La Fonda de los Príncipes revive en el centro de Madrid.


Madrid guarda recuerdos, y ciertos lugares lo hacen de manera más efectiva que otros. Uno de esos lugares es el edificio situado en el número 11 de la Puerta del Sol. Desde sus balcones se han presenciado transformaciones políticas, tendencias, guerras, celebraciones y millones de relatos cotidianos. Allí, donde cada Nochevieja se retransmiten las campanadas que dan la bienvenida al año nuevo, vuelve a abrir sus puertas uno de los alojamientos más antiguos y emblemáticos de la capital: la Fonda de los Príncipes. La apertura oficial tuvo lugar el pasado 5 de enero, coincidiendo con la Noche de Reyes, un momento lleno de significado y emoción. No fue una casualidad. «Es una noche de ilusión, de magia, y encajaba perfectamente con la idea de devolver la vida a un lugar tan especial», señala Alberto Gutiérrez, impulsor del proyecto y fundador de Civitatis. Tras más de 18 meses de reformas, el edificio recupera su nombre original y su función histórica: recibir a quienes desean experimentar Madrid desde su corazón.

La historia de la Fonda de los Príncipes se remonta a 1861, en pleno reinado de Isabel II. Fue de los primeros y más lujosos hoteles del Madrid del siglo XIX y el primer gran alojamiento inaugurado en la Puerta del Sol tras la enorme reforma de la plaza, iniciada en 1857. En esa época, Madrid anhelaba parecerse a las grandes capitales europeas y necesitaba hoteles que estuvieran a la altura de ese nuevo impulso urbano. El edificio fue especialmente construido para uso hotelero, algo inusual en aquel entonces. Formaba parte de un conjunto de inmuebles de arquitectura ecléctica isabelina, con un toque parisino, diseñados por los arquitectos Lucio del Valle, Juan Rivera y José Morer. Con sus balcones orientados a la plaza, la Fonda ofrecía comodidades nunca antes vistas en la ciudad: baños en las habitaciones, restaurante a la carta, salones de lectura, piano y vistas privilegiadas a la Puerta del Sol. Las guías de viajes de la época la describían como una «Gran Fonda de Primer Orden». No era un alojamiento al alcance de todos, pero se convirtió en un referente para viajeros locales e internacionales que buscaban confort y modernidad en el centro de Madrid.

Las vistas a la Puerta del Sol desde una de las habitaciones de la Fonda de los PríncipesCedida

A lo largo de sus casi 165 años de historia, el edificio ha cambiado de nombre en múltiples ocasiones, reflejando los gustos y aspiraciones de cada época. De Fonda de los Príncipes pasó a llamarse Hotel de los Príncipes, luego Gran Hotel de la Paix —en un intento de atraer al turismo francés e inglés— y ya en el siglo XX, Gran Hotel Americano, reflejando la fascinación por lo estadounidense. Con el tiempo, especialmente tras la Primera Guerra Mundial, el lujo dio paso a opciones más modestas. El hotel se transformó en pensión, después en hostal, y durante décadas operó como el conocido Hostal Americano, un alojamiento sencillo y céntrico que recibió a turistas, familias y estudiantes. Aunque perdió parte de su antigua gloria, nunca dejó de cumplir su función original.

Ese es uno de sus grandes valores: la Fonda de los Príncipes es el único alojamiento histórico de la Puerta del Sol que ha mantenido, de forma prácticamente continua, su uso hotelero desde el siglo XIX hasta hoy. Mientras otros grandes hoteles de la plaza desaparecieron o cambiaron de uso —como el Gran Hotel de París, hoy convertido en una tienda—, este edificio ha resistido el paso del tiempo. Más allá de su valor arquitectónico, la Fonda de los Príncipes ha sido siempre un magnífico mirador de la vida madrileña. Desde sus balcones, se han presenciado proclamaciones, manifestaciones, celebraciones deportivas, protestas ciudadanas y el incesante ir y venir de la plaza más concurrida del país. Lo que para muchos madrileños es un lugar de paso, para quienes se hospedaron aquí fue durante décadas un palco privilegiado para observar la ciudad en movimiento. Una condición que, siglo y medio después, sigue siendo uno de los grandes atractivos del edificio.

Huéspedes ilustres

Entre sus paredes se hospedaron algunos de los nombres más renombrados de la literatura y el arte. Hans Christian Andersen pernoctó en él en 1862 y dejó constancia de su asombro tanto por el lujo del hotel como por el bullicio constante de la Puerta del Sol, a la que describió como un «hormiguero» bajo sus pies. El crítico de arte británico Henry Blackburn también se alojó en la Fonda y narró en sus libros la vida que observaba desde los balcones. Décadas más tarde, entre 1919 y 1921, Jorge Luis Borges se hospedó en la entonces denominada Pensión Americana junto a su familia. En Madrid empezó a escribir sus primeros poemas ultraístas. Hoy, una placa en el exterior del edificio rememora su presencia y la habitación que ocupó, la número 416, continúa siendo una de las más especiales del hotel.

El cierre definitivo del Hostal Americano ocurrió en marzo de 2020, coincidiendo con el inicio de la pandemia. Años después, en 2024, el edificio cambió de manos. Alberto Gutiérrez lo adquirió con una visión clara: recuperar su esencia y devolverle la dignidad que había tenido en sus inicios. «No vi un hostal, vi un sitio único en Madrid», rememora para este periódico sobre el día que lo visitó por primera vez. «Entré por curiosidad, vi las vistas desde los balcones y supe que tenía que ser mío». Desde el principio, tuvo claro que no deseaba crear una nueva marca ni borrar el pasado. «Ya tenía nombre, historia y personalidad. Quitarlo habría sido como reformar una casa antigua y tirar las fotos de la familia». La rehabilitación, que se ha prolongado durante más de 18 meses, ha buscado precisamente ese equilibrio entre pasado y presente: preservar los elementos históricos, respetar la arquitectura original y, al mismo tiempo, adaptar el edificio a las necesidades y comodidades del viajero actual.

Fachada del edificio donde se encuentra la Fonda de los Príncipes
Fachada del edificio donde se encuentra la Fonda de los PríncipesCedida

La nueva Fonda de los Príncipes no aspira a ser solo un hotel. Desea convertirse en un espacio que interactúe con la ciudad y con sus visitantes. «Aquí no vienes solo a dormir, vienes a dormir dentro de la historia de Madrid», resume Gutiérrez. Desde sus balcones todavía se aprecian las campanadas cada 31 de diciembre, un rito compartido por millones de personas frente al televisor desde hace generaciones. Esa conexión emocional es una de las claves del proyecto. También lo es la noción de viajar desde dentro, una filosofía muy asociada a Civitatis, la empresa que Gutiérrez fundó hace casi dos décadas y que hoy es líder en visitas guiadas y excursiones en español y portugués. En los próximos meses, la compañía colaborará con la Fonda a través de experiencias exclusivas que se anunciarán próximamente, fortaleciendo el vínculo entre alojamiento, cultura y ciudad.

Un regreso con significado

Reabrir en la Noche de Reyes no solo señala el comienzo de una nueva etapa para el hotel, sino que restituye a Madrid un fragmento de su memoria colectiva. La Fonda de los Príncipes reabre sus puertas casi 165 años después de su inauguración original, en el mismo lugar donde cada año comienza, de manera simbólica, uno nuevo para millones de personas. En una Puerta del Sol siempre en movimiento, entre turistas, madrileños y festividades, el edificio recupera su nombre y su razón de ser. Un hotel que ha presenciado la historia y que ahora se prepara para seguir siendo parte de ella. Porque hay lugares que son testigos vivos del tiempo. Y la Fonda de los Príncipes es, sin duda, uno de ellos.

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