El Ruedo como reflejo del malestar urbano.
La imagen distorsionada de nuestro presente, El Ruedo ha simbolizado durante décadas muchos de los males vinculados a la periferia: droga, delincuencia y un urbanismo que ha fallado a la sociedad. Sobre ese edificio de Sáenz de Oiza, erigido junto a la M-30 como parte de una operación de realojo, se han pronunciado muchas voces desde fuera, pero se ha escuchado poco desde dentro.
La obra que Massi Casu presentará la próxima semana en el teatro de Lavapiés surge precisamente de esta situación. «Me interesan esos espacios donde se pueden descubrir los engranajes de la ciudad, como si pudiéramos ver las costuras de su construcción», comenta el italiano, uno de los artistas más inquietos que se cuestionan el futuro de las ciudades y sus habitantes. El Ruedo le resulta un espejo fascinante a través del cual observar la historia de Madrid, no solo desde la existencia de El Ruedo, sino de los últimos 150 años.
Su perspectiva se aparta del discurso convencional. En la obra hay «una sección extensa dedicada a cómo la prensa ha tratado al Ruedo»: titulares como «robar para sobrevivir», reportajes televisivos que amplifican delitos y el consumo de drogas, pero noticias en las que «no se entrevista a ningún portador de ese relato«. Define esta situación como «una constante manipulación y amplificación de todos los problemas del barrio«, con «retórica que enfatiza el escándalo» sobre robos, peleas y drogas.
Para Casu, lo relevante de El Ruedo no es la caricatura, sino su condición de caso límite. «Estos barrios verticales ejemplifican los casos más extremos, aquellos que pueden reflejar los malestares urbanos que casi todos compartimos», explica el también arquitecto e ideólogo de uno de los proyectos más bellos realizados en Madrid, Ciudad Bailar, junto a Vanesa Viloria.
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En el fondo, una tesis contundente: «La ciudad se ha construida a partir de una doble explotación de la pobreza. Por un lado, precarizando en términos laborales y de salarios». Por otro, el propio precio de la vivienda, que obliga a destinar una parte significativa de esos salarios a su pago. Lo que hoy percibimos como la urgencia de unos alquileres inalcanzables y la falta de acceso a una vivienda digna, lo han padecido estas vecinas durante décadas.
‘El Encanto’: un concierto-documental
El Encanto se inscribe en una línea de trabajo que Casu desarrolla desde 2022, en la que fusiona tres elementos: prácticas sonoras y musicales; prácticas de magia tradicional popular en su dimensión colectiva; y luchas sociales por «condiciones dignas de vida«. El método es siempre el mismo: empezar de una práctica sonora que se relaciona con luchas civiles y prácticas mágicas. En este caso, el canto.
«Trabajo con el canto, la cuerda vocal, y el lanzamiento de magias a través del canto«, detalla. También le atrae la conexión etimológica: encanto, desencanto, encantar derivan de canto. Por eso, el título está pensado como una reacción a lo que denomina «el desencanto como paradigma contemporáneo«, esa sensación de impotencia y la incapacidad de generar cambio político. El Encanto, dice, es «reencantar la mirada«, entendida como la capacidad de imaginar otras configuraciones del mundo».
En escena, todo se articula como un concierto-documental: «Una fusión entre teatro documental y experimentación sonora. En algunos momentos más experimentales y en otros más accesibles. Lo llamo concierto-documental para ilustrar cómo se unen texto y música y de qué modo la experimentación sonora sirve a un relato».
Durante seis meses, ha trabajado con ocho vecinas del emblemático edificio, todas en sus 60 y 80 años, muchas de ellas gitanas, reunidas en la asociación Caminar El Ruedo, activa desde 1988. La estructura de la obra explora, desde principios del siglo XX, leyes, noticias y acontecimientos que se entrelazan con sus biografías: «No lo hago por fetiche historiográfico, sino para reflexionar sobre cómo ciertos ciclos y ciertas dinámicas de Madrid son fundamentales para la ciudad. No son elementos del contexto actual: es así como opera la ciudad».

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Del Pozo del Huevo al dúplex abandonado
María Felicitas Rincón Sánchez, una de las participantes, vivió en ese tránsito. Antes de llegar a El Ruedo residía en el Pozo del Huevo. «Mi marido tenía derecho a comprar una pequeña casita allí», recuerda. Cuando se decidió el derribo, les comunicaron el realojo: «Por lo que sabemos, el terreno fue cedido por Tierno Galván para construir estos pisos«.
La mudanza no fue fácil. «Tuve que arreglar papeles seis veces para poder venir aquí», explica. Sin embargo, el traslado representaba una esperanza en su vida: «Llegué con mucha ilusión, porque donde estaba era todo campo. El autobús pasaba cada hora, era horrible vivir allí. No quería que mi hija creciera en esas condiciones». Hoy el edificio acumula años de abandono. «Aquí nos han dejado muy desatendidos«, dice María, que ha estado de alquiler durante 35 años. «Soy inquilina, pero si la caldera se rompe, tengo que cambiarla yo. Si una ventana se estropea, tengo que solucionarlo yo. Ellos no hacen nada, no entran aquí a hacer absolutamente nada».
Además, muchas vecinas ahora enfrentan la dificultad de vivir en pisos diseñados como dúplex: «Son geniales si eres joven», reconoce Casu, «pero estas mujeres ya tienen problemas de movilidad, y su escalera para llegar a la cama se convierte en un gran obstáculo».

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Un coro de vecinas y un órgano de sirenas
Casu ha creado parte de la partitura a partir de la música que ellas oyen cotidianamente. «Es una selección que incluye desde la rumba hasta la copla. Lo que ellas escuchan», detalla sobre una pieza que incluirá versiones de María de la O o Campanera de Joselito. «Compartiendo escuchas y dialogando sobre música, encontramos las canciones que mejor hacían eco de su biografía y con el relato general», explica. Con esto, logró reunir un coro formado por ellas.
En escena, las vecinas «cantan, hablan, son entrevistadas». Delante de ellas, Casu controla «los dispositivos»: sintetizadores y, principalmente, una «orquesta de sirenas» que ha diseñado para esta pieza. «Son sirenas que manejo por MIDI. Al aumentar la velocidad de giro, se eleva la nota; al controlar el motor puedes modularlo. Es como un sinte monofónico que abarca dos octavas. Poseo unas doce sirenas, un macro sinte electromecánico y un órgano peculiar al aire».
A Casu le fascina ese diálogo entre «el coro de sirenas humanas que son ellas y el coro de sirenas mecánicas«, y la dualidad de la sirena: un dispositivo de alarma y un ser mitológico asociado al canto que seduce y conduce al desastre. «Es un hilo que conecta tanto el canto realizado con las cuerdas vocales como la sirena como herramienta, que siempre relacionamos con la discordia interna«, concluye.



