Extremadura impulsa el cambio del PP hacia la normalización de acuerdos con Vox | España


El PP ha dejado de concebir los acuerdos con Vox como una incomodidad para comenzar a presentarlos como algo habitual dentro del panorama político. Este cambio hacia la normalización de los pactos con la extrema derecha se ha vuelto evidente tras los resultados de las elecciones en Extremadura, donde el partido de Santiago Abascal ha sido reafirmado como un socio esencial del PP. En estas elecciones, la suma de los votos de la derecha y la extrema derecha alcanzó el 60%, lo que llevó a la dirección nacional del PP a aceptar abiertamente lo que hasta ahora se mencionaba de manera cautelosa: que es posible y necesario pactar con Vox.

Extremadura ha sido un catalizador de un debate interno que ya se venía produciendo en el PP, con el sector más duro presionando para avanzar. Ester Muñoz, portavoz parlamentaria del PP y representante de este ala más rígida, quien abogaba en privado por aceptar sin reservas los acuerdos con Vox, fue la encargada de hacer público esta semana la redefinición de la relación del PP con la extrema derecha. “Extremadura quiere un Gobierno de derechas”, aseveró sin ambigüedades, aludiendo a un Gobierno surgido del “entendimiento”, según ella, de PP y Vox. La portavoz en el Congreso subrayó que “el miedo a la derecha ya no es efectivo” porque en Extremadura “ha existido un Gobierno del PP, que en algún momento fue un Gobierno de coalición con Vox, y el resultado es que los extremeños piden más”.

Este cambio significa normalizar y dar prioridad a los pactos con la extrema derecha, sin ni siquiera exigir al PSOE que se abstenga. Ya no se busca pactar nada con los socialistas. La portavoz del PP en el Parlamento insistió en “interpretar lo que desean los extremeños”. “Y quieren un 60% un Gobierno de derechas”. Muñoz destacó el “severo correctivo de los extremeños al PSOE”, que cayó al 26% y 18 diputados, lo que para el PP constituye un mandato para que este último se vuelva hacia su derecha.

La transformación es significativa. Hace solo seis meses, en julio, durante el congreso nacional del PP, Alberto Núñez Feijóo se comprometió solemnemente a no gobernar con Vox. “Quiero un Gobierno en solitario. El único Gobierno de coalición no ha tenido éxito”, enfatizó en su discurso tras ser reelegido como líder. Ahora, el PP no ha establecido como línea roja para Extremadura que Vox quede fuera del Gobierno y sostiene que el mandato de los votantes es que debe haber “un entendimiento” con Vox, lo que contrasta con la promesa anterior de Feijóo, concebida para ampliar el espectro electoral hacia el centro y tranquilizar a los votantes moderados.

Génova respalda la nueva postura de abrirse sin complejos a los pactos con Vox basándose en la interpretación de los resultados en Extremadura. En el equipo de Feijóo insisten en que las elecciones allí son “el fracaso de una ideología”, la izquierda, y de “una corriente de opinión”, la que sostiene que los pactos con la extrema derecha perjudican al PP. Según Génova, esto queda demostrado por el hecho de que, a pesar de haber pactado con Abascal, María Guardiola obtuvo un 43,2% de los votos, colocándola como la quinta presidenta autonómica más votada de España (el primero es el gallego Alfonso Rueda, con un 47,4%, y entre los cinco más votados solo hay un socialista, el castellanomanchego Emiliano García-Page, con un 45,1%).

Además, según los populares, las elecciones en Extremadura han confirmado que el PP y Vox pueden crecer “en paralelo”, aunque Vox lo haga más rápidamente, ya que mientras el PP sube cuatro puntos, Vox lo hace nueve. Los de Abascal llegaron al 17% de los votos en unas elecciones que también se caracterizaron por la baja participación, la más baja en la historia de Extremadura.

Finalmente, según el PP, el desplome del PSOE, a pesar del riesgo de un Gobierno PP-Vox, señala que el miedo a la extrema derecha ya no moviliza a la izquierda. Si seis de cada diez extremeños optaron por el bloque conservador, argumentan, esto demostraría que los acuerdos con los extremistas no les afectan negativamente, aunque ignoran que María Guardiola es una de las baronesas más moderadas del PP y que durante la campaña tuvo confrontaciones con Vox, llegando incluso a calificar a Abascal de “machista”.

“El discurso de que viene Vox ya no resuena en la izquierda”, comenta un dirigente del núcleo duro de Feijóo, resumiendo el sentir predominante en la dirección popular. Tal ha sido el cambio que ahora una parte del PP propone incluso obligar a Vox a entrar en sus Gobiernos. “Lo ideal sería forzar a Vox a gobernar, para que se desgaste, porque ellos quieren mantenerse al margen para conservar su periodo de gracia”, señala este dirigente. Hasta el presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, uno de los barones más moderados, se ha alineado con esta idea. “Vox solo empezará a decrecer cuando entren en los gobiernos y asuman responsabilidades”, declaró el pasado lunes.

Por el momento, el PP ha diluido sus líneas rojas en cuanto a los pactos con Vox, pero la pregunta es hasta dónde podrán los de Abascal influir con sus votos cruciales en Extremadura. Lo primero que ha planteado Vox son las 200 medidas que ya propusieron a Guardiola para aprobar los Presupuestos, las cuales la presidenta extremeña había desechado por considerarlas inaceptables. Ahora se ha mostrado dispuesta a revisarlas.

Entre estas, Vox solicita eliminar el registro de profesionales sanitarios objetores al aborto; suprimir las subvenciones para cooperación internacional, para la “ideología de género”, sindicatos y patronal, y derogar la ley LGTBI extremeña, aprobada por el expresidente popular José Antonio Monago.

Los de Abascal advierten, además, que la negociación en Extremadura ocurre en un contexto de enfrentamiento con el PP. Fuentes de Vox han señalado que el “apoyo e impulso” del PP a la “guerra sucia” contra su partido ha marcado “un hito”, lo que no implica que le facilitarán las cosas a Guardiola.

La incógnita es cuál será el nivel de concesiones que aceptarán los populares. “Guardiola no ha calculado bien”, indica un miembro de la dirección popular, quien opina que la presidenta tuvo demasiado roce con el líder de Vox, de quien ahora depende, lo que complica las negociaciones. “Abascal intentará dificultar las cosas, pero si lo hace en exceso perderá credibilidad”, confían en el PP.

En Génova creen que Vox no pedirá entrar en el Gobierno y esperan que no aumente demasiado sus exigencias, ya que su abstención sería suficiente, aunque Guardiola no podrá gobernar sin ella. “Si las exigencias no son razonables, observaremos qué impacto tienen en otros procesos electorales”, avisan en el equipo de Feijóo. El acuerdo extremeño debe negociarse en medio de la campaña electoral en Aragón, programada para el 8 de febrero, por lo que la estrategia de negociación afectará las expectativas electorales de ambos lados, obligándoles a ser cautelosos en sus pasos.

La dinámica de este nuevo ciclo será similar. El PP reconoce que ni en Aragón ni en Castilla y León es realista esperar una mayoría absoluta. La estrategia que tienen tanto Jorge Azcón como Alfonso Fernández Mañueco es intentar que el resultado del PP les permita depender solo de las candidaturas localistas. Sin embargo, los líderes populares temen el crecimiento de la extrema derecha. “El ruido nacional favorece a Vox”, se lamenta un presidente del PP.

“El resultado en términos extremeños no es tan favorable, pero en términos nacionales sí. Feijóo está contento con el golpe a Pedro Sánchez”, señala un dirigente popular, quien también recuerda que Extremadura solo aporta seis escaños al Congreso. La derrota de los socialistas en un bastión histórico de la izquierda también motiva que la dirección del PP se muestre decidida a normalizar su relación con la extrema derecha.

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