Israel aumenta su ofensiva en múltiples frentes y advierte sobre posibles ejecuciones de líderes iraníes | Internacional
El conflicto en Oriente Próximo solo encuentra un breve respiro en la pausa de los ataques a instalaciones energéticas, que Donald Trump extendió este jueves hasta el 6 de abril. Sin embargo, a pocas horas de cumplirse un mes desde el inicio del conflicto, los acontecimientos parecen ir en dirección opuesta a esa supuesta tregua.
Por un lado, Israel intensifica sus acciones bélicas en Irán y Líbano y actualmente no busca, al menos por ahora, un acuerdo negociado. Este viernes, en efecto, ha bombardeado una planta de agua pesada en Jondab y otra en Ardakan que produce torta amarilla (concentrado de uranio), dos elementos esenciales para el desarrollo de combustible nuclear, sin que se reporten víctimas ni fugas radiactivas, según informaron las autoridades iraníes.
Por otro lado, Teherán mantiene sus ataques a una decena de naciones y enfatiza que no ha solicitado ningún gesto a Trump, ya que todavía es tiempo de guerra. De hecho, mientras Washington evalúa una posible invasión, los líderes iraníes han anunciado la movilización de un millón de combatientes para confrontar esta eventualidad, especialmente desde la crítica isla de Jarg, desde donde exportan casi el 90% del petróleo.
El tono bélico ha sido marcado una vez más por el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, quien anunció este viernes que el ejército “intensificará y ampliará” los ataques contra Irán “a otros objetivos y áreas”, en respuesta a las nuevas oleadas de misiles dirigidas a su territorio. Además, amenazó con continuar eliminando a los “líderes” y “mandos”, como hizo previamente con Alireza Tangsiri, jefe de la Guardia Revolucionaria, a quien responsabilizaba del bloqueo del estrecho de Ormuz.
Los ataques en las ciudades de Qom e Isfahán han dejado al menos 44 muertos, según las autoridades iraníes. Otro ataque ha dirigido su objetivo hacia plantas de fabricación de acero, según medios locales. La cifra de muertos en Irán ya supera los 3.000, según organizaciones de derechos humanos, y la Media Luna Roja informa que más de 20.000 heridos han sido contabilizados en el país desde que Israel y Estados Unidos lanzaron su ofensiva conjunta el 28 de febrero.
Podrían ser muchos más si se produce una “nueva escalada” en los próximos días, como ha lamentado el primer ministro polaco, Donald Tusk, basado en información recibida de “aliados”, sin especificar detalles.
Invasión
Una de las opciones que contempla Washington es una invasión terrestre. La agencia de noticias iraní Tasnim menciona, citando a una fuente militar, un creciente entusiasmo entre las fuerzas terrestres para crear un “infierno histórico” para los soldados estadounidenses, en caso de llevarla a cabo. La fuente señala que hay un millón de hombres listos para el combate terrestre y un aumento significativo en las solicitudes de enlistamiento por parte de jóvenes en la fuerza paramilitar Basij, la Guardia Revolucionaria y el ejército regular.
En contraste con la retórica triunfalista de Trump (“Ya hemos ganado esta guerra” o “Estamos muy por delante de lo previsto”), la agencia Reuters reveló este viernes que EE. UU. solo puede confirmar la destrucción de un tercio del vasto arsenal de misiles balísticos de Irán. Erradicarlo es uno de los tres objetivos de la campaña, y Israel ha mencionado más lanzaderas dañadas en sus bombardeos que misiles, consciente de que las estimaciones reales son menos coherentes con su discurso victorioso.
El Gobierno de Benjamín Netanyahu busca en Líbano la victoria que, por el momento, parece escurrirse en Irán. Su ejército, que ha declarado el objetivo de invadir hasta el 10% del país vecino en su lucha contra Hezbolá, ha avanzado desde varios puntos y ya se ha internado más de 10 kilómetros. Este avance ha aislado a miles de civiles en los municipios del sur que se resisten a seguir las órdenes de desalojo israelíes.
Más de un millar de muertos en Líbano
La ofensiva en Líbano ha resultado en al menos 26 muertes en 24 horas, según el Ministerio de Sanidad en Beirut. Este saldo podría incrementarse, ya que han ocurrido ataques posteriores. Uno cerca de Sidón ha dejado seis muertos, entre ellos tres niños, y otro en la Becá ha cobrado la vida de una mujer embarazada. La agencia de noticias libanesa informa sobre “bombardeos muy intensos” en los suburbios de Beirut, luego de que la aviación israelí realizara vuelos a baja altura sobre la capital, mientras que Hezbolá reivindicaba un lanzamiento de misil tierra-aire que, aparentemente, no tuvo consecuencias.
El Gobierno reporta 1.142 muertes y 3.315 heridos desde el 2 de marzo, cuando Hezbolá decidió reabrir la lucha contra Israel como respuesta a la guerra en Irán. El ejército israelí ha consolidado las posiciones que había mantenido en Líbano, en violación de la tregua firmada con la milicia en 2024. Hezbolá ha logrado infligir dos nuevas bajas entre las tropas israelíes.
En los últimos días, el Gobierno de Netanyahu ha acelerado sus operaciones en Líbano, confirmando su determinación de despoblar y ocupar todo lo situado al sur del río Litani, una región fronteriza que alberga a un cuarto de millón de personas distribuidas en 150 municipios, incluida la milenaria ciudad de Tiro.

La campaña de Israel avanza a pesar de los acercamientos de los altos dirigentes libaneses, quienes observan cómo sus homólogos en Israel no están conforme con la ilegalización del brazo armado de Hezbolá, decretada horas después de que la milicia reiniciara sus ataques contra Israel. Tampoco lo están con la propuesta de establecer negociaciones directas entre ambos gobiernos. Para Líbano, esto representa un cambio histórico (no reconoce a Israel desde su creación en 1948) y podría poner en riesgo la estabilidad, ya que Hezbolá rechaza tajantemente esa idea. El Gobierno de Netanyahu ni siquiera ha mostrado interés en responder.
El Ejecutivo de Beirut no ha podido contener a la milicia en tiempos de conflicto. Las autoridades piden un tiempo para llevar a cabo el desarme, acompañado por un proceso de reconfiguración nacional, que los israelíes no están dispuestos a considerar. El jefe del Estado Mayor libanés, Rudolph Haykal, teme que una confrontación con Hezbolá pueda desintegrar a las fuerzas multiconfesionales, como ya sucedió en el pasado con otros grupos vinculados a comunidades específicas, lo que podría llevar al colapso del Estado.
Netanyahu continúa la ofensiva en Líbano, desoyendo las advertencias del mundo humanitario. Este viernes, la agencia de la ONU para los refugiados (ACNUR) ha advertido sobre una “catástrofe humanitaria” en Líbano, donde más de un millón de personas han sido desplazadas, lo que representa una quinta parte de la población. Según ACNUR, la demolición de numerosos puentes sobre el Litani, que conectan el sur con el resto del país, “limita el acceso humanitario” y “aísla a aproximadamente 150.000 personas”.
Progreso desde múltiples frentes
Mientras tanto, los vehículos blindados israelíes avanzan desde tres frentes diferentes. El más activo durante la mañana de este viernes es el occidental, junto al mar Mediterráneo. La agencia de noticias estatal informa sobre “fuertes bombardeos” en esa área, incluidos en Naqura —el municipio que alberga la misión de paz de la ONU— y en la carretera que une ese municipio con Tiro.
Momentos antes, se habían registrado intensos combates en el frente oriental. Israel está utilizando en esta zona el saliente hacia el norte que forman el municipio israelí de Metula y los territorios ocupados en Siria, posicionados a menos de cinco kilómetros del río Litani, cuyos avances reportan puntos a 30 kilómetros de la frontera. Controlar esa área permite interrumpir la conexión terrestre entre la región meridional que pretende invadir, donde se libran los combates, y la provincia montañosa de la Becá, más al noreste, donde Hezbolá almacena y produce armamento.
En esa área, el ejército israelí ha capturado Taybeh y sigue en la lucha por hacerse con Jiam. En las últimas horas, han logrado tomar el control de Qantara. Comunicados de Hezbolá publicados este viernes informan sobre dos ataques anteriores que, aseguran, han causado “bajas confirmadas”.
Esto parece referirse a los ataques que el jueves cobraron la vida de los soldados israelíes Ori Greenberg y Aviad Elchanan Wolansky, ambos de 21 años. Con ellos, Hezbolá ha matado a cuatro soldados israelíes durante la actual invasión. La milicia busca evitar que las tropas se establezcan y provocar un goteo constante de bajas que presione a la sociedad por una eventual retirada, como sucedió en los años noventa del siglo XX.
El Gobierno de Líbano declaró en enero que había completado el desarme de Hezbolá en el sur del Litani. Esto se confirma dado que la milicia está disparando cohetes desde el norte de esa demarcación. En respuesta, el portavoz de las fuerzas en árabe, Avichay Adraee, amplió la orden de desalojo generalizada hasta un río más al norte, el Zahrani, a 40 kilómetros de Israel. Este viernes, exigió a la población abandonar Sejoud, un pueblo situado al norte del Litani.
Rodeados por Israel
El otro frente es el central, donde Israel ha tomado el control de Dibil, un poblado cristiano a cinco kilómetros de la frontera. Informes de medios libaneses indican que 1.700 personas permanecen atrapadas en el municipio durante cuatro días, sin que nadie pueda entrar o salir, ni siquiera para obtener suministros básicos.
El ejército ha llegado a esta área con los fantasmas de un conflicto civil. Un medio cercano a Hezbolá reportó esta semana que soldados israelíes se refugiaron en la iglesia de Santo Girgis de Dibil tras un ataque de Hezbolá a su tanque. Un notable del municipio grabó un video en el templo negando que esto haya sucedido.
Este viernes, un convoy de 15 camiones organizado por el Programa Mundial de Alimentos de la ONU ha llegado al distrito de Marjayoun para suministrar comida, agua potable y productos higiénicos a los municipios cristianos de la región. El miércoles, los cascos azules de la ONU anunciaron una operación similar para acceder a las familias que viven “a lo largo de la frontera”, aunque sin especificar de qué municipio se trata, donde “el acceso es difícil” y muchas familias “enfrentan condiciones inciertas”.



