El PP aumenta su mayoría a pesar de la presión de Vox.
Triunfo de María Guardiola en Extremadura. A medias. Tal es así que, en la sede de Génova 13, a las ocho de la tarde, cuando solo había sondeos, la euforia era considerablemente más intensa que al final del escrutinio, cuando los resultados eran definitivos. El ánimo se redujo a una alegría, sí. Quizás incluso fingida.
De hecho, restaba media hora para la madrugada y la ganadora de las elecciones aún no hacía acto de presencia para celebrar su victoria. Esto provocó la desesperación de los periodistas. Quizás fue un primer tira y afloja con Vox. Primero tú. No, mejor tú primero. Buen presagio.
Finalmente, cuando el reloj marcaba las 23:45, Guardiola hizo su aparición. «Tenemos que estar muy contentos porque hemos ganado claramente». En el hotel AZZ de Mérida, la multitud pepera coreaba con entusiasmo: «Presidenta, presidenta, presidenta».
En su camino hacia el atril, ofreció a la prensa un adelanto de su discurso: «Hemos sacado once escaños al PSOE», celebró. «Los extremeños han confiado rotundamente en nosotros. Han apostado por un proyecto que conocen. Los extremeños han rechazado la corrupción».
Un tuit de Vox había caído minutos antes: «Guardiola lleva una hora pensando cómo va a explicar que ha gastado 7 millones de euros en unas elecciones para conseguir un diputado más. A ver si sale y nos lo explica». Pum.
La presidenta de la Junta, en funciones, anunció una ronda de contactos a partir de hoy mismo. «Vamos a trabajar con responsabilidad para que Extremadura tenga, cuanto antes, un gobierno estable, un gobierno fuerte». A Santiago Abascal, que en campaña sugirió que no descartaba incluso pedir su cabeza si la situación se complicaba, le instó a «hacer una lectura calmada de las urnas». Los extremeños, afirmó, quieren que se sigan «impulsando políticas de transformación». Y, por ello, añadió, «lo que tienen que hacer» los de Vox «es favorecer el cambio y no bloquear». A no ser, bromeó Guardiola, que su intención sea otra. «Quizás quiere que [el candidato] sea el señor Gallardo».
La pacificación con Vox no se detuvo ahí. Preguntada por una hipotética repetición electoral en caso de que no se pudiera alcanzar un acuerdo, respondió: «No me lo tienen que preguntar a mí». La pelota está en otro tejado. Eso sí, se mostró repetidamente dispuesta a «dialogar siempre». Otro dardo: «Voy a sentarme con todos los grupos, no sé a quién llamaré de Vox, si al señor Óscar o al señor Abascal».
Un preludio de lo que está por venir: una negociación ardua que preocupa notablemente a los cuadros populares. «A ver ahora quién gestiona los pactos», se cuestiona un destacado dirigente.
El mensaje que publicó en su cuenta de X el líder nacional del partido, Alberto Núñez Feijóo—quien hizo el seguimiento de los resultados electorales en la séptima planta, acompañado por varios de sus líderes nacionales y por el presidente de Aragón, Jorge Azcón, el siguiente en evaluarse—, fue simple y directo: «Felicidades a María Guardiola por una victoria incontestable. Extremadura ha hablado y ha dicho que no quiere más sanchismo. Se derrumba el relato y el muro de Pedro Sánchez, y el cambio en España está más cerca».
Experto en gestionar expectativas, en el último día de la campaña, Feijóo se cuidó las espaldas y fijó su objetivo en el desplome del PSOE: «Nuestro objetivo es sacarle más de diez puntos». En ese momento, manejaba datos internos que apuntaban a una brecha aún mayor, de 15 puntos.
Finalmente, el colapso socialista resultó en una ventaja del 17%. Primer objetivo, logrado. A la cabeza del podio, con cuatro puntos de aumento respecto a 2023 y una «mayoría suficiente». El total de diputados populares superó con creces la suma de los grupos de la izquierda: 29 frente a 25.
El problema es que había un segundo gran objetivo: disminuir la dependencia de Vox. De ahí, sin ir más lejos, la razón última del adelanto electoral. Era necesario escapar de «la pinza» conformada entre PSOE y Vox, que obstaculizaba la gobernabilidad. Génova descartó la mayoría absoluta. Sintagma nominal prohibido.
Sin embargo, contaban con otro resultado, quizás no tanto en su cuenta, que fue más esperado en comparación con Vox. Los números son caprichosos, y el PP incluso ha perdido papeletas entre 2023 y 2025. Aun así, el porcentaje es positivo; el segundo mejor en la historia de una región que, casi siempre, votó socialista.
No obstante, ningún dirigente popular anticipaba semejante ascenso de Vox, que amarga y de qué manera la victoria. La realidad es clara. El PP sube un escaño y Vox, seis. Basta con su abstención. ¿A qué costo?
A las once de la noche, Génova emitió un comunicado: «Alberto Núñez Feijóo ha mantenido una conversación por videoconferencia con la ganadora de las elecciones, María Guardiola, a quien ha felicitado por su triunfo, por una subida de más de 4,4 puntos y por sacarle casi 18 puntos al PSOE».
El foco, en todo momento, para el PSOE: «La derrota es grande y después de una paliza para la historia ya trabajamos en la siguiente gran noche para el Partido Popular». La del 8 de febrero, elecciones en Aragón. Para ese día, añadió el PP, «Pedro Sánchez ya no debería ser presidente del Gobierno».
«En todo caso», concluía la nota enviada a la prensa: «Después de este súper domingo para la izquierda en un feudo tradicional del PSOE, les esperamos en 49 días para seguir haciendo en elecciones autonómicas lo que por ahora no podemos hacer en unas elecciones generales».
Todos los barones del PP refrendaron la idea principal de la cúpula. De puertas hacia fuera, mensajes triunfalistas. De puertas hacia dentro, preocupación. Hay un elefante en la habitación.



