La RAE explora nuevas fronteras gracias a la inteligencia artificial.


En 2019, Santiago Muñoz Machado, director de la RAE, presentó por primera vez LEIA (un hermoso acrónimo de Lengua Española e Inteligencia Artificial). Este ambicioso proyecto tenía como objetivo enseñar a las máquinas a comunicarse correctamente en un contexto en el donde pocos pensaban en ellas, convirtiéndose en uno de los grandes fines de la institución desde entonces. Muñoz Machado logró involucrar a las principales empresas tecnológicas en la iniciativa, que ahora toma una nueva dirección. Con este logro (la RAE ha colaborado incluso en la formación de teclados predictivos de Google o Microsoft, como ejemplo), la Academia busca utilizar ahora las máquinas para potenciar sus capacidades. Han desarrollado diversas herramientas que se lanzarán al público pronto y que ya están operando internamente en la institución desde hace semanas. En palabras de Muñoz Machado: «Estamos decididos a subirmos a los hombros de ese gigante».

¿Cuál es el siguiente paso? La propia LEIA se presentó en un vídeo proyectado en la Docta Casa: «Estoy entrenada con siglos de sabiduría en nuestra lengua y millones de conversaciones. Y sabéis qué? No quiero corregiros, quiero entenderos, seguir comprendiéndoos, porque lo que decís y cómo lo decís también forma parte de lo que somos. Vosotros habláis, la RAE os escucha y trabaja para preservar la unidad en la diversidad. Y yo aprendo. Queridos humanos, bienvenidos al futuro del español. Uno en el que nos entendemos aún mejor».

Luego vino la presentación de nuevas herramientas. La gran novedad es el Observatorio de Palabras, que, mediante inteligencia artificial, podrá analizar un millón de formas al día y seleccionar las palabras o expresiones no presentes en el Diccionario de la RAE. Estos términos pueden incluir neologismos, derivados, tecnicismos, regionalismos y extranjerismos.

Las fuentes de datos provienen de las redes sociales (principalmente X) y de la versión digital de los grandes periódicos de España y América Latina, a los que la RAE ha solicitado permiso. «El Observatorio nos permitirá analizar en semirrealidad las nuevas palabras que se están utilizando», destaca Asunción Gómez Pérez, académica experta en IA y responsable de LEIA. Además, proporciona evidencia estadística de lo que se está estudiando: muestra el número total de apariciones de una palabra en un período temporal, su frecuencia de uso, su dispersión geográfica… De repente, el radar de la RAE alcanza niveles impensables antes de la IA, tanto en precisión como en extensión y velocidad. «Con esto entramos en una nueva escala», subraya Gómez Pérez, insistiendo en que la IA puede ayudar al análisis del idioma. No todo será apocalipsis climático y laboral.

Por el momento, esta aplicación, al igual que el resto de las presentadas, está funcionando solo de forma interna, aunque todas tendrán su versión pública y gratuita a través del portal LEIA, una suerte de nube que albergará todas sus aplicaciones, y que se podrá acceder desde la web de la RAE. ¿Cuándo estará disponible? «Próximamente».

La intención, claro está, es que el Observatorio sirva a los lexicógrafos, no que los sustituya. Ellos elegirán las palabras y decidirán cuáles merecen ser estudiadas, destacadas y explicadas al hablante a través del portal. Aquí pueden estar ‘random’ o ‘pódcast’, por poner dos ejemplos. El Observatorio ofrecerá datos sobre términos de uso actual con comentarios provisionales, ya que, al no figurar algunos de ellos en las obras académicas, podrían modificarse en el futuro. La presencia de una palabra en la parte pública del Observatorio solo indica que ha sido detectada y está en estudio.

Como siempre, serán las comisiones y el pleno de la RAE, así como las academias americanas, las que decidirán qué palabras entran finalmente en el Diccionario de la Lengua Española. La máxima es: todo está supervisado, no hay nada automático donde la IA tome decisiones.

Esta es solo la primera versión del Observatorio. Quién sabe si en el futuro la herramienta permitirá identificar nuevos usos de palabras ya existentes y registradas en el diccionario: la posibilidad tecnológica existe. Es cuestión de tiempo… y de dinero. Estas herramientas se han financiado con los fondos Next Generation de la Unión Europea a través del Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública. La asignación ha sido de cinco millones de euros.

Hay otra herramienta que ayudará a los académicos a comprender mejor la lengua: el Recopilador de la Diversidad Lingüística del Español, que funciona al revés que el Observatorio. La RAE solicita a los hablantes que compartan qué palabra utilizan, por ejemplo, para referirse a las botas de agua o al flash (el helado de hielo). Es una aplicación interactiva con retos o preguntas. Ya hay quinientos diseñados. Además, habrá versiones especiales para Navidad o verano, momentos que tienen un vocabulario específico y variable según la región. El objetivo es captar información de esas palabras cotidianas que raramente aparecen en los medios de comunicación. Por supuesto, lo primero que te preguntará la aplicación al ingresar es: ¿en qué lugar aprendiste a hablar español?

En la Academia ya han puesto a prueba esta aplicación en un ‘datatón‘ (maratones de recopilación de datos) con mil quinientos niños de quinto de primaria. Una de las principales preocupaciones ha sido garantizar la accesibilidad. Todas las aplicaciones están diseñadas para ser intuitivas. «La participación ciudadana es clave en este componente del proyecto», subrayan.

Más novedades. La RAE ha desarrollado un verificador lingüístico capaz de detectar errores ortográficos, sintácticos, léxicos y morfológicos en un texto dado. Pero eso no es todo: sugiere correcciones y proporciona una explicación del error con enlaces a la doctrina de la RAE que se sigue. Quizás los días del laísmo han llegado a su fin…

La IA también ayudará a los expertos de la RAE a resolver más rápidamente las dudas de los hablantes. Hasta ahora, podían plantear sus preguntas a través de X, donde recibían una respuesta, o mediante el formulario de la RAE. Ahora, los lingüistas contarán con una IA que clasifica las dudas por tipo (léxica, morfológica, sintáctica, etc.) y que, además, les sugiere las tres respuestas más adecuadas basadas en preguntas similares anteriores. Esto agilizara el trabajo. «Para nosotros supone la posibilidad de rescatar de ese repositorio respuestas ya ofrecidas en estos veintisiete años de trabajo. Así, en menos tiempo, podremos contestar a esas consultas recurrentes. Y a los usuarios les permitirá, mediante un buscador de preguntas-respuestas, obtener respuestas a preguntas idénticas realizadas anteriormente», explican desde la institución.

En la parte pública, el usuario podrá introducir su duda en un buscador con sistema de autocompletado, y la herramienta buscará esa consulta o consultas similares entre las ya respondidas para ofrecer la información solicitada. Si el sistema no tiene una respuesta exacta a la pregunta formulada, el consultante podrá enviarla a la RAE para recibir una respuesta personalizada.

Y hablando de repositorios: finalmente, la RAE ha completado la digitalización de sus célebres fichas. Gracias a la IA, se han trasladado a la nube las 800.000 fichas de punto rojo, donde se anotaba el primer uso conocido de las palabras. Muchas eran manuscritas, lo que complicó el proceso. Se podrán consultar a través de un visor en el portal LEIA: la digitalización incluye la imagen de la ficha en formato digital y la extracción de su contenido.

Con este último impulso, los once millones de fichas de la Academia han sido salvadas de los riesgos del papel. Ahora forman parte de esta nueva dimensión en la que la RAE ha ingresado, que a partir de ahora observará 365 millones de palabras cada año.

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