La construcción de la Gran Vía en Madrid requirió la demolición de más de 300 viviendas y la eliminación de 50 calles.
Hablar de la Gran Vía es hablar de Madrid. Compras, cine, musicales… La vía más emblemática de la capital se inauguró el 4 de abril de 1910. Por lo tanto, nos encontramos a un mes de su celebración. Sin embargo, la calle conserva su dominio en un momento en el que -las nuevas tecnologías predominan-, resulta complicado competir con otros centros comerciales en la urbe y la región, además del continuo crecimiento de las plataformas digitales de comercio y entretenimiento. Históricamente, ha sido conocida por otros nombres, como Avenida de Rusia o Avenida de los obuses. O la Avenida de José Antonio, tras la Guerra Civil, nombre que mantuvo por muchos años.
La historia de la Gran Vía, como toda gran obra, tardó en desarrollarse. Los primeros bocetos se remontan a 1862, en una época de reformas en el centro histórico de Madrid, pero el diseño definitivo no fue presentado hasta 1899, cuando los arquitectos José López Salaberry y Francisco Octavio Palacios dieron a conocer el proyecto. La construcción de la Gran Vía se extendió a lo largo de varias décadas, las obras iniciaron precisamente hoy, 4 de abril de 1910, y finalizaron en 1929. Sin embargo, este final es solo un amplio resumen arquitectónico, ya que la gran calle sigue incorporando nuevos edificios y ajustes en el tráfico y las comunicaciones. Pero sí, se puede afirmar que fue en 1910 cuando el Rey Alfonso XIII dio el primer martillazo a uno de los 327 edificios que serían demolidos para crear una gran avenida que no estaría completamente terminada hasta 1952 en sus edificaciones más destacadas. “Joyas” arquitectónicas como Metrópolis, Telefónica, Capitol, Palacio de la Prensa, o el Carrión, con su célebre luminoso de Schweppes.
Y es importante señalar algo. Lo que hoy consideramos una única calle no siempre tuvo esa denominación. Aquellos que la recorrían hace un siglo la identificaban como tres tramos distintos. Cada uno tenía un ancho diferente, relacionado con una fase particular de su construcción. La primera, la calle de Conde Peñalver, se extiende desde Alcalá hasta la Red de San Luis. La segunda, construida más tarde entre la Red de San Luis y Callao, se conoció como Avenida de Pi y Margall (presidente de la I República). La última y más reciente llega hasta la plaza de España, y fue llamada Eduardo Dato. Así permanecieron hasta el inicio de la Guerra Civil, que unificó los tres tramos bajo el nombre del fundador de la Falange: Avenida de José Antonio. Este sería su nombre oficial hasta 1981, cuando se le otorgó el nombre permanente de Gran Vía, como la mayoría de los madrileños ya la conocían.

Y es que la Gran Vía ha sido una de las obras más significativas de España, ya que se demolieron más de 300 casas y se afectaron casi 50 calles. Gracias a este proyecto, se mejoró la comunicación entre el centro de Madrid (Calle Alcalá) y el noroeste de la ciudad (Plaza de España).
El área afectada por las obras fue de 142 647,03 m², abarcando 358 fincas y 48 calles, con la construcción de 32 nuevas manzanas. Según los registros, se demolieron 312 casas, se nivelaron 44 terrenos, se desmantelaron 8856 metros de aceras, y se retiraron 26 365 m² de empedrado y adoquinado, así como 14 335 metros de tuberías de agua y gas y 274 farolas. Para llevar a cabo esto, se transportaron y nivelaron 61799 metros cúbicos de escombros y 31997 de terraplenes. Después, se colocaron 18777 m² de acera, se adoquinaron 35 616 m² de granito y se asfaltaron 11373 m²; se construyeron 2502 metros de alcantarillas y 1315 metros de canalizaciones para agua, gas y electricidad, además de 7024 metros de tubos de plomo. También se instalaron 174 bocas de incendio y tomas de agua, 219 farolas de gas y 66 lámparas con candelabros. Unos cálculos que podrían parecer los del Gran Capitán… pero con un propósito completamente diferente.
Entre los edificios demolidos se encontraban el colegio de Nuestra Señora de la Presentación (conocido popularmente como «de las niñas de Leganés»), el palacio Masserano, el palacio de la duquesa de Sevillano y la conocida, por su estrechez, «Casa del Ataúd», en la esquina con Alcalá.

En reemplazo de los edificios derribados, se levantaron seis nuevas manzanas, quedando en pie solo el Oratorio del Caballero de Gracia, cuyo ábside, al quedar visible tras la demolición de la casa que lo cubría, puede ser visto hoy desde la Gran Vía. Una transformación urbanística que alteró tanto los usos como las costumbres de la población, convirtiéndose en un centro de ocio y diversión más de la ciudad, además de ser un referente nacional e internacional.



