La reciente controversia de Juan del Val: literatura “accesible para todos” frente a literatura “exclusiva para la élite” | Cultura
¿Literatura para las masas o para las élites intelectuales? Juan del Val, escritor y polemista conocido no solo por su obra literaria, sino también por su participación en la tertulia de El hormiguero de Pablo Motos, y esposo de la presentadora Nuria Roca, ha sido galardonado con el Premio Planeta, el máximo reconocimiento de la literatura en español, dotado de un millón de euros. En la ceremonia de entrega, celebrada la noche de este miércoles en Barcelona, Del Val abordó un tema polémico, que evoca la eterna discusión entre la alta y la baja cultura, una dicotomía que la posmodernidad (y el propio Premio Planeta) ha cuestionado.
“Se escribe para la gente, no para una supuesta élite intelectual”, sostuvo el premiado. “Quiero agradecer a Planeta por convertir la literatura en un evento popular. La comercialidad y la calidad son los pilares de este premio. Separar ambos conceptos es desmerecer a la audiencia”.
En los últimos años, el Premio Planeta ha suscitado controversia por su apuesta por autores comerciales, muchos de ellos provenientes del mundo televisivo, como Del Val o Sonsoles Ónega, quien ganó en 2023. Parte del público literario recuerda con melancolía tiempos en que el premio se otorgaba a escritores considerados literarios: desde Eduardo Mendoza hasta Rosa Regás, pasando por Juan José Millás, Soledad Puértolas, Antonio Muñoz Molina, Juan Marsé, e incluso dos laureados con el Nobel: Mario Vargas Llosa y Camilo José Cela.
Recientemente, el palmarés ha privilegiado ese tipo de literatura considerada comercial, salvo en 2019, cuando, sorprendentemente, Javier Cercas, de la esfera literaria, se alzó con el galardón y Manuel Vilas quedó como finalista. “Cada siete u ocho años”, señala Vilas, “el Planeta elige escritores de verdad. Ya es hora de otra ronda. Propongo a Sara Mesa y David Uclés. La buena literatura se sostiene por sí misma. El Quijote y Cien años de soledad son tanto obras literarias como populares. La popularidad es un atributo de la gran literatura, y la comercialidad es un concepto absurdo aplicado a este ámbito”. Cercas también ha compartido su opinión: “Solo hay dos tipos de literatura: la buena y la mala; todo lo demás son palabras vacías”.
¿Cuál es, entonces, la diferencia entre lo comercial y lo literario? Una primera aproximación podría basarse en que lo literario concibe la literatura como una forma de arte, mientras que lo comercial se enfoca más en el entretenimiento. “No busco transmitir un mensaje con mi novela. Lo que ofrezco es una forma de entretenimiento a través de la emoción. No aspiro a trascender con un mensaje”, expresó Del Val durante la rueda de prensa posterior al premio, ilustrando este punto. Las intenciones se reflejan en el estilo: la novela literaria busca desplegar un estilo poético (sea cual sea su forma), mientras que la comercial se interesa por “enganchar” al lector mediante una trama emocionante. Estilo versus trama.
“La literatura comercial replantea modelos ya conocidos, esta familiaridad puede atraer a un amplio público, pero por ello a menudo no aporta nada a la historia de la literatura”, señala Antonio Monegal, catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada en la Universidad Pompeu Fabra y autor de Como el aire que respiramos. El sentido de la cultura (Acantilado), entre otros. “Sin embargo, todo es literatura: el ecosistema literario es muy diverso y cada parte cumple su función. Yo soy un gran admirador de las novelas policiacas de Georges Simenon, aunque sé que no se merecería un premio Nobel”, agrega.
La distancia entre el último Nobel, László Krasznahorkai, y el reciente Premio Planeta, Juan del Val, ilustra bien esta diferencia. El húngaro ofrece una literatura densa y, en ocasiones, experimental, un laberinto en el que solo se aventuran los lectores más audaces, a diferencia de Del Val, quien atrae al gran público. Los autores comerciales son respaldados por las masas, mientras que los literarios son validados por un núcleo de lectores cultos, la crítica y la academia. Aquí es donde entra la distinción cultural que propuso el sociólogo Pierre Bourdieu: poseer gustos refinados sirve para diferenciar a aquellos que buscan un estatus superior en términos de capital cultural. En la actualidad, los denominados omnívoros culturales, según Richard Peterson, consumen todo tipo de literatura: desde un clásico como Marcel Proust hasta una novela de ciencia ficción más accesible. La discusión persiste, ya sea en la afluencia de público en la Feria del Libro (donde los comerciales dominan) o en las controversias recientes entre poetas literarios y la avalancha de jóvenes poetas naif que, llegada de internet, han vendido decenas de miles de poemarios (algo poco común), alterando el panorama poético.

Aunque, como menciona Monegal, hay un área intermedia. “Gabriel García Márquez era un autor de masas y su legado es monumental”. No se puede afirmar que los ganadores literarios anteriores del Planeta (Millás, Pombo, Muñoz Molina o Torrente Ballester) fueran autores ‘malditos’ del underground; su éxito también fue significativo. Actualmente, David Uclés está cosechando un notable éxito con su obra muy literaria, La península de las casas vacías (Siruela), que fusiona el relato histórico y el realismo mágico sobre la Guerra Civil española. “No es lo mismo un fenómeno editorial que uno literario”, indica Uclés, quien recibió este consejo de Iñaki Gabilondo. “El primero se refiere a crear una obra diseñada para ser muy vendida, mientras que el segundo tiene detrás un sólido trabajo literario y, de pronto, se vende mucho. Me preocupa que los críticos me ignoren por el éxito en ventas sin haberme leído. Creo que este éxito puede alejarme de ciertos premios”.
Desde una perspectiva empresarial, estos dos mundos, comercial y literario, están separados desde su concepción. Los grandes grupos editoriales manejan tanto sellos de corte comercial como literario, y el libro físico mismo indica al lector lo que puede esperar. Las colecciones literarias suelen presentar diseños sobrios y elegantes, mientras que un libro pensado como best seller es más voluminoso, con letra más grande, tapa dura y portadas coloridas, a menudo con títulos dorados y en relieve. La diferencia es palpable. La novela literaria aspira a conectar con el público lector ya establecido, aquel que es experto en la lectura. Por otro lado, los textos comerciales buscan atraer nuevos públicos (que podría ser su mayor fortaleza): el Premio Planeta es un criterio que muchos no iniciados en la literatura usan para elegir un libro para regalar. Si es el Planeta, debe ser bueno: es garantía de no fallar. Más aún si el autor es famoso.
“Es curioso que estas distinciones nos sorprendan más en la literatura que en el cine”, señala Monegal. Cita a directores de gran relevancia que son muy minoritarios, como Béla Tarr (cuyo guionista es el Nobel Krasznahorkai) o Abbas Kiarostami, pero también menciona que a Steven Spielberg, creador de exitosas películas para el gran público, no se le niega su mérito. Sin embargo, vuelve a surgir el tema de la trascendencia: “Probablemente, Spielberg no ocupará el mismo lugar en la historia del cine que Buñuel o Fellini”, concluye Monegal.



