Es comparable a estar en tu propio hogar


El cielo nublado, el viento y las constantes lluvias están arruinando este inicio de año para los vigueses, pero un exquisito cocido puede alegrar a cualquiera. Con raíces familiares en Covelo (Pontevedra), José Fernández lleva 27 años dirigiendo uno de los iconos gastronómicos de Vigo, conocido por su «comida casera y ambiente familiar.»

Situado en el número 8 de la calle Manuel Núñez, Casa Soutomayor llena cada miércoles y sábado sus espacios para ofrecer a sus devotos uno de los cocidos más representativos de Vigo. No hay semana en la que familias, jóvenes, adultos y personalidades locales se priven de saborear, en la antigua peña taurina de la ciudad, uno de los tesoros de la gastronomía gallega.

La reputación de este notable restaurante se consolidó a finales de los años 90. El hostelero José Luis Tesouro fundó Casa Soutomayor, convirtiendo el cocido en uno de sus platos insignia. Tres años después, en 1999 y tras regresar de Alemania, José Fernández se hizo cargo del local, sin experiencia previa en el ámbito.

«Nunca imaginé que tendría un restaurante,» confiesa desde una de las mesas de Casa Soutomayor su actual propietario, José Fernández. Nació en Plaza Compostela, «encima del cabaret Brasil», donde varios de sus familiares tenían «numerosos negocios en hostelería».

Interior de Casa Soutomayor


Interior de Casa Soutomayor

Treintayseis

Sin embargo, José nunca tuvo interés en el sector de la hostelería. A los 14 años emigró a Alemania, donde su madre ya llevaba 11 años: «Tuve una tienda de productos españoles y trabajé en una empresa de conservas en el mar del Norte, en Cuxhaven, que es una de las ciudades balnearias más bellas que he conocido».

Un regreso a la emigración exitoso e inesperado

José fue muy activo en movimientos comunitarios en Alemania, incluso incursionó en política. «Tuve tres hijos y, luego, por circunstancias de la vida, tuve que regresar a España», recuerda el empresario vigués, que volvió con el deseo de «iniciar cualquier proyecto».

Le ofrecieron la dirección de Casa Soutomayor. «Al principio respondí: ‘De ninguna manera, no tengo ni idea de hostelería, mucho menos de un restaurante», comenta José, que finalmente aceptó convertirse en Relaciones Públicas del restaurante. Sin embargo, su socio, José Luis Tesouro, enfermó y debió hacerse cargo «al 100%» del negocio.

«Todo lo que aprendí, lo aprendí con él», recuerda José Fernández sobre su mentor. Los primeros años fueron complicados, con «muchas dificultades» relacionadas con «proveedores, mecánicos, personal». «Pagábamos justos por pecadores. Había muchas personas que trabajaban como esclavos y otras que no querían nada que ver con eso. Era un círculo vicioso», afirma.

Pared con recuerdos de Casa Soutomayor


Pared con recuerdos de Casa Soutomayor

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Actualmente, José se enorgullece de cuidar y valorar a sus empleados, motivo por el cual, en 30 años, solo han pasado cuatro cocineras: Lina, Margarita, Natividad y Belén. «Cuando encontraba a alguien que estaba satisfecho y ella también con la empresa, siempre quise hacerla indefinida, sin contratos adicionales», afirma el hostelero vigués.

Material de calidad para uno de los mejores cocidos

Mari Valero es una de las empleadas que mejor simboliza el respaldo de José a sus trabajadoras. Después de 18 años en el restaurante, es la encargada y «la mano derecha y la mano izquierda» del hostelero vigués. De ella depende que Casa Soutomayor continúe destacando por sus icónicos cocidos, que son del agrado tanto de los locales como de reconocidas figuras nacionales.

Plato de Casa Soutomayor


Plato de Casa Soutomayor

Casa Soutomayor

Carnes, embutidos, verduras y legumbres son los ingredientes clave para uno de los platos estrella de la cocina gallega. «Para mí, la materia prima es lo fundamental, que el producto sea de calidad. En este aspecto, no escatimamos,» asegura Valero, quien siempre busca «lo mejor disponible en el mercado.»

La joya de la corona de Casa Soutomayor es un manjar que puede degustarse cada miércoles y sábado durante el invierno; en verano, el menú cambia y los arroces toman protagonismo. José, además, resalta el «cariño» con el que se elabora el cocido y María especifica: «Todo debe hacerse con calma y tiempo, y la forma en que se sirve también es crucial».

Cuadros colgados en una de las paredes de Casa Soutomayor


Cuadros colgados en una de las paredes de Casa Soutomayor

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Así, el día del cocido se transforma en una celebración festiva, dado que «en Galicia, la comida está fuertemente conectada con las festividades». Este ambiente familiar y animado no solo atrae a los habitantes de Vigo, sino también a notables personalidades del ámbito cultural y político. José menciona al cómico Leo Harlem, a quien ya considera un amigo.

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