La historia del artista responsable del Oso y el Madroño en la Puerta del Sol, emblema de Madrid con raíces en Villena.


El Oso y el Madroño es el ícono histórico de la ciudad de Madrid. Cada día, miles de personas se detienen frente a esta figura ubicada en el centro de la ciudad para tomarse fotos junto a uno de los símbolos más emblemáticos de la capital, aunque muchos desconozcan su historia y significado.

Muchos turistas se sorprenden al verlo por primera vez. Algunos consideran que su tamaño es más pequeño de lo que pensaban. Sin embargo, la escultura tiene cuatro metros de altura en su copa, lo que le otorga una destacada presencia en la plaza. Para muchos, la foto junto a ella se convierte en un verdadero trofeo turístico. Y para casi todos, sigue siendo un enigma por qué esta representación de un oso apoyado en un madroño se ha establecido como la identidad visual del Ayuntamiento y figura en el escudo de la ciudad.

Su origen se traza hasta la Edad Media. El oso era un animal común en los montes cercanos a Madrid cuando la villa apenas estaba empezando a formarse. La presencia de estos mamíferos era tan habitual que podía representar un peligro para quienes transitaban por los caminos de la zona. Con el tiempo, el animal se incorporó a la simbología local.

La asociación con el madroño se añadió más tarde, relacionado con un acuerdo histórico entre la Villa y la Iglesia en 1222, durante el reinado de Alfonso VIII de Castilla, para la distribución de los terrenos colindantes: los pastos para el Cabildo y los bosques para la Villa. De esa división, emergió una representación heráldica donde el oso y el árbol se convirtieron en un símbolo de identidad.

Existen diversas teorías sobre la elección del madroño, un árbol que no era particularmente común en la región. Algunos historiadores sugieren que su presencia fue mayor en esa época, mientras que otros incluso indican una posible conexión fonética con el nombre de la ciudad.

Con el tiempo, estos elementos se consolidaron en el escudo municipal, con diversas evoluciones formales hasta llegar a su configuración actual. La imagen del oso erguido ante el madroño se fijó como uno de los emblemas más representativos de Madrid.

De símbolo heráldico a escultura urbana

La representación del símbolo en forma de escultura se materializó en el siglo XX. El Ayuntamiento de Madrid promovió la creación de un monumento que hiciera visible este emblema histórico en un lugar céntrico y muy transitado de la ciudad.

El encargo se le dio al escultor Antonio Navarro Santafé, quien creó una obra en bronce sobre un pedestal de piedra. La escultura fue inaugurada el 10 de enero de 1967 y se colocó en la Puerta del Sol, uno de los lugares más emblemáticos de la capital.


Instalación de la estatua del Oso y el Madroño el 10 de enero de 1967

Con una altura de cuatro metros y un peso de aproximadamente 20 toneladas, el monumento fue diseñado para realzar la visibilidad de los símbolos históricos de la ciudad en un punto neurálgico de su centro. Desde entonces, su ubicación ha variado varias veces dentro de la plaza debido a diversas remodelaciones urbanísticas, aunque siempre ha permanecido en su entorno original.

Antonio Navarro Santafé, el escultor detrás del emblema

La historia del Oso y el Madroño no puede ser contada sin mencionar a su creador, el escultor Antonio Navarro Santafé, nacido en 1906 en la localidad alicantina de Villena. Proveniente de una familia numerosa, su infancia estuvo marcada por las dificultades económicas, obligándolo a combinar el estudio con el trabajo desde muy joven. Estas experiencias tempranas forjaron un carácter perseverante que se reflejaría en su trayectoria artística.

Sus primeros pasos en la escultura se dieron al trasladarse a Madrid con su familia, donde entró al taller del escultor Ortells, alumno de Benlliure. Allí realizó sus primeras obras, incluyendo una cabeza titulada Campesino, que marcó el inicio de una carrera artística en ascenso. Posteriormente, continuó su formación en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos en Valencia, donde amplió sus habilidades técnicas y su conocimiento del arte académico.

De regreso a Madrid, Navarro Santafé combinó su actividad creativa con la enseñanza. Fue profesor en la Escuela de Cerámica y luego en el Colegio de San Ildefonso, además de actuar como Maestro Cantero del Ayuntamiento de la Villa. Esta doble faceta, artística y educativa, le permitió consolidarse como una figura respetada en el ámbito escultórico de su época.


Antonio Navarro Santafé, escultor del Oso y el Madroño de la Puerta del Sol

Su obra es vasta y variada, con especial enfoque en el retrato y la escultura monumental. Entre sus creaciones más notables se encuentran el monumento al maestro Chapí en Villena, el busto del Conde de Jordana y el emblema oficial de Renfe. También realizó importantes obras en diversas partes de España, como el monumento al Toro de Lidia en El Puerto de Santa María y el monumental conjunto del Caballo en Jerez de la Frontera.

La Guerra Civil interrumpió su carrera, obligándolo a reconstruir su trayectoria a partir de 1939. A pesar de las adversidades, logró reintegrarse a la actividad artística, creando nuevas obras civiles y religiosas, y se consolidó como uno de los escultores más prolíficos de su generación.

A lo largo de los años, su deseo de dejar una huella en su ciudad natal se concretó en la creación de una Casa Museo en Villena, adonde comenzó a llevar algunas de sus esculturas y recuerdos personales. Aunque el proyecto se desarrolló de manera progresiva, no fue inaugurado oficialmente hasta 1985, convirtiéndose en un espacio clave para conocer su obra. Sin embargo, él no llegó a verlo, ya que falleció en 1983, dejando un legado artístico considerable y reconocido.

Hoy en día, el legado de Navarro Santafé se preserva en Villena de otra manera. Los visitantes de la estación de AVE de la ciudad pueden observar una réplica de la escultura del Oso y el Madroño. La figura está montada en una base fabricada con plástico reciclado, que sostiene la escultura de fibra de vidrio, acompañada por una placa que explica el vínculo entre la obra y la capital española.


La réplica del oso y el madroño, en la explanada de la estación del AVE de Villena

La réplica fue realizada por Pepe Pastillo, utilizando 450 kg de residuos plásticos, y contó con la colaboración de personas con discapacidad, quienes emplearon 40 horas para crear el soporte de la escultura. Así, la obra de Navarro Santafé no solo se mantiene como un ícono de Madrid, sino que también ocupa un lugar especial en su ciudad natal, recordando sus raíces y su aporte al arte español.


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