Las multitudes tras el cierre de la línea 6 obligan al Metro a invertir miles de euros en recursos para gestionar el flujo de pasajeros | Noticias de Madrid


El Metro de Madrid requiere 500 nuevas barreras de dos metros cada una para gestionar el flujo de viajeros causado por el cierre parcial de la línea 6 debido a obras, así como por la instalación de equipos de refrigeración en los andenes. Esta justificación, documentada en el contrato correspondiente, consultado por EL PAÍS, revela con un lenguaje burocrático las dificultades que enfrenta la compañía para manejar las obras que afectan a la línea con mayor número de pasajeros, que se espera que tenga alrededor de 116 millones de viajeros en 2024. De hecho, Metro ha desplegado a 120 trabajadores para dirigir el tránsito de usuarios, ha cortado puntualmente el acceso a andenes y se ha encontrado con mañanas colapsadas de trenes, clientes frustrados y protestas en redes sociales.

“Ha habido un aumento en la necesidad de materiales 12008 [barreras con cintas que se tensan hasta dos metros, como las de, por ejemplo, los aeropuertos] y 12022 [soportes de pared con cinta retractil] por parte del Área de Gestión Operativa de Metro de Madrid debido a la interrupción de servicio en la Línea 6 y la instalación de equipos de refrigeración en los andenes por el Plan de Altas Temperaturas”, se destaca en la documentación del contrato, que estima una inversión de 107.925,71 euros.

Así, la compañía sostiene que los materiales de la licitación, que también abarcan carteles para informar a los viajeros y sus caballetes, “son esenciales para garantizar una adecuada gestión del espacio público en las estaciones de Metro de Madrid, contribuyendo tanto a la seguridad como a una comunicación eficaz con los usuarios”. Su objetivo, se argumenta, es “facilitar la canalización ordenada de flujos de viajeros, delimitar áreas de acceso restringido y asegurar una difusión clara y visible de información operativa relevante, particularmente en situaciones de incidencia o modificación del servicio habitual”.

De este modo, para gestionar el caos de la hora punta se requieren 500 barreras, 300 portapancartas y 120 soportes de pared, entre otros materiales.

¿Cómo se ha llegado a esta situación? A finales del verano, comenzó el cierre de 15 estaciones de la línea 6, la más transitada de la red. El tramo en obras no reabrirá hasta el 1 de enero de 2026. El objetivo es construir la primera línea automatizada del metro capitalino.

Desde entonces, los estudiantes, profesores y personal administrativo que deben acudir diariamente a la Universidad Complutense o la Politécnica han experimentado el caos, al igual que los residentes de la zona. Muchos optaron al inicio del curso por caminar durante casi veinte minutos hasta su destino, debido a las largas colas para abordar uno de los autobuses de sustitución que conectan el intercambiador de Moncloa con la Ciudad Universitaria. Tras negar cualquier problema, el gobierno anunció a principios de octubre nuevas lanzaderas para conectar la estación de Moncloa con las universidades.

Que la situación que atravesaban los viajeros había superado las expectativas del gobierno quedó claro con dos cosas. Primero, el anuncio lo realizó la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso. Segundo, se disculpó.

“Hay muchas obras en curso, el último trimestre del año es especialmente activo en Madrid… Y por ello pedimos disculpas desde todas las administraciones porque la situación que se está generando es difícil de gestionar, pero es muy temporal”, expresó en la Asamblea regional.

Esta intervención no es la única que refleja que la situación está desgastando al gobierno autonómico, entre otras razones porque el ministro de Transportes, Óscar Puente, retrata la situación diariamente en su cuenta de X (antiguo Twitter). Otro indicio es que el consejero delegado de Metro, Ignacio Vázquez, un político del PP que llegó a ser alcalde de Torrejón, ha reactivado su actividad en redes sociales para defender su gestión; criticar la de Puente en Cercanías (acusándole de contribuir a los retrasos y cancelaciones que alimentan el número de pasajeros en Metro); y desmentir que la compañía esté utilizando “empujadores” para asegurar que los trenes alcancen su capacidad máxima.

“No, no son empujadores y están ahí para ayudarte”, se puede leer en la cuenta de la empresa. “Organizan los flujos y ayudan a que la gente se distribuya a lo largo del andén y en los trenes”.

Pronto contarán con el material que la compañía desea adquirir para apoyarlos en su labor. Esto es un claro indicativo de que las aglomeraciones de pasajeros no disminuyen, y de que podrían persistir por un tiempo: Metro, que está ampliando su red con obras en las líneas 5 y 11, por ejemplo, prevé necesitar este material durante los próximos dos años.

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