Inquilinos de por vida: el 80% no recibirá una casa que les permita dejar de alquilar | Economía
Optar por vivir de alquiler es una elección que muchas personas realizan por falta de alternativas. Adquirir una vivienda implica una gran inversión, además de necesitar un capital ahorrado para hacer frente al pago inicial y contar con la estabilidad económica suficiente para obtener una hipoteca. Por ello, quienes eligen el arrendamiento como única opción debido a sus circunstancias generan, sin pretenderlo, una brecha social con aquellos que tienen los medios para ser propietarios. De hecho, según un estudio publicado este miércoles por el Instituto de Investigación Urbana de Barcelona (IDRA), ocho de cada diez inquilinos asumen que nunca dejarán esa condición, pues no esperan heredar una vivienda, su única oportunidad de acceder a la propiedad.
El número de inquilinos ha alcanzado niveles muy altos en diversas ciudades del mundo en lo que va del siglo. Aunque en España este mercado representa apenas el 10% del total del parque residencial —reflejando un arraigo más fuerte a la propiedad que en otros países—, en ciudades como Lisboa o Buenos Aires, así como en Madrid y Barcelona, objeto también del estudio de IDRA, el porcentaje se ha disparado.
Mientras que en la capital argentina, el porcentaje de inquilinos se ha triplicado desde 2001, en Lisboa la población inquilina creció por primera vez en 2021 desde 1960. En cuanto a Madrid y Barcelona, el estudio señala un “aumento acelerado desde 2007”, siendo Barcelona la ciudad con la mayor proporción de inquilinos.
Estos incrementos continuos han ido configurando la realidad de distintas sociedades. El estudio, basado en encuestas a inquilinos de estas cuatro ciudades, revela que “la crisis de la vivienda no es un problema exclusivo de un país, ni se debe a una simple falta de oferta”. Además, enfatiza que “cada vez más personas viven de alquiler, y lo hacen en condiciones caracterizadas por la inseguridad residencial, la precariedad económica y la desigualdad patrimonial”.
Ser arrendatario, a menudo, es una necesidad para quienes desean emanciparse. Sin embargo, este estado puede ser inestable. Según el estudio, entre el 30% y el 44% de quienes se mudaron recientemente lo hicieron de forma obligada, debido al incremento de precios o a la finalización de sus contratos. Más del 30% de ellos cree que tendrá que mudarse en el próximo año, y seis de cada diez lleva menos de cinco años (la duración mínima de un contrato de arrendamiento en España) en su hogar actual.
“El mercado de alquiler es una fuente de desigualdad urbana. La expansión del alquiler como modo de acceder a la vivienda, sin las protecciones adecuadas, ha acentuado las desigualdades sociales y ha dejado a muchos inquilinos en una situación de vulnerabilidad”, advierten los investigadores Marta Ill-Raga, Pablo Pérez y Jaime Palomera.
Mayor carga
Esta continua movilidad en las viviendas es angustiosa y se ve agravada por la dificultad de encontrar un nuevo lugar. En Barcelona y Madrid, el 42,18% de los inquilinos han enfrentado barreras para alquilar, una cifra bastante inferior al 76% de Buenos Aires, aunque dobla el 17% de Lisboa, donde las dificultades son menores.
La incertidumbre y la precariedad habitacional también se ven alimentadas por el hecho de que el pago del alquiler representa una carga considerable para las finanzas de los inquilinos. En Madrid, el esfuerzo promedio aumentó del 42% en contratos firmados antes de 2018 al 53% en 2023; en Barcelona, el incremento es más moderado, pasando del 52% en contratos firmados en 2017 o antes, a un 56% en los firmados en 2022.
Un esfuerzo que, además, deben asumir para mantener sus casas, donde ocho de cada diez inquilinos reportan sufrir grandes deficiencias. Las principales quejas están relacionadas con el mal aislamiento térmico y acústico, la falta de calefacción y la necesidad de remodelar un parque habitacional muy envejecido.
Un factor clave que perpetúa la desigualdad de muchos inquilinos es que el mercado protegido (viviendas asequibles destinadas al alquiler) es absolutamente marginal en ciudades como Madrid o Barcelona (con un 7% y un 9% del total, respectivamente). “Esta tendencia se debe a la extinción planeada de los contratos de renta antigua”, señala el texto, que también menciona que la inestabilidad en los ingresos o la falta de empleo son otros factores que complican el acceso a la vivienda en alquiler para este grupo.
Opacidad
Otro aspecto importante del estudio es la falta de transparencia que enfrentan los inquilinos en relación con sus arrendadores. En Barcelona, el 17% no sabe quién es su propietario, en comparación con un 8,2% en Madrid. Además, en ambas ciudades, los inquilinos que tratan con una inmobiliaria tienen aún menos conocimiento sobre quién es su casero (24,1% en Barcelona y 18,8% en Madrid). “Los inquilinos cuya relación con el propietario pasa por una inmobiliaria experimentan menor satisfacción con la vivienda; sufren más abusos, más incrementos de alquiler, mayor discriminación en el acceso y una mayor sensación de inestabilidad”, señala el texto.
Para revertir esta situación, los autores del estudio sugieren una mayor protección para los inquilinos, implementando diversas medidas: introducir contratos sin fecha de finalización predeterminada, que permanezcan vigentes mientras se cumplan las obligaciones; prohibir la compra especulativa de viviendas para inversión; gravar progresivamente la propiedad de activos inmobiliarios; aumentar la oferta de viviendas públicas en alquiler a perpetuidad; prohibir las licencias para alquiler turístico o imponer impuestos a las viviendas vacías.



