Las reformas en la plaza de la Villa que perjudican las ventas de quince conventos en España: «Es como desaparecer»


A las 10 en punto, como ha sido su rutina diaria durante más de diez años, Isabel levanta la persiana de su local en una pequeña calle que desemboca en la plaza de la Villa. Mientras pulsa el botón, esta mujer dialoga con un obrero sobre la altura que debe alcanzar la persiana para no interferir con el trabajo de estos obreros en la fachada del edificio. El Jardín del Convento es la única tienda en la capital dedicada exclusivamente a la venta de dulces de conventos de toda España y está junto al monasterio Jerónima del Corpus Christi, el cual está siendo rehabilitado externamente desde octubre, complicando sus ventas en una época crucial para el negocio.

Al abrir su establecimiento, coloca un pequeño cartel al pie del andamio, sumándose a las dos lonas a los lados de la estructura de trabajadores, lo que considera su única manera de atraer la atención. «Es como si hubiéramos desaparecido», se lamenta la dueña del local anexado al monasterio en obras mientras prepara todo y aguarda la llegada de los clientes. Según han confirmado a este medio las hermanas del convento de Las Carboneras, este complejo, que data de 1607, está en proceso de mantenimiento del exterior. Aunque Isabel indica que las obras durarán hasta marzo, para finalizar antes de las procesiones de Semana Santa, las monjas «desconocen» cuándo concluirán esta tarea.

El negocio comenzó a funcionar, «poco a poco y con mucho trabajo», hace unos años, cuando la dueña, graduada en Periodismo y estilista de profesión, se quedó sin empleo. «Buscaba un local y llamé a este lugar sin saber que era la parte trasera del monasterio. Al final resultó perfecto porque ellas también buscaban un negocio relacionado con su actividad», relata a ABC. Ahora, Isabel combina su trabajo en la tienda con su labor como estilista ‘freelance’.

Tras varios meses de trabajo en el local, buscando la decoración adecuada para este espacio y esperando la concesión de la licencia de actividad, Isabel logró abrir su negocio en 2010. «La estructura es del siglo XVII, y he querido decorarla como una farmacia antigua; de hecho, todos los muebles son de botica que evocan el siglo XIX francés», explica a este periódico. Así, El Jardín del Convento se ha convertido en el principal punto de venta de productos de monasterios y conventos de todo el país y la única tienda en Madrid dedicada exclusivamente a ello.

Calcula pérdidas del 30% solo el pasado mes de octubre, cuando comenzaron las obras en el monasterio, y noviembre fue peor

Mazapanes del convento de Toledo, elaborados por las monjas dominicas; mermelada artesanal hecha por monjes cistercienses de Santa María de Huerta en Soria; dulces elaborados a mano en el monasterio de Santa Paula en Sevilla; y yemas amasadas por las clarisas de Badajoz son solo algunos de los productos que Isabel encarga semanalmente. «Al final no trabajan con mucho ‘stock’ y la comunicación entre nosotros es continua», enfatiza Isabel, quien añade que la preocupación por las ventas en la tienda no es solo suya, sino también de estos espacios monásticos. «Realizamos un trabajo significativo con ellos, porque muchos de estos lugares se encuentran en zonas apartadas, y si no fuera por esta tienda, solo venderían dos bolsas de magdalenas a la semana», señala.


Isabel posa en el interior de su negocio, El Jardín del Convento


IGNACIO GIL

Mientras El Jardín del Convento enfrenta este problema en el Madrid de los Austrias, el efecto dominó de esta situación se siente a casi 300 kilómetros de distancia, en el convento de las Clarisas en la Siberia extremeña, donde 14 hermanas continúan realizando sus labores de repostería. «Nos alegra mucho recibir un pedido de Isabel. Su labor nos ayuda a cubrir bastantes gastos como la enfermería y la calefacción. Nuestra vida se basa en la oración, pero, como dice Santa Clara, debemos trabajar tanto como una ofrenda al Señor como para mantenernos», comenta a este diario Sor Miriam, madre superiora de este convento en Siruela (Badajoz).

«La situación es insostenible. Podemos estar un mes así, pero no mucho más tiempo»

Isabel Ottino

Dueña de El Jardín del Convento

En este pueblo, con apenas 1.700 habitantes, las visitas son escasas y solo ocurren en ocasiones especiales cuando alguien viene a ver el convento. «Muchos han emigrado en busca de nuevas oportunidades. Nosotras estamos aisladas, apenas hay carreteras, y no podemos limitarnos a vender tres o cuatro cosas. Los comercios que ofrecen nuestras magdalenas, bizcochos o mazapanes fuera son los que más nos apoyan», añade. Este convento de clausura ha enviado un escrito al Ayuntamiento de Madrid solicitando que se dé visibilidad al negocio de Isabel al incluirlo en la programación navideña de este año, ya que «muchos de nosotros dependemos de lo que ella venda».

Con esta responsabilidad en mente –este negocio colabora con una quincena de monasterios y conventos en todo el país–, Isabel ha mantenido reuniones con el ayuntamiento madrileño para pedir apoyo en esta situación excepcional. «Las monjas siempre me dicen que yo las impulso a ellas, pero ellas a su vez ayudan a los productores de almendras, azúcar… Si a mí me va bien, a todos ellos también», continúa.

Una época crucial

Los meses de octubre a diciembre son, según señala, el trimestre más crucial del año para su negocio. «En octubre registramos pérdidas del 30 por ciento. Esto es insostenible; podemos aguantar así un mes, pero no mucho más», denuncia la dueña, quien enfatiza que si las obras se hubieran realizado en verano, las consecuencias habrían sido diferentes.

Este periodo, según estimaciones de Asempas (Asociación Empresarial de Pasteleros y Panaderos de la Comunidad de Madrid), se espera que el sector venda 1,4 millones de kilos. También se anticipa que la región será una de las que verá un aumento significativo en el gasto, un 37 por ciento, impulsado por la mayor frecuencia de compra y la importancia de la gastronomía en celebraciones.


Andamios en la calle del Cordón


IGNACIO GIL

«Sigo pagando los salarios de mis empleados, las cuotas de la Seguridad Social, mi cuota de autónoma, mis impuestos trimestrales, el alquiler… Todo sigue igual, y no encuentro ninguna opción que considere esta situación», se lamenta.

«La labor de esta tienda nos ayuda mucho porque tenemos que hacernos cargo de gastos como la calefacción o la enfermería»

Sor Miriam

Madre superiora del convento de las Clarisas de Badajoz

«Pensábamos que estabais cerrados», dice una pareja que no encontraba la entrada de este negocio céntrico. Esta es, un día más, una de las conversaciones comunes entre la vendedora y sus clientes, conocidos generalmente. Los demás, entre obreros, andamios y el ruido de los martillos, no llegan a percibir que entre estos obstáculos se ocultan muchas de las delicias monacales de todo el país.

Los trabajos en el convento de Las Carboneras, según indica la dueña de la tienda, se alargarán hasta marzo

Aparte de este problema puntual, Isabel señala que se agregan los constantes cortes en la calle donde está su negocio cada vez que la comitiva de presidentes o reyes que llegan a la plaza de la Villa. «Hace dos semanas fue el presidente de Alemania, la semana pasada fue el de Portugal, hace dos fue el sultán de Omar, y por razones de seguridad me cierran el acceso a la tienda. Me apena que nadie haya considerado cómo estas situaciones impactan a los comercios», concluye.

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