Lasai: la librería de dos ‘influencers’ surgida en TikTok que busca una conexión más auténtica | Gente
Al abrir el local, se enfrenta a una misión complicada. “¿Cuántos años tiene?”, pregunta Beñat Azurmendi (26 años, Sopelana) a una clienta que busca un libro para un recién nacido. “Pero si un bebé no sabe ni lo que son las formas”, bromea Azurmendi. A pesar de ello, tras un intenso debate, eligen un libro lleno de colores. En la librería Lasai de Madrid, no hay imposibles ni límites de edad. La evidencia está en los estantes vacíos que pronto serán repuestos. En nuestra visita, ha pasado solo una semana desde su apertura y ya han demostrado que los jóvenes leen tanto como los demás, y que la brecha entre influencers y libreros no es tan amplia como parece.
La socia de Azurmendi, la creadora de contenido Ariane Hoyos (26 años, Santurtzi), menciona que “la primera reacción de todos era decirnos que estábamos locos”. Tenían algo de razón. Entre 2022 y 2025, las librerías independientes disminuyeron de 2.977 a 2.754, según la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros. Sin embargo, la pareja de amigos estaba convencida de que podían cambiar la tendencia, ya que provienen de un entorno diferente: son parte del fenómeno de BookTok, donde influencers promueven literatura en las redes sociales. “La gente está leyendo más que nunca, incluidos los jóvenes”, sostiene Hoyos.
Desde la calle de la Magdalena 11, en pleno centro de Madrid, Lasai sirve como enlace entre el mundo virtual y las librerías tradicionales, entre el cliente habitual y la generación Z. Por las mañanas suena música ambiental del videojuego Animal Crossing; por las tardes, La rumba del perdón de Rosalía. Muchos lectores llegan con sus listas de deseos en Goodreads, la app de moda para registrar y reseñar libros leídos.
La librería se asemeja a un feed de Instagram convertido en tienda. “Nuestro objetivo nunca fue ser los mejores influencers ni hacer todas las campañas. Vivíamos en Madrid y nos dedicábamos a las redes, que es como el colmo del individualismo. Así que queríamos crear algo más real”, detalla Hoyos. La idea de la librería surgió incluso antes de que tuvieran perfiles reconocidos en redes (@arianehoyos, con 664.000 seguidores en TikTok y medio millón en Instagram; @benat_azurmendi, con cerca de 20.000 y 64.000).
Se conocieron mientras estudiaban Filosofía, Política y Economía en Bilbao. “En ese tiempo me di cuenta de que los libros eran mi vida y quería dedicarme a ello. En clase leíamos bastante, pero claro, leíamos a Platón”, recuerda Azurmendi. Después de clase, siempre pasaban por la librería Boulandier, un pequeño local de segunda mano. “Siempre fui muy lectora hasta que nos mudamos a Madrid, que lo perdí un poco”, añade Hoyos. “Éramos Beñat y yo solos contra el mundo. Él empezó a recomendarme autoras y volví a leer con frecuencia.” Al observar que su comunidad de seguidores crecía, decidieron compartir su amor por la literatura creando Aquí no hay quien lea, un club de lectura.
Las reuniones se realizaban en varias librerías de Madrid, y poco a poco comenzaron a bromear sobre tener la suya propia para hacerlas allí. “Les encantaba hacerlas y en la carrera de alguien con esos números en redes, el siguiente paso suele ser iniciar un negocio”, aclara Carla Lurqui (30 años, Blanes), responsable de la agencia b3hind, que los representa como influencers. Ella es la cabeza económica de Lasai y no dudó en convertirse en una de sus fundadoras. Durante el verano encontraron un local ideal y se pusieron en marcha para abrir antes de Navidad.
Desde entonces, los tres, junto a Paula, la librera que han contratado, han pasado horas preparando todo para el lanzamiento. Lasai se edifica sobre los gustos de tres lectores muy distintos. “Tenemos lo que nos gusta, editoriales más independientes, libros diversos, y eso es lo que define a una librería”, señala Azurmendi. Lurqui aporta la experiencia empresarial, admite que no lee más de seis libros al año y que su preferencia es la ciencia ficción; Hoyos es la más sociable, confiesa que se conforma con leer 14 libros y prefiere a autoras jóvenes españolas; y Azurmendi, que es el mejor recomendando libros, ha alcanzado este año los 100 y defiende siempre la novela europea. Sin embargo, a diferencia de las competiciones que surgen en redes sobre las listas de libros leídos, ellos promueven lo contrario.
“Cada uno tiene su propio ritmo de lectura y eso está bien”, opina Azurmendi. “En las redes hay un límite de un minuto para contar algo y necesitas hacerlo de manera atractiva. Aquí tienes todo el tiempo del mundo para hablar en profundidad y que interrumpan lo que sea”, añade Hoyos. De ahí proviene el nombre de la librería (lasai en euskera significa tranquilo) y su logo, un caracol. Quieren que sea un refugio de calma para escapar de la vida acelerada que imponen las redes sociales y las grandes ciudades como Madrid. Tanto para los lectores como para ellos mismos.
En su caso, les ha costado más encontrar ese equilibrio. Desde su apertura, pasan desde las diez de la mañana hasta las nueve de la noche en la librería y no han tenido tiempo para seguir con su actividad en redes. “Nos sacamos lo mejor cuando salimos de nuestra zona de confort. Ahora estamos superactivos y animados”, dice Hoyos. Una parte importante de sus clientes son sus seguidores, especialmente los fines de semana, pero se sorprenden al ver a los vecinos que se acercan. “Es una lección de humildad; muchas personas preguntan si esta librería es nuestra. Luego siguen a la librería en Instagram y se sorprenden con nuestro número de seguidores [casi 50.000]”, añade entre risas.

Planean acoger varios clubs de lectura —el próximo será Rizoma y se llevará a cabo el 19 y 22 de enero— y hasta entonces seguirán practicando su habilidad como libreros para recomendar el título perfecto a cada cliente. Azurmendi elige Cosita (Blackie Books, 2025), de Alba G. Mora, y Hoyos, Metafísica de los tubos (Anagrama, 2013), de Amélie Nothomb. “Ambas protagonistas son niñas, por ahora estamos muy conectados a la infancia”, añade Hoyos. “De pequeña era una gran lectora; me regalaban libros por las notas y siempre íbamos a la librería de Begoña. Mis padres eran del Círculo de lectores…”
— Creo que eso ya no existe, interviene Azurmendi.
— ¿Y eso? Podríamos iniciar uno, sugiere Lurqui.
— Definitivamente deberíamos hacer uno, concluye Hoyos.
Lo comentan entre risas, pero con ellos nunca se sabe.



