Los Caciques vuelven a la sala Siroco: Tres décadas de melodías y recuerdos en el Madrid de los años 90.
Luis de la Guardia (Madrid, 1966), compositor y voz principal (el front man, como se dice), que prefiere evitar etiquetas como “líder” y destaca la naturaleza coral de la formación en la que “cada miembro aporta su instrumento, su voz y su visión”, recibe a Madridiario, cómo no, en el propio escenario del Siroco. A las puertas de dos conciertos muy esperados en nuestra ciudad -ayer y hoy-, con la promesa de tocar su disco Por la Baranda en su totalidad y rescatar algunas joyas de sus inicios -“y algún guiño inesperado”-, charlamos con él sobre los orígenes del grupo, su forma de trabajar y este regreso que combina sorpresa, nostalgia y, ojalá, un futuro prometedor.
También por aquí andan, ajustando sus herramientas de trabajo, el resto de los músicos de esta banda tan singular y tan de Madrid: Xavier “Mon vieux” Novaes (Madrid, 1967), Quique “Enriquedíaz” y Cali Díaz (Madrid, 1967 y 1965, respectivamente), y Jesús Menor (Madrid, 1965). Me quedé con ganas de haber conversado un rato con ellos también.
Pregunta: Luis, ¿qué hacéis aquí a vuestra edad, treinta años después?
Respuesta: Nos contactó un megafan el año pasado para que hiciéramos un concierto privado en León, y allá que fuimos a finales de junio. Poca gente nos conocía allí, así que el reto fue aún mayor, y la verdad es que salió muy bien, lo que nos dio mucha confianza para este regreso. Con nuestras vidas tan variadas y, sobre todo, distintos lugares de residencia (Luis vive en Pontevedra y Xavier en París), reunirnos ha sido un logro adicional.
P: Luis, ¿cómo surgieron Los Caciques y qué artistas, géneros o experiencias han influido en vuestra música hasta ahora?
R: Surgieron de manera bastante espontánea… Yo tenía canciones y tocaba con muchos grupos en aquella época, y un día de 1991 me vine a tocar aquí con Xavier, que en ese entonces hacía el sonido de la sala, Quique y Cali, y algo debió de suceder entre nosotros que nos mantiene juntos hasta ahora. Y aquí estamos de nuevo. En Siroco no solo dimos nuestros primeros conciertos, sino que también fue nuestro primer local de ensayo. Respecto a los artistas que nos influenciaron, cada uno tiene sus favoritos, pero vivimos un periodo muy interesante en Madrid, con muchos conciertos y bandas de las que aprendimos. Aunque cuando salió nuestro disco, llegó un período difícil para la música que hacíamos, ¡no nos quitan lo bailao!
P: Veo muchas vivencias personales en vuestras canciones… ¿Cómo es tu proceso de composición? ¿Comienzas con letras, melodías, ritmos o con tus propias experiencias principalmente?
R: La verdad es que el proceso es muy intrigante y ahora, como psicólogo, me sorprende aún más. En esa época, las canciones surgían de forma bastante natural, sin tener que forzarlas. Buscaba melodías y acordes que me gustaran y cantaba sobre eso lo que me venía a la mente, sin detenerme a escribir. Con el tiempo, al escucharlas, me daba cuenta de que tenían significados no intencionados, provenientes del inconsciente; cosas que quizás no podía expresar de otra manera. Después, claro, hay que pulirlas, escribir alguna estrofa más y organizarlas con el grupo, pero el núcleo era algo muy inspirado. Venía sin buscarlo.
P: ¿Y no será “Rápido” una experiencia personal tuya? Ja, ja, ja…
R: Ja, ja, ja… Supongo que sí, como a muchos, esas primeras veces cuando eres adolescente… Pero al mismo tiempo -y ese es otro de los beneficios de hacer canciones-, tienen un poder terapéutico. ¡Todo bien en ese sentido!
P: Muchas bandas actuales incluyen una fuerte crítica social o política en su música. ¿Qué mensaje quieren transmitir con sus canciones? ¿Cómo ven la responsabilidad de los músicos ante los temas que afectan a la sociedad? Ya a principios de los noventa interpretabais “Delante del corazón” y la visionaria “Se acerca el sol”…
R: Bueno, cada grupo puede hacer y decir lo que quiera, y eso está muy bien. Nosotros no buscamos transmitir un mensaje específico, principalmente porque cada miembro tiene el suyo propio, ¡y es posible que no lleguemos a un consenso! Sin duda, cuidamos las letras de nuestras canciones, pero nuestro objetivo es que la gente se divierta y, si tenemos suerte, que incluso logren emocionarse en algún momento. Apuntamos más a las emociones que a la razón. Claro que tenemos letras que abordan temas sociales que siguen siendo relevantes después de 30 años. Yo las veo como cuestiones de sentido común, pero hoy en día todo está un poco confuso.
P: ¿Cómo ha evolucionado el grupo? Me alegra volver a ver a Cali en las cuatro cuerdas y veo que hay un nuevo baterista…
R: Sí, la vuelta de Cali es una de las alegrías musicales de este regreso. Realmente nos hace bailar con sus líneas de bajo. Es mucho más sencillo cuando la base se sostiene por sí sola. Ahora tenemos un nuevo batería, Jesús, un gran músico que ha trabajado arduamente para mantener la esencia de las canciones. Se ha integrado muy bien con nosotros y sin su contribución sería muy difícil reunir de nuevo al grupo. Estamos muy agradecidos y contentos con él.
P: ¿Y el futuro?
El futuro es ahora. (Parece el eslogan de una marca de coches…).
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Un recién graduado en Psicología y Economía, un escritor-empresario musical-restaurador, un financiero, un abogado y un empresario autónomo: así son Los Caciques. Lo que el pop español ha unido, que no lo separe nadie.
La entrevista concluye media hora antes del inicio del concierto: justo el momento para que me inviten a una cerveza en el local y para que las palabras cedan el paso a los acordes. Las luces se apagan, el murmullo del público crece y la banda se prepara para ocupar el lugar que siempre les ha pertenecido: las míticas tablas de San Dimas.
Los Caciques regresan al lugar que les vio nacer

Casi tres décadas de silencio no pesan cuando el pulso de una banda permanece intacto. O incluso más acelerado. Anoche, Los Caciques regresaron a la Sala Siroco, el lugar que los vio nacer, ante un público que llenó el local con entradas agotadas -“sold out”, como se dice ahora-, al igual que sucederá esta noche, en el segundo y último día del reencuentro.
El concierto comenzó con “La Calle del Pez”, un saludo malasañero que dio paso al delirio temprano con “Por la baranda”, su hit de 1993 que da nombre a su disco y que media sala entonó a voz en grito, confirmando que la memoria musical es persistente y agradecida. Continuaron con “Los Niños”, recibida con gran entusiasmo, y la emoción bajó de intensidad con la balada “Se nubló”, un respiro antes de elevar de nuevo el ánimo con “Rápido” y “El asesino del mes”, más tranquila, para dar un respiro.
Los Caciques también ofrecieron dos piezas que nunca llegaron a publicar: “Ahora bailo” y “Raquel”, rarezas convertidas en joyas para quienes llevaban décadas esperando este momento. Este viaje sentimental incluyó un tributo a Burning con “Una noche sin ti”, seguida de una ráfaga de sus clásicos: “Se acerca el sol”, “Delante el corazón”, “Volver a tu lado” (anteriormente “Reggae no”, tema que este cronista no pudo evitar conectar con su hermano Chicho, a quien los músicos dedicaron esta pieza al inicio de su carrera), la juguetona “La sirenita” y las infalibles “La Flor” y “Por favor”, coreadas como si fueran consignas.

En los bises, la velada se tiñó de homenaje con una versión rockera de “El sitio de mi recreo”, cover de la banda en honor a Antonio Vega en el disco Ese chico triste y solitario. Y, para finalizar, la explosiva “Ya me ves”, que dejó agotada y feliz a una audiencia madura, pero entregada de principio a fin.
Las Fenders de Xavi y Quique sonaron especialmente bien anoche, y se notó que ambos, siempre amables, se lo estaban disfrutando mucho. Fue una alegría volver a ver a Cali al bajo, notando que tenía más protagonismo del habitual. Bravo, inmenso, Jesús, el nuevo baterista, que no solo mostró una magnífica calidad técnica, sino que logró convertirse en uno más de esta comunidad indígena madrileña en pocos meses.
Los «nuevos» Caciques no defraudaron. Su regreso al lugar que les dio vida no fue un gesto nostálgico, sino la confirmación de que aún son capaces de encender la mecha de una noche inolvidable. Bueno, seguramente hoy lo vuelvan a lograr.



