La sentencia contra el fiscal presagia la confrontación electoral en Madrid | Noticias de Madrid
Isabel Díaz Ayuso emplea en sus discursos varios nombres propios recurrentes, entre los cuales no figura Alberto Núñez Feijóo, el líder de su partido. Ni siquiera lo menciona al hablar de las elecciones generales o asuntos de carácter nacional. La presidenta de Madrid es única, con una naturaleza diferente a la de sus compañeros del PP. Se alimenta a sí misma de tal manera que no permite la entrada de nada más. Es ella, en solitario, contra todo y contra todos.
Ese enfrentamiento puede resumirse en una sola figura: Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Gran parte de la política nacional se centra en la confrontación entre la presidenta de Madrid y el presidente del Gobierno. Ayuso entendió desde el principio que su esencia política cobra sentido al contrastar con la del líder socialista. Sabe que sus seguidores sienten urticaria al ver a Sánchez. Por su parte, la izquierda retrata a Ayuso como el emblema de las privatizaciones y el deterioro de los servicios públicos.
No es sorprendente que el principal enfrentamiento político en España se libra en Madrid. Excluyendo al alcalde, José Luis Martínez-Almeida, y con Feijóo en un segundo plano, la batalla política y cultural entre PP y PSOE ha echado raíces en esta ciudad. El juicio en el que fue condenado el fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, ha representado un choque brutal entre dos posturas irreconciliables. Una historia de fraude fiscal, togas y conspiraciones que ha sacudido los cimientos del Estado.
El caso del fiscal general no refleja la realidad, sino lo que se puede comunicar sobre ella. Y en ese terreno es complicado doblegar a Ayuso. La presidenta y su principal asesor, Miguel Ángel Rodríguez, MAR, supieron anticipadamente que se haría pública la imputación de su pareja, Alberto González Amador, por dos delitos fiscales que, en conjunto, superaban los 300.000 euros. MAR filtró a medios de su confianza que la fiscalía había propuesto un pacto a González Amador, que luego fue retirado “por órdenes de arriba”. Sutilmente, insinuaron que era una operación política contra la presidenta.
Esa información resultó ser falsa, como ha admitido MAR en su declaración como testigo en el Supremo. Sin embargo, contribuyó a forjar un relato de persecución que se arraigó. El correo del abogado de González Amador reconociendo los delitos que salió a la luz era, según Ayuso y MAR, parte de un complot contra ella, señalando directamente al fiscal. No existe una prueba concluyente que demuestre de manera irrefutable quién fue el responsable de esa filtración, lo que ha sido ignorado. El relato de Ayuso ha prevalecido, a la espera de recursos y ver si el asunto termina en el Constitucional. En cualquier caso, ha logrado que se condene a un fiscal general por primera vez en la historia de España.
Sánchez es consciente de que se juega mucho en Madrid. Por eso ha elegido para hacer frente a Ayuso en las próximas elecciones a alguien como Óscar López, un destacado integrante del PSOE. Ha sido su jefe de Gabinete y actualmente es ministro, lo que le proporciona una plataforma para retar a la presidenta, que en estos momentos es una de las figuras más relevantes del PP. Y, además, la más polarizadora. López respondió con ese mismo arsenal a las pocas horas de conocerse la condena: “Este fallo lanza un mensaje desolador: no te atrevas a tocar a Ayuso, no te atrevas…”. En contraste con el tono más comedido del ministro de Justicia, Félix Bolaños, La Moncloa ha designado a López como el encargado de transmitir los mensajes más críticos del Gobierno respecto al fallo del Tribunal Supremo.
Ayuso no escapa de la crispación; al contrario, la alimenta. En esta ocasión, no fue diferente. El viernes apareció en la sede del Gobierno de Madrid con un aspecto sobrio. La gente esperaba verla abrir una botella de champán al recibir la noticia, pero, según su equipo, la recibió con tranquilidad, sin demasiados gestos. Finalizó la reunión en la que estaba, en el salón institucional de la Puerta del Sol, y se recluyó en su despacho para leer noticias e intercambiar WhatsApp.
Esa misma contención la mostró ante los periodistas. (Quizás sea la paz que da el éxito). No se le movió una ceja mientras leía en un teleprompter un discurso que “elaboró ella misma”, según dicen en su entorno. Ayuso presentó un dictamen absolutista: “No es el fiscal general del Estado, sino Pedro Sánchez quien se ha sentado en el banquillo de los acusados. (…) Estos hechos son propios de una dictadura”. Al poco, utilizó una frase casi idéntica a la de una leyenda del PSOE: “España no se merece un gobierno que les mienta”. La pronunció Alfredo Pérez Rubalcaba el 13 de marzo de 2004, dos días después de los atentados de Madrid, para enfatizar las mentiras del Gobierno de José María Aznar. En los días posteriores, esa frase fue clave para que el PP perdiera las elecciones generales. Ayuso, según su equipo, se apropió de esas palabras intencionadamente, pues quiere que a Sánchez le suceda lo mismo, que caiga lo antes posible.
La discusión en torno al fallo sigue activa y no cesará en las próximas semanas. En el Gobierno de Sánchez no logran asimilarlo. Aceptan la derrota a regañadientes. Temían una condena, pero la falta de pruebas les llevó a pensar que la sensatez prevalecería. “Cuando escuché el fallo sentí desolación, hartazgo, descreencia”, afirmó Óscar López en la cadena SER. “Si son capaces de condenar a alguien sin pruebas, ¿qué es lo siguiente?“.
Ayuso ha reafirmado su habilidad para escapar, tener múltiples vidas. Hay un precedente. En 2022, el entonces líder de su partido, Pablo Casado, estuvo a punto de desvelar que su hermano recibió una comisión de 240.000 euros por la venta de mascarillas en el periodo más crítico de la pandemia. MAR se adelantó y lo presentó como un caso de espionaje en contra de Ayuso orquestado dentro de su propio partido. Casado acabó dimitiendo. Lo que ha sucedido recientemente tiene una magnitud mucho mayor. Lo que en un principio era una investigación sobre su novio se ha transformado en un escándalo que ha llevado al fiscal general a renunciar. Hoy, en medio de la confusión, cuenta sus batallas como triunfos.



