La obra de Richard Serra en Callao que logró preservar una plaza de la invasión de campañas publicitarias.
“Ciudades como Kioto, Toronto, Ámsterdam o Berlín ya exhibían algunas de sus esculturas ambientales fuera de Estados Unidos. Madrid parecía llegar tarde”. Así finaliza Juan Tallón el capítulo de la novela Obra maestra en el que se narra el encuentro del escultor Richard Serra con Enrique Tierno Galván, el querido alcalde de Madrid. Era julio de 1981 y estaban a punto de presentar al mundo (es decir, a los periodistas acreditados para el evento) la maqueta de una futura pieza de Serra que se contemplaba instalar en la famosa plaza de Callao.
Les acompaña Enrique Moral, que en ese entonces era concejal de Cultura y actúa como narrador de este pasaje en el libro de Tallón (donde se entrelazan hechos históricos con varios desvíos ficticios). La comitiva se completa con Carmen Giménez, responsable de la visita de Serra a Madrid y futura primera directora del Museo Reina Sofía. Precisamente, este mismo centro de arte sería el lugar donde, algunos años después, se extraviaría una escultura de 38 toneladas del artista estadounidense. De hecho, esta fue la segunda desaparición de una obra de Serra en la capital. La primera fue esa obra que quedó solo en maqueta. Una creación que podría haber transformado el paisaje, así como la percepción, de uno de los puntos más concurridos del centro de Madrid.



