La Policía encontró restos de pólvora en las cortinas del hogar de los implicados en el tiroteo mortal de Carabanchel.
– Ricardo Rubio – Europa Press – Archivo
MADRID 9 Abr. (EUROPA PRESS) –
La Policía Científica encontró residuos de pólvora en las cortinas de las ventanas del apartamento de la calle Besolla, donde supuestamente tuvo lugar el tiroteo mortal en Carabanchel que costó la vida a un hombre de 38 años.
Esta evidencia fue presentada durante el juicio por los investigadores del Grupo VI de Homicidios de la Jefatura Superior de Policía de Madrid. En el banquillo de los acusados se encuentran un padre y su hijo, quienes enfrentan hasta 65 años de prisión por delitos de asesinato, tentativa de asesinato y tenencia ilícita de armas, tras el fallecimiento de un hombre de un clan rival.
Los hechos, ocurridos el 16 de julio de 2023, surgieron a raíz de la rivalidad entre dos clanes de las familias de Orcasitas y Pan Bendito en Madrid. Un testigo clave asegura haber visto a uno de los acusados abrir fuego desde la ventana, lo que provocó que el grupo rival también comenzara a disparar desde la calle.
No obstante, la defensa, representada por la abogada Teresa Bueyes, argumenta que el disparo mortal podría haber provenido del suelo, como sugiere un informe pericial sobre la trayectoria de la bala, que entró por el omóplato y salió por el cuello en dirección ascendente.
Durante las comparecencias, testificaron agentes de la Policía Nacional encargados de la investigación y quienes realizaron el registro en la vivienda de los acusados.
En el momento de los hechos, había cinco personas en el lugar, varios de ellos con residuos de pólvora en las manos. La Policía arrestó a los dos acusados debido a su «desaparición», lo que los convirtió en sospechosos por dicha omisión.
En la fase testifical, la instructora del Grupo VI de Homicidios explicó que, según los primeros testimonios en el lugar de los hechos, un grupo de personas se presentó en la vivienda de los acusados tras conflictos previos, siendo recibidos con disparos desde el interior.
En la inspección ocular se documentaron impactos y se recogieron pruebas balísticas, incluidas al menos siete cartuchos y manchas de sangre.
La investigación dio un giro tras la declaración de un testigo independiente, un repartidor que se encontraba en el edificio. Este observó cómo varias personas se acercaban a la vivienda gritando nombres, y tras un breve intercambio de palabras desde un balcón, las ventanas se cerraron.
Moments después, vio cómo un brazo salía por una ventana y comenzaron los disparos. También afirmó haber escuchado proyectiles pasar sobre su cabeza y haber presenciado la caída de una persona antes de huir del lugar.



