La limpieza de Ortega Smith entrega al PP el destino de Vox en el Ayuntamiento de Madrid | España
En un contexto en el que el PP depende de Vox para la investidura de sus presidentes en Extremadura y Aragón ―y muy probablemente, tras las próximas elecciones, también en Castilla y León― el partido ultraderechista ha ofrecido a los populares una oportunidad inesperada: decidir quién liderará su grupo municipal en el Ayuntamiento de Madrid. La implementación del acuerdo adoptado el pasado día 12 por el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Vox para destituir a Javier Ortega Smith ha encontrado dos obstáculos, ambos anticipados: el primero, la negativa del implicado a aceptar su cese; el segundo y más significativo, el apoyo mayoritario al actual portavoz entre los miembros de su propio grupo.
La elección del portavoz corresponde al grupo municipal, por lo que su reemplazo depende de los cinco concejales que tiene Vox en la capital. Sin embargo, la sustitución de Ortega Smith no ha sido sometida a votación, según las fuentes consultadas, ya que el partido no cuenta con la mayoría necesaria para lograrla. Hasta ahora, solo los concejales Arantxa Cabello ―designada como sustituta de Ortega Smith― y Fernando Martínez Vidal han respaldado la orden del CEN. Desde Vox se ha advertido que quienes apoyen a Ortega Smith y desobedezcan a la dirección enfrentarán la misma suerte que él: la apertura de un expediente disciplinario y la suspensión cautelar como afiliados. Inmediatamente se ha señalado a la exdiputada y portavoz adjunta del grupo municipal, Carla Toscano.
Por otro lado, nadie se ha atrevido a emitir una advertencia similar hacia el otro concejal que respalda a Ortega: Ignacio Ansaldo. La expulsión de Ansaldo sería una cuestión seria: fue el primer presidente de Vox, según el acta notarial registrada en noviembre de 2013 en el Ministerio del Interior, cuando Abascal aún pertenecía formalmente al PP. La sede del nuevo partido no era otra que la dirección de su negocio. En comparación con la trayectoria de Ansaldo y Ortega, Arantxa Cabello es prácticamente desconocida para la base de Vox, mientras que Fernando Martínez tiene una larga experiencia política, aunque en el PP.
Ante la falta de apoyo suficiente dentro del grupo municipal para destituir a Ortega, el secretario general del partido, Ignacio Garriga, envió un requerimiento al Ayuntamiento de Madrid informando sobre su cese como portavoz del grupo de Vox y el nombramiento de Arantxa Cabello como su reemplazo, trasladando así al alcalde, José Luis Martínez-Almeida, la decisión final sobre el liderazgo de Vox en el consistorio.
El alcalde se mostró sorprendido este viernes de que Garriga no sepa que la sustitución del portavoz “es competencia del grupo municipal” y añadió que “Vox, como partido, no puede pretender que sea el Ayuntamiento de Madrid el que decida quién es su portavoz”. Almeida subrayó que Ortega participó esta semana en la Junta de Portavoces “y ningún concejal de Vox hizo indicación alguna de que no debía ser el portavoz”, por lo que asumió que continúa en el cargo. Resaltó que el partido ultraderechista tiene “un lío monumental” que debe resolver respetando sus procedimientos internos y sin trasladar el problema al consistorio.
Este viernes, en sus primeras declaraciones tras su cese como portavoz y su suspensión cautelar como afiliado, un Ortega Smith visiblemente indignado dejó claro que no contempla rendirse. “Creo que mi comportamiento ha sido ejemplar y que no merezco lo que estoy sufriendo, ni lo que mis compañeros están padeciendo. Por ello, por justicia, voy a luchar dentro del partido utilizando los recursos que permiten los estatutos. Si debo acudir a la jurisdicción ordinaria, lo haré”, comentó. Quien fuera secretario general de Vox durante seis años denunció una “asquerosa y repugnante guerra sucia” por parte de aquellos en la dirección del partido que le atribuyen filtraciones a los medios. “He estado en el Comité Ejecutivo Nacional desde 2014. Nunca he filtrado información reservada, de las muchas que conozco, sobre las cuentas del partido o sobre las decisiones tomadas”, añadió como advertencia.
Abascal evitó este viernes responderle, argumentando que los partidos no están para “mirarse el ombligo”. No obstante, el jueves advirtió que “es la dirección [de Vox] la que manda y eso seguirá así. No nos cabrá ninguna duda al tomar decisiones internas y en la política española una vez lleguemos al poder. Y quiero que todos lo sepan”, apostilló.
Ortega puede interponer un recurso ante el Comité de Garantías de Vox contra su suspensión cautelar, pero es poco probable que prospere y no detiene la ejecución de la medida disciplinaria. Tiene más posibilidades de éxito en los tribunales si se demuestra que el CEN no tiene competencia para destituirlo como portavoz y que su cese fue ilegal. Sin embargo, la sentencia definitiva podría tardar años. Si mantiene la mayoría en el grupo municipal, continuará como portavoz de un partido que lo considera en rebeldía hasta mayo de 2027, con el desgaste que ello podría implicar para Vox, a menos que el alcalde adopte el requerimiento de Ignacio Garriga.
Por el momento, Martínez-Almeida ha rechazado intervenir en el conflicto interno de Vox. Sin embargo, preguntó al presidente del pleno municipal, Borja Fanjul, qué hacer si Ortega y sus seguidores adquirieran la condición de ediles no adscritos. Al igual que ocurrió con la ruptura del grupo municipal de Más Madrid en la anterior legislatura, el PP tiene la última palabra sobre el futuro del grupo ultra en la capital. En Vox, algunos creen que Abascal ha cometido un error de cálculo al emitir una orden que no puede hacer cumplir, mientras que otros sostienen que estaba dispuesto a asumir este riesgo para deshacerse de un problema como Ortega Smith.



