Escapatoria, arresto y misterios del supuesto homicida que encendió la llama de la violencia política en EE. UU. | Internacional


Desvelado el misterio que mantenía en suspenso a Estados Unidos respecto a la identidad del presunto asesino del comentarista ultraconservador Charlie Kirk, cercano colaborador de Donald Trump, ahora la atención se centra en la familia del sospechoso, Tyler Robinson, un vecino de Utah de 22 años que fue delatado por su padre.

¿Qué argumento utilizó el padre, un mormón muy activo en su iglesia, para convencer a su hijo de que se entregara, a pesar de que podría enfrentarse a la pena de muerte? ¿Recibirá la recompensa de 100.000 dólares ofrecida por el FBI? ¿Cómo logró el detenido orquestar un plan sin levantar sospechas que culminó con un disparo en el cuello de Kirk desde unos 180 metros de distancia? Y, sobre todo: ¿qué llevó a un joven procedente de una familia amante de las armas y “convencidamente trumpista”, según su abuela, a acabar con la vida del líder juvenil del movimiento MAGA (Make America Great Again) usando un rifle de caza, pasión que aprendió en su hogar?

Quizás por la sorprendente naturaleza del perfil de Robinson (en sus propias palabras, “era uno de los nuestros”, dijo el viernes el gobernador de Utah, el republicano Spencer Cox), transcurrieron unas 33 horas —que a momentos parecieron 33 días en un país que enfrenta sus peores demonios de violencia política— entre el disparo a las 12:23 del miércoles (hora de Utah; ocho horas más en la península española) y la captura de Robinson alrededor de las 22:00 del jueves, tras su entrega en una comisaría del apacible pueblo de St. George, en el suroeste de Utah. Allí residía el joven, a quien los vecinos describieron en los medios estadounidenses, al enterarse de su arresto, como “reservado” e “inteligente”, un nerd de los cómics y los videojuegos.

Alertados por el sheriff, los agentes del FBI, que habían concentrado su búsqueda en el lugar del crimen, la Universidad de Utah Valley, recorrieron los 350 kilómetros que separan Orem, donde fue asesinado Kirk, y el área de la frontera con Nevada, un enclave entre impresionantes parques nacionales, donde les aguardaba “pacíficamente” el hombre al que habían estado persiguiendo desesperadamente. Circularon por las mismas carreteras que Robinson tomó el miércoles en su viaje de ida y vuelta en un Dodge Challenger gris poco discreto, rumbo a los anales de la violencia armada en Estados Unidos.

Tres horas antes, las autoridades habían revelado en una conferencia de prensa —para la cual se retrasó el inicio hasta la llegada desde Washington del controvertido director del FBI, Kash Patel— las dos fotos y el video donde el padre del sospechoso identificó a su hijo.

Ese fue el momento en que se inició una serie de eventos que aún presenta varios puntos oscuros. El padre intentó persuadir al joven de que se entregara, pero este le respondió que prefería suicidarse. Un amigo religioso de la familia logró convencerlo de que se entregara. Y fue entonces cuando un agente vinculado a la investigación, quien alertó a las autoridades, entró en la escena.

Charlie Kirk y Donald Trump, en un evento de la Casa Blanca, en 2018

En el video que finalmente condujo a su captura, se observa a Tyler Robinson caminar rápidamente por la azotea desde la que disparó su viejo rifle Mauser calibre .30-06, descolgarse de un edificio bajo y perderse en una zona boscosa donde luego los agentes encontraron el arma, envuelta en una toalla y junto a la munición, que contenía mensajes aparentemente inspirados por los videojuegos, que sirven como pruebas en la investigación. Según declaró Cox en CNN el viernes por la noche, se señala que el joven había pasado por “un proceso de radicalización”. Uno de los mensajes decía: “¡Oye, fascista! ¡ATRAPA [la bala]!” Otro mencionaba versos de Bella Ciao, himno de los partisanos italianos contra Mussolini.

Lo cierto es que el joven, que, como tantos de su generación, casi vivía en internet, no dejó (o, al menos, no apareció en las primeras horas evidencia de que dejara) la típica serie de pistas que suelen surgir tras un episodio de violencia armada en Estados Unidos. Era un buen estudiante, estaba registrado como votante sin afiliación partidaria y parece que no participó en las últimas elecciones presidenciales, su primera oportunidad tras cumplir la mayoría de edad.

Existen fotos que evidencian la pasión familiar por las armas, así como un video en el que se le ve celebrando la concesión de una beca de 32.000 dólares para matricularse en la universidad estatal de Utah, que abandonó tras un semestre de estudios en ingeniería en 2021. En ese momento, se encontraba en el tercer año de un programa de formación profesional como técnico electricista.

Captura del video en la que se ve a Tyler Robinson descolgarse de la azotea desde la que disparó a Kirk.

El rompecabezas incompleto que se obtiene al juntar todas esas piezas presenta una imagen borrosa que, a falta de completarse, no coincide con la que la extrema derecha estadounidense ha estado elucubrando en los últimos días. No se trata de una persona trans, como han propagado varios rumores. Tampoco parece encajar en el arquetipo de activista de esa “izquierda radical” que Trump ha prometido responsabilizar de la muerte de su fiel aliado. Y no hay indicios de que el proceso de “politización” del que habló Cox se produjera mientras estudiaba en la universidad, como rápidamente concluyeron en el mundo MAGA, acostumbrado a ver las instituciones de educación superior como espacios de adoctrinamiento marxista.

En su fuga, Robinson también dejó huellas de sus zapatillas Converse; con sus inconfundibles formas geométricas, sirvieron a los agentes para establecer conexiones. En todas las imágenes que las autoridades difundieron durante esas 33 horas —lo hicieron en dos tandas, por la mañana y por la tarde del jueves— se podía identificar claramente ese calzado, que formaba parte de un atuendo que incluía unos tejanos, gafas de sol, una gorra con un triángulo blanco y una camiseta negra de manga larga con la bandera de Estados Unidos y una patriótica águila calva.

Robinson se vistió así después de llegar al campus a las 8:29 del miércoles, unas cuatro horas antes de disparar a Kirk, según las grabaciones de las cámaras de seguridad. Tras cumplir con su misión, se cambió de ropa para ponerse unos pantalones cortos y una camiseta.

Un rifle oculto

En uno de los vídeos, captado por la cámara de un vecindario residencial, se le ve caminando hacia la universidad, arrastrando la pierna derecha en lo que parece un intento poco disimulado de ocultar el voluminoso rifle. En otra de las imágenes difundidas, se observa a Robinson subir las escaleras del edificio desde el que apuntó a Kirk sin despertar la sospecha del equipo de seguridad privado del activista, acostumbrado a recibir amenazas de muerte, ni de las tres mil personas que asistieron al acto.

Momentos después, apretó el gatillo justo en el momento en que Kirk respondía a una pregunta sobre la epidemia de los tiroteos masivos en Estados Unidos. El orador se desplomó y la sangre comenzó a brotar de su cuello a raudales. El video, reproducido aproximadamente un billón de veces desde entonces, ya circulaba por las redes sociales cuando los primeros agentes del FBI llegaron 16 minutos después, según los cálculos de Patel.

Tyler Robinson, en una feria de armas.

No fue una buena tarde para la agencia federal. Su director declaró en X pocas horas después del asesinato que habían identificado al culpable. Poco después, tuvo que retractarse. Patel es un podcaster MAGA sin experiencia en servicios de inteligencia y, durante esta crisis, que es la primera de gran envergadura desde que Trump lo nombró por sorpresa, ha actuado con una mezcla de ansiedad y falta de experiencia, según testimonios internos citados por The New York Times, para resolver rápidamente el asesinato de uno de los referentes del universo extremista y conspiranoico al que ambos pertenecen y que además Patel describió el jueves como un “amigo”.

Con ese tropiezo comenzó una operación de busca y captura que, según anunciaron las autoridades al día siguiente a las 7:30, se centró inicialmente en ir “puerta a puerta”, sospechando que el culpable no podría haberse alejado mucho. Para entonces, Robinson ya estaba de vuelta en casa. El FBI también optó por no difundir imágenes del sospechoso, aunque en pocas horas cambiaron de estrategia y publicaron algo de material gráfico con la esperanza de alentar la colaboración ciudadana.

Mientras los agentes recopilaban las pistas (alrededor de 11.000 en total, según indicó Patel), el vicepresidente de Estados Unidos, J. D. Vance, amigo personal de Kirk, viajó con su esposa, la segunda dama Usha Vance, a Salt Lake City para ofrecer condolencias a Erika Kirk, viuda del activista ultraconservador y madre de sus dos hijos. También ofrecieron su avión oficial, el Air Force 2, para el traslado del féretro a Scottsdale, ciudad del área metropolitana de Phoenix, en Arizona, donde vivía Kirk, que creció a las afueras de Chicago.

Reunión este viernes de los Jóvenes Republicanos de Nueva York para recordar a Charlie Kirk.

No solo eso: Vance asistió en el traslado del cadáver por la pista de despegue hasta la aeronave. Esa misma noche, Trump anunció su intención de asistir al funeral de su aliado, quien fue fundamental —con su discurso nacionalista, anti-woke, xenófobo y ultracatólico— en movilizar el voto joven en la elección que retornó al republicano al poder en noviembre pasado. Además, le otorgará la Medalla Presidencial de la Libertad, una de las más altas distinciones civiles de Estados Unidos.

Tras su arresto, los agentes de los numerosos cuerpos locales, estatales y federales que participaron en la búsqueda interrogaron a decenas de personas relacionadas con Robinson. Un compañero de piso les contó cómo su amigo le había enviado mensajes tras el tiroteo, en los que hablaba sobre abandonar el arma en algún lugar y cambiar de vestimenta.

Un familiar, según indicaron las autoridades, describió una conversación con el joven, durante la cual este expresó su descontento por la próxima visita de Kirk a Utah, considerando que el discurso del activista MAGA estaba “lleno de odio” y que buscaba “esparcirlo”.

El presunto asesino de Charlie Kirk Tyler Robinson en su habitación de la universidad estatal de Utah en 2021.

Mientras se continuaron las investigaciones, Robinson aguardaba su traslado en la comisaría de la apacible localidad donde residía, que al día siguiente recibiría reporteros de todas partes de Estados Unidos en busca de respuestas. Alrededor de las dos de la madrugada del viernes, lo llevaron a la cárcel del condado de Utah, en la ciudad de Spanish Fork, donde espera su destino sin posibilidad de fianza.

Las autoridades, tanto estatales como federales, ahora compiten por determinar cuál de las dos se encargará del proceso. En cualquiera de los casos, parece claro que Robinson tiene muchas posibilidades de enfrentarse a un juicio en el que el fiscal pedirá pena de muerte, que es legal en Utah y ha sido aplicada en ocho ocasiones desde su reintroducción en 1973. La última ejecución fue en agosto de 2024, cuando se ajustició a Taberon Honie, condenado por el asesinato y violación de una exnovia. Fue el primer reo ajusticiado en Utah en 14 años.

La siguiente cita de Robinson con la justicia está programada para el próximo martes, cuando el fiscal del condado, Jeff Gray, está previsto que presente los cargos en su contra. Ese mismo día, el sospechoso deberá aparecer ante el juez de forma virtual.

Se espera que al menos algunas de las incógnitas que rodean a Robinson y, especialmente, a sus motivaciones, hayan sido aclaradas para entonces. Entre ellas, cómo su entorno familiar logró convencerlo de entregarse a unas autoridades que harán todo lo posible por matarlo.

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