Las sombras de la pobreza.
Un año más, el Ayuntamiento de Madrid y los de las grandes ciudades de esta región han iniciado la Campaña del Frío. Esta labor social suele comenzar con el encendido de las luces navideñas y las primeras noches frías.
El objetivo es evitar que las personas sin hogar duerman en la calle. Disponemos de dos albergues (Vallecas y Pinar de San José) donde, además de una cama, pueden asearse y recibir asistencia sanitaria y social.
El año pasado, este servicio fue utilizado por 1.630 personas, de las cuales 334 eran mujeres. En una etapa de mi vida, trabajé con este grupo de personas que, debido a enfermedades mentales, adicciones, problemas económicos o rupturas sentimentales, terminan en la calle con solo una bolsa como equipaje. Podría relatar la historia de muchos de ellos, algunos licenciados en derecho y otros con negocios prósperos que, poco a poco, se acercan al abismo y acaban en la miseria.
El trabajo con estas personas es extremadamente complicado y su recuperación es un gran reto, ya que la vida y la calle han desestructurado sus esquemas, y su comportamiento se aleja de lo que consideramos «normal», pues su mente opera de manera que quienes nos creemos «normales» no logramos entender.
En Madrid, se estima que hay 2.500 personas según los últimos estudios, que carecen de hogar, es decir, que duermen en la calle. Muchos de ellos son extranjeros, pero también hay quienes nacieron aquí, como dice un buen amigo, «en nuestra querida España».
Los trabajadores sociales merecen un reconocimiento especial, ya que son personas con una gran vocación de servicio que saben que van a ganar poco dinero y trabajar mucho, no siempre con resultados positivos. La frustración de no poder ayudar más a estas personas a menudo desbarata muchas ilusiones, y lo digo por experiencia.



