El pastel de nata portugués que aspira a ser madrileño.


Las empinadas calles de Lisboa requieren mucha energía y no hay mejor forma de reponer fuerzas que con un delicioso pastel de nata. Así fue como estos dulces ganaron popularidad en las redes sociales hace un par de años, cuando las ganas de viajar a Portugal estaban en auge; ahora se ha vuelto tendencia en Brasil. Sea como sea, este encantador fenómeno nos presentó los pasteles más emblemáticos de Belem y un símbolo de la repostería portuguesa.

No pasó mucho tiempo hasta que las pastelerías comenzaron a proliferar por todo el mundo, y España no fue la excepción. Muchas pastelerías abrieron, incluyendo Manteigaria, que llega directamente desde Portugal y aspira a convertirse en un establecimiento más en Madrid. Y no es para menos; con su concepto de cocina abierta y procesos artesanales, está cautivando a muchos.

Orígenes del pastel de nata, las croquetas de Portugal

Los pasteles de nata se prepararon por primera vez en el siglo XIX en monasterios y conventos portugueses, cuando decidieron aprovechar las yemas de huevo. Las claras se utilizaban para planchar la ropa o para la producción de vino, pero usualmente se desechaba la otra parte del huevo. «Comenzaron a mezclar ingredientes básicos como azúcar, leche y mantequilla, creando así este delicioso pastel”, explica Salvador de Lima Mayer, el portugués detrás de la marca. «Desde entonces, se ha convertido en nuestra pizza o nuestras croquetas», compara, ilustrando las similitudes culturales.

Desde que aquellos monjes decidieron utilizar las yemas, los pastelitos pasaron de ser conocidos solo en el barrio de Belem a hacerse famosos a nivel nacional, especialmente tras la expulsión de las órdenes religiosas y el cierre de muchos conventos después de la Revolución Liberal.

En la pastelería, la masa de hojaldre se elabora todos los días al inicio de la jornada. Luego, se da forma en pequeños moldes metálicos para rellenarlos con crema de yema, un líquido aterciopelado que se desborda entre los dedos al degustarlo. Finalmente, se hornea a temperaturas extremadamente altas para que adquiera ese color dorado y tostado que caracteriza al postre.

Un encargo madrileño muy especial

Un aspecto interesante de esta marca son las cajas en las que se presentan. Tienen una forma de prisma hexagonal y cuentan con elementos muy representativos de Madrid. El equipo de Manteigaria ha querido rendir homenaje a la ciudad incorporando ilustraciones del barrio donde se localiza cada tienda.

En Chueca, el responsable de dar vida a la caja ha sido El Chico Llama, el famoso ilustrador que, hace unos años, creó el cartel de San Isidro. La ilustración incluye algunos de los edificios más emblemáticos de la zona, como el Mercado de San Antón o el Palacio de la SGAE. En Quevedo, René Merino es el encargado de la ilustración, que incluye una frase que resume la esencia de Manteigaria: «No importa dónde nacas, madrileño también te haces». Según Salvador de Lima Mayer, la colaboración con artistas locales es parte del deseo de integrarse en la comunidad, más allá del simple producto. “No queremos simplemente llegar a un barrio, sino formar parte de su vida cotidiana”.

El pastel de nata es un elemento habitual en cafeterías y pastelerías durante todo el día, siendo posible pasarse a comprar uno para el desayuno, a la hora del almuerzo, con el café de la tarde, en la merienda o a cualquier hora. Y no solo eso, disfrutar de una crema aterciopelada y un hojaldre que se desmorona en migas está más al alcance que nunca. Manteigaria se encuentra en Quevedo, Chueca y en la Carrera de San Jerónimo en la ciudad de Madrid, pero también planean abrir más locales, comenzando por Barcelona, y podría estar más cerca de lo que pensamos.

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