España únicamente ofrece ibérico de bellota en este Masters.
No hay mal que por bien no venga. La representación de España en el Masters, un torneo de carácter restringido, ha sido históricamente escasa, pero en esta ocasión «menos es más», ya que permite presumir, como sucedió en 2024, de ser el único país con más de un representante que aporta un 100% de campeones al field más selecto de este deporte. Si Augusta fuera una merienda-cena con amigos, España aportaría el jamón: Sergio García, Chema Olazábal y Jon Rahm. Ibérico de bellota.
El único otro país que logra ese porcentaje es Fiyi, aunque su delegación se limita a Vijay Singh, el último ‘chaqueta verde’ del siglo XX. El dato se ve reforzado por el hecho de que en esta ocasión ninguna de las vías de acceso al primer Grand Slam del año ha dejado entrar a un jugador español. El año pasado, Josele Ballester hizo su debut gracias a su histórico triunfo en el US Amateur, el cual otorga, entre otras cosas, una exención para esta cita, pero en esta ocasión ni siquiera ha servido la última incorporación a las categorías de clasificación.
Esta clasificación consiste en una plaza para los campeones de los torneos abiertos más prestigiosos: el Open de Escocia, el Open de Japón, el Open de Hong Kong, el Open de Australia, el Open de Sudáfrica y, por supuesto, el Open de España. Este último será debutado por el inglés Marco Penge, quien, el pasado octubre, se impuso en un playoff en el Club de Campo de Madrid a su compatriota Dan Brown. Si esta buena noticia hubiese llegado un año antes, Ángel Hidalgo podría haber incluido el Masters en su currículum. Y si el ranking mundial hubiera aceptado al LIV entre sus integrantes antes, seguramente el esfuerzo de David Puig por abrirse oportunidades en los grandes, jugando aquí y allá, una estrategia que lo ha llevado al top-100, incluso sin sumar puntos en su circuito principal, habría dado sus frutos en forma de su primera participación en Augusta.
Por diversas razones, esto es lo que hay. Y no es poco. En la cena de campeones de este Masters, los españoles solo serán superados en número por los estadounidenses. Ninguna de las naciones que se sentarán a la mesa ha producido más de un ganador entre los que jugarán esta semana, a menos que se ignore el hecho de que escoceses, galeses, ingleses y norirlandeses son pueblos distintos, unidos por un idioma, una corona y ciertas costumbres.
Tres españoles, tres etapas
Si Rahmbo vuelve a mostrar un gran nivel en un inicio de temporada brillante,Sergio García ha comenzado el curso con altibajos, siendo un octavo puesto en Hong Kong su mejor resultado. Su situación dista mucho de la de la anterior edición, cuando conmemoró 100 grandes en un estado de forma excepcional, que no se mantuvo hacia el Masters. Este año parece estar más reservado. Considera “un éxito” pasar el corte. “No estoy golpeando bien la bola. Si supiera qué me pasa, ya lo habría solucionado”, expresa con un aire de fatalismo. “Esperemos que el clima ayude y que el campo esté un poco más duro y rápido, como nos gusta a todos”, concluye con resignación. O quizás sea sabiduría, una consciente apreciación de que el pasado no importa. En el deporte, cuenta el presente, como ilustra el hecho de que hace 12 meses, en su mejor momento, no superó el corte acumulando un +4 en las dos primeras rondas. Era el sexto que fallaba en sus siete participaciones desde su triunfo en 2017.
Olazábal posee un enfoque diferente. Con 60 años (solo Couples y Singh le superan tras el adiós de Langer en 2025) aborda cada Masters como un novato, listo para practicar en el campo. A veces supera las 200 bolas. No cesa de repetir que es «un lugar muy especial para él». Este año, ante la ausencia de un debutante español, no tiene a nadie a quien enseñarle todos los trucos y recovecos de un campo que conoce a la perfección. Cuando un joven Tiger Woods los seguía a él y Seve en sus rondas de práctica, no era mera coincidencia. “Cuanto más juegas en este campo, mejor. Siempre hemos dicho que requiere un juego completo. Hay que pegar fuerte y preciso desde el tee y con los hierros, y el juego corto debe ser excepcional. Entender los contornos de los greens y otros detalles ayuda mucho. Y cuando has jugado tantas veces, lo conoces bien”, analiza un campo que, por su longitud, le presenta dificultades, obligándole a usar palos largos para greens complicados, razón por la cual Langer se retiró, pero que enfrenta con la misma pasión que le sobrevino al enfundarse la chaqueta verde en 1994 y 1999.
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