Las ferias campesinas: de evento nacional y espacio de innovación arquitectónica a la amenaza de extinción | Cultura
Diego Aparicio López, delegado en la Obra Sindical de Colonización, fue quien, a comienzos de 1948, en plena dictadura franquista, propuso la celebración de las ferias del campo español en el mismo lugar que los ganaderos habían utilizado desde los años veinte hasta la caída de la monarquía en 1931. Los terrenos adyacentes al río Manzanares y al lago de la Casa de Campo se plantearon como un escenario ideal para que las diversas regiones de España exhibieran su agricultura y ganadería. Las autoridades del régimen deseaban proyectar una imagen que ocultara el desabastecimiento y racionamiento que se sufría luego de la Guerra Civil. La arquitectura debía ser la carta de presentación de la economía rural, y para ello se recurrió a arquitectos que poco tenían que ver con el casticismo y provincialismo predominante. Jaime Ruiz y Francisco de Asís Cabrero fueron los principales arquitectos, junto a otros destacados como Miguel Fisac, Alejandro de la Sota, José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún. Todo esto se narra en la exposición Las ferias del campo. Paisajes y arquitecturas modernas en la Casa de Campo, que se puede visitar hasta el 11 de enero en el museo ICO, en Madrid.
José de Coca Leicher (Madrid, 60 años), arquitecto, profesor y autor de numerosos libros, incluida su tesis doctoral sobre las ferias del campo, es el comisario de la exposición. Está convencido de que muchos españoles mayores recuerdan el impacto de cada edición de aquellas ferias, pero asegura que la inmensa mayoría desconoce lo que sucedió entre las ruinas y pabellones medio abandonados que aún perduran en la Casa de Campo de Madrid.
Durante un detallado recorrido con el comisario, el experto explica que el concepto de la exposición busca recuperar para la memoria colectiva el hecho arquitectónico ocurrida en Madrid a lo largo de 25 años: desde 1950 hasta 1975, año en el que falleció Franco. Las ferias se realizaban cada dos o tres años y eran un evento de gran magnitud a nivel nacional. Aquellos que no podían asistir las seguían a través de la radio, la prensa y los noticiarios del No-Do, un recurso sonoro que acompaña al visitante a lo largo de toda la exposición.
La narración de la exposición es cronológica y abarca tres ámbitos. En el primer capítulo se presentan los orígenes y se describe las ferias de ganaderos promovidas por Alfonso XIII y Primo de Rivera, que comenzaron en 1922 en una Casa de Campo aún perteneciente a la Corona y se extendieron hasta 1931, cuando la República abrió el parque a todos los madrileños.
El segundo gran espacio está dedicado a las ferias, su paisaje y arquitectura. A través de más de 300 piezas que sustentan la exposición (planos, maquetas, dibujos, fotografías, libros, instrumentos técnicos), el comisario ha armado un puzzle que revela el conjunto de 115 pabellones rescatados del olvido y una selección de los más relevantes por su valor arquitectónico y modernidad. “De los 127 existentes en 1977, han llegado hasta nosotros el trazado paisajístico y 61 pabellones y elementos originales en diferentes estados de conservación”, señala De Coca.
El comisario también es responsable de un montaje que permite que la visita transcurra bajo un cielo azul, rodeado de los verdes pinos y el rojo del ladrillo, el material predominante en una época en la que no se introducían en España materiales costosos (acero, hormigón).
La parte central de este ámbito se dedica a lo que el comisario considera la joya de la feria: la plaza circular. Para De Coca, su importancia radica en su originalidad y en su gran ambición arquitectónica y artística. Las formas resultan de la escasez de materiales y de la adopción de un sistema constructivo recuperado por el arquitecto Luis Moya de la tradición española y de edificios romanos. Las dos paredes interiores y los siete vanos del atrio se decoraron con murales de los artistas Antonio Lago, Carlos Pascual de Lara y Antonio Rodríguez Valdivieso. Ante la recreación de aquellas pinturas perdidas, el comisario sostiene que es una obra que nos orienta hacia la abstracción del arte de posguerra. “Los paisajes, inspirados en las obras de Matisse y las representaciones biomórficas de Jean Arp, se combinaban libremente. Las formas redondeadas representaban nubes mediante superposiciones de tonos azules y blancos, y la vegetación, con colores terrosos y verdes, se animaba con trazos y caligrafías”.

¿Hubo enfrentamientos entre los arquitectos y los jerarcas del régimen que supervisaban las ferias? José de Coca considera que las cámaras sindicales, responsables del pago de los pabellones provinciales, no deberían haber planteado grandes conflictos, siempre que los costos fueran discretos. Y la consigna del régimen parecía ser mostrar una cierta modernidad.
A partir de 1953, cuando comenzaron a participar pabellones extranjeros, esa modernidad dejó de ser cuestionada. Entre las contribuciones internacionales a la feria, destaca el pabellón USA, diseñado en 1959 por los arquitectos Harnden y Bombelli para el Departamento de Agricultura. Se trataba de un pabellón desmontable, cubierto con una red espacial de tetraedros de barras de acero, sustentado sobre ocho columnas de hormigón, con espacios creados por los propios contenedores de transporte. En 1965, Alemania diseñó un pabellón con estructura de madera laminada y uniones metálicas, un sistema casi desconocido en España, proyectado por Herbert Becke. El último pabellón extranjero fue el de Argentina, en 1968, obra del arquitecto y artista Clorindo Testa.
El futuro
De Coca ha estado directamente involucrado en la restauración de varios de los edificios del recinto, así como en la elaboración de un plan especial que establece su protección. “Todos los edificios están catalogados y protegidos. Y ese trabajo también nos permite plantear qué hacer, así como el presente y futuro del recinto”, argumenta. Actualmente, solo algunas de sus construcciones están en uso, como el pabellón de la Pipa, destinado a la Policía Municipal. Otros están en proceso de rehabilitación, mientras que algunos permanecen a la espera. La propiedad es del Ayuntamiento de Madrid y no se conoce ningún plan del equipo del alcalde, José Luis Martínez-Almeida, para este importante conjunto. Su antecesora, Manuela Carmena, tenía un proyecto para desarrollar actividades culturales, pero quedó en el olvido.
José de Coca Leicher tiene claro que destinaría el recinto a la celebración de bienales de arte y arquitectura. El pabellón de Cristal, que aún se conserva, fue sede de algunas de las primeras ediciones de Arco (la Feria de Arte Contemporáneo de Madrid). Aquí podría seguirse el ejemplo de los Giardini venecianos, donde se alternan ferias de arte y arquitectura.
Al final de la visita, el público podrá disfrutar de un trabajo audiovisual del arquitecto Luis Asín. La cámara captura los vestigios de lo que fueron las ferias del campo, un paisaje abandonado donde acacias, álamos y cipreses se mantienen en pie entre las ruinas.


