La Mandrágora: el espacio cultural que dio inicio a las carreras de Sabina y Almodóvar, ahora marcado por un mural en su memoria.
Entre 1978 y 1982, una de las cuevas habituales en los edificios de la Cava Baja se transformó en un secreto que recorría los círculos de un Madrid que se adentraba con entusiasmo en el estereotipo de ‘ciudad que no duerme’. Eran los años de la tan mencionada Movida. Pero los más jóvenes de la Nueva Ola, con looks de SEPU y cabellos de tonos tropicales, no eran los únicos que experimentaban este nuevo país. La Mandrágora, ubicada en el número 42 de la calle, reunía a una generación un poco mayor –sus fundadores estaban en la treintena–, quizás con un perfil más intelectual.
Aunque la experiencia fue breve, su recuerdo resonó a lo largo del tiempo gracias a La Mandrágora, un álbum lanzado en 1981 con canciones grabadas en el sótano de la Cava Baja por los cantautores Joaquín Sabina, Alberto Pérez y Javier Krahe. En el aire de grabación espontánea del disco, se perciben las risas de la noche ‘mandragorera’ y el tintineo de los vasos. Casi se puede sentir el olor del humo de los cigarrillos de Krahe.



