El quiosco que transforma la vida de personas en situación de exclusión social desde una acera de Arganzuela.


Los residentes del distrito de Arganzuela cuentan nuevamente con su quiosco emblemático. Tras el cierre de Luis, su anterior dueño, por jubilación en febrero de 2025, el quiosco del Paseo de las Acacias número 37 ha reabierto con una propuesta actualizada que trasciende la simple venta de prensa.

Desde el 12 de enero, este modesto establecimiento en el barrio madrileño ha retomado su actividad habitual (periódicos, revistas, cromos, chicles o sudokus) y ha añadido nuevas opciones como café de especialidad para llevar, libros de segunda mano y productos locales como miel. No obstante, lo que realmente lo distingue no se encuentra en el mostrador, sino en la historia que lo sustenta.

El quiosco es gestionado por personas en situación de riesgo social gracias a un proyecto promovido por la asociación Somos Talita, una comunidad de jóvenes que ha estado trabajando durante siete años para crear oportunidades de empleo y apoyo para personas marginadas. Esta iniciativa está dirigida a personas sin hogar, víctimas de violencia de género, desempleados de larga duración y migrantes sin red de apoyo.

Un negocio sencillo y estable

«No es asistencialismo, es empleo real», resume Javier Cascón, uno de los creadores del proyecto. «Buscábamos algo simple, un negocio que se pudiera manejar sin una formación compleja, pero que ofreciera estabilidad y dignidad». Los datos reflejaban un declive general en la venta de prensa, sin embargo, Somos Talita percibió que el quiosco podría seguir siendo un negocio viable si se gestionaba adecuadamente y se incorporaban nuevos productos que atraigan a futuros clientes.

«Lógicamente, queríamos mantener la prensa y las revistas, porque aunque muchos dicen que están en declive y no se venden tanto como antes, pensamos que era importante conservarlo, tanto por el barrio como por la comunidad y para seguir sosteniendo un negocio que lleva años. Pero también hemos añadido cosas nuevas, como café de especialidad para llevar, paraguas para la lluvia o miel de agricultores de Guadalajara», dice Cascón.

La idea de asumir un quiosco surgió tras meses explorando diferentes alternativas: desde franquicias hasta lavanderías. «Comencé a investigar sobre quioscos porque parecía algo que, sin mucha inversión, podría hacerse realidad», comenta. Fue casi por casualidad que Cascón se topó con el cartel de traspaso del quiosco del Paseo de las Acacias. Tras conversar con Luis, su antiguo propietario, el proyecto comenzó a tomar forma.

La compra se formalizó en septiembre de 2025, pero la reapertura se retrasó varios meses debido a la burocracia, las licencias municipales y los trámites necesarios, dado que se trata de una concesión del Ayuntamiento de Madrid. «Ha sido más complicado de lo que esperábamos, pero ha valido la pena», explica Cascón.

El ‘papeleo’ ha retrasado su apertura

Uno de los momentos más emotivos del proceso fue la colaboración del antiguo propietario, quien no solo facilitó el relevo, sino que también entrenó personalmente a los nuevos responsables y trabajadores. «Nos presentó a los vecinos del barrio y nos enseñó cómo funcionaba todo. Ha sido muy bonito», recuerda. Javier Cascón afirma que el antiguo propietario, Luis, está «muy contento de ver su quiosco abierto de nuevo» después de haber estado detrás del mostrador por más de 13 años, y quizás por ello se involucró tanto en el proceso de traspaso.

Abdul, al frente del mostrador

En la actualidad, el quiosco es atendido por Abdul, un joven migrante que fue seleccionado tras un proceso de entrevistas en el que participaron ocho candidatos. «Buscábamos motivación, iniciativa y la habilidad de comunicarse con la gente», señala Cascón. Además de Abdul, otros dos jóvenes están recibiendo formación para incorporarse cuando regularicen su situación administrativa. «Vimos que podía ser el indicado porque estaba interesado, hablaba español con fluidez y tenía toda la documentación en regla para trabajar», añade.


La reapertura ha sido recibida con gran entusiasmo por parte del vecindario. Muchos residentes celebran no tener que viajar al quiosco de Embajadores para adquirir la prensa, y tras conocer su labor social, la implicación vecinal ha aumentado. «La gente entra, pregunta, se interesa y regresa. Estamos muy contentos porque en este mes y medio ya han sido muchas las personas que se han acercado y están felices de verlo nuevamente abierto», afirman desde la organización.

Abdul preparando un café para llevar.

Detrás del nuevo quiosco del Paseo de las Acacias se encuentran dos iniciativas sociales que llevan años trabajando con personas vulnerables: Somos Talita y el proyecto Amen Sin Tilde. Aunque operan como estructuras distintas, colaboran estrechamente y comparten equipo y filosofía: ofrecer un acompañamiento cercano y, por sobre todo, oportunidades reales.

Somos Talita nació hace siete años como una comunidad de jóvenes que fomenta encuentros formativos y acciones de voluntariado para acercar diferentes realidades sociales a otros jóvenes. Detrás de esta entidad están Marta Corcuera y Jesús García Melgar, quienes organizan eventos con ponentes que comparten sus experiencias de vida y, además, promueven actividades solidarias como visitas a cárceles, acompañamiento a personas mayores y enfermas o apoyo a personas sin hogar.

Por su parte, Amen Sin Tilde es la iniciativa liderada por María Nandwani y Javier Cascón, enfocada en la gestión de viviendas para personas sin hogar. Actualmente cuentan con cuatro pisos que ofrecen alojamiento y acompañamiento a quienes requieren estabilidad para reconstruir sus vidas. Desde esa experiencia, se dieron cuenta de que el acceso a la vivienda es solo una parte del proceso: sin trabajo, la inclusión no es real.

Dos entidades, unidas por una misma misión

De esa reflexión conjunta nació la propuesta de crear pequeñas iniciativas laborales propias. Aparte del quiosco de prensa, el equipo lanzó un fotomatón para eventos (bodas, celebraciones o encuentros corporativos) que alquilan a través de sus redes y contactos. Este servicio permite contratar por días a personas en situación de vulnerabilidad, generando ingresos y experiencia laboral. Tanto el quiosco como el fotomatón funcionan así como herramientas de inserción.

En menos de un mes, este pequeño quiosco de prensa se ha transformado en un referente en el barrio. Un espacio cotidiano desde el que se generan segundas (o terceras) oportunidades y se devuelve la dignidad a quienes más lo necesitan.

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