Fermín Bocos.- El «Guernica»: que permanezca en su lugar actual.
El arte, a menudo al servicio de la política, sigue siendo un bien que puede ser intercambiado. Más aún cuando se trata de obras bendecidas por la genialidad. Ahora es el turno del «Guernica». La monumental pintura de Pablo Picasso que captura el horror de la guerra, evocando el devastador bombardeo sobre la desprotegida localidad vizcaína por parte de la Legión Cóndor, una unidad de la Alemania nazi que formó parte del Ejército Nacional durante la última Guerra Civil española.
La obra fue encargada por el Gobierno de la República y, tras su recuperación -ya que estuvo «exiliada» durante años- se encuentra afortunadamente en el Museo Reina Sofía de Madrid.
Recientemente, la obra ha sido noticia debido a la solicitud del «lehendakari» vasco Imanol Pradales durante una visita a La Moncloa. En ese encuentro con el presidente del Gobierno, anunció que había pedido a Pedro Sánchez la posibilidad de trasladar temporalmente el cuadro al País Vasco como un «gesto de memoria histórica y reparación simbólica». Desde el Ministerio de Cultura se comunicó que desaconsejaban el traslado por motivos de conservación y la fragilidad del lienzo. Una decisión lógica. La obra puede ser admirada en el mencionado museo, así como la Dama de Elche puede verse en el igualmente capitalino Museo Arqueológico Nacional, que no se moverá a pesar de las persistentes solicitudes del Ayuntamiento de la ciudad alicantina. Estas también fueron rechazadas en su día con argumentos similares. Y, como he mencionado, es una postura razonable considerando la fragilidad de estas obras de arte.
La cesión de cuadros o esculturas por parte de los museos para exposiciones temporales en otros lugares es una práctica común, regulada mediante la contratación de un seguro que, en caso de deterioro o robo, aseguraría una compensación económica, pero nada más. Proteger la integridad del cuadro es un desafío que generalmente se logra, aunque los traslados conllevan riesgos de diversas índoles. Como es el caso de los murales del monasterio aragonés de Sijena, que permanecen retenidos ilegalmente en Cataluña. Cuando las solicitudes provienen del ámbito nacionalista, es natural estar alerta. Por lo tanto, es preferible que el «Guernica» permanezca en su lugar.



