersección de dos necesidades reales en la ciudad, conservar el patrimonio y adaptarse, sería ingenuo plantear el tema sin considerar el verdadero núcleo del asunto: el aumento de la superficie edificada y la tasa de rentabilidad del sector inmobiliario.



