Los escritos de José Guirao, exministro de Cultura y fundador de La Casa Encendida, que permanecían sin ser leídos | Cultura


Poco antes de fallecer, José Guirao —Pepe para sus amigos— convocó a su círculo más íntimo y les reveló el lugar donde conservaba todos sus escritos, los cuales nunca vio publicados. Sus letras reposaban en diversos pendrives y ordenadores, junto a los cuadernos que solía comprar, en su hogar de Madrid, en su pueblo Pulpí, Almería, y en La Vera, Cáceres, un refugio donde cuidaba de su jardín japonés, paseaba con los perros y escribía para que nadie las leyera. Su obra, dispersa e inconclusa, abarcaba desde poemas de juventud hasta apuntes, notas, algunas piezas teatrales y varios intentos de novela. “Haced con ello lo que creáis conveniente”, les comentó.

Guirao (Pulpí, 1959 – Madrid, 2022), destacado gestor cultural en España, director del museo Reina Sofía, creador de La Casa Encendida y director de la Fundación Montemadrid, así como ministro de Cultura y Deportes, falleció en 2022 a los 63 años tras una dura batalla contra el cáncer. Su principal labor fue resaltar a otros, haciendo la cultura accesible al público y manteniéndose en un segundo plano. Ahora, puede que se sintiera incómodo al ser el centro de atención: se publica por primera vez un texto suyo, la novela Las aguas de la noche (Pre-Textos). Curiosamente, el libro inicia con: “Nunca supo escribir historias”, pero en realidad, Guirao sí sabía.

“Pepe fue amigo de grandes escritores, como Juan Goytisolo, José Miguel Ullán o José Ángel Valente, y creo que le hubiera dado pudor que usaran el término ‘escritor’ para referirse a él”, expresa David Calzado, amigo y colaborador cercano en varios de sus proyectos. “Era filólogo y adoraba la literatura tanto que probablemente habría sentido el síndrome del impostor”, añade Calzado. Esa devoción por la literatura, junto a su cercanía a renombrados autores, se refleja en la novela, que destaca por su prosa consciente y su gran densidad poética. La obra aborda las relaciones familiares y sus tragedias, y contiene elementos autobiográficos, además de tratar sobre el desarrollo de la minería en Pulpí, donde tradicionalmente se extraían metales y se halló una famosa geoda gigante. Eduardo Lago, en uno de los prólogos, menciona que la forma de relacionarse de Guirao con el mundo era característica de un escritor: “Su sensibilidad le delataba, aunque siempre mantuvo su vocación oculta entre los recovecos más profundos de su ser. Su temperamento, indiscutiblemente artístico, tenía como referencia secreta el milagro de la palabra escrita, la literatura”.

Lago, junto a otro amigo y colaborador de Guirao, el gestor cultural Carlos Alberdi, se encargó de ajustar el texto. “Pepe me habló de la novela en ocasiones, aunque no mucho porque era muy reservado”, cuenta Alberdi. “Este texto era el que tenía más solidez de todos los que encontramos, aunque se realizó una labor de edición para eliminar partes inconclusas que dificultaban la lectura”. Manolo Borrás, editor de Pre-Textos, mostró interés inmediato en publicarlo, admirando a Guirao y deseando lanzar algún texto suyo —siempre que fuera de calidad, y este, según el dictamen del editor y sus cercanos, lo era—. Este jueves se presenta en La Casa Encendida de Madrid, el centro cultural que representa su gran legado.

Del ecologismo al ministerio

José Guirao comenzó su trayectoria en el ecologismo, en el Grupo Ecologista Mediterráneo, combatiendo la destrucción del litoral por turismo y especulación inmobiliaria y tratando de detener la construcción de una central nuclear proyectada en el cabo Cope. Fue concejal de Pulpí y luego diputado en Almería por el PSOE, destacando en la promoción de la cultura y el impulso a la creación del Parque Natural del Cabo de Gata. Su competencia le llevó a ocupar varios cargos en la Junta de Andalucía, hasta que la ministra Carmen Alborch lo convocó al ministerio de Cultura, y eso le permitió dirigir, con solo 35 años, el museo Reina Sofía, desde 1994 hasta 2001, manteniendo el cargo bajo gobiernos del PSOE y del PP. “Era un hombre que buscaba consensos, sin estar atado a una ideología: podía entenderse con todos”, dice Calzado.

Muchos de sus intereses, como la cultura, la ecología y lo social, confluyeron en La Casa Encendida, un centro sin parangón que Guirao creó con éxito en la frontera del barrio de Lavapiés en Madrid, dentro de la obra social de Caja Madrid y luego en la Fundación Montemadrid. Lo curioso era verlo, siempre tan pulcro, delgado y encorbatado, en ese ambiente de artistas vanguardistas, músicos electrónicos, activistas solidarios y militantes de centros sociales okupados (el Laboratorio, vecino de La Casa, compartía, en muchos aspectos, el mismo espíritu, aunque sin financiación bancaria). Un espacio que él mismo había concebido: se llegó a afirmar que era un centro “de autor”.

“En ese entonces se decía que los jóvenes no asistían a eventos culturales, pero Pepe supo rodearse de programadores veinteañeros en distintas áreas que lograron hacer algo diferente y atraer también a esos creadores y público joven”, recuerda Alberdi, quien fue coordinador de Cultura de La Casa en sus inicios, al abordar diversas problemáticas contemporáneas. David Calzado también recuerda uno de los lemas de Guirao: “Para ser moderno hay que saber latín”, solía afirmar, refiriéndose a la importancia de conocer la tradición, no solo para continuarlo, sino también para desafiarlo, superarlo o, directamente, romperlo.

Su llegada al ministerio de Cultura y Deporte en 2018 fue tanto accidental como complicada. El primer elegido para el puesto fue el escritor y periodista Máximo Huerta, una elección que generó revuelo, terminando con su renuncia tras descubrir irregularidades fiscales. Cuando Guirao aceptó la propuesta del presidente Pedro Sánchez, el mundo cultural celebró su llegada, raramente habitual, de alguien con un currículum impecable para el puesto: ¿Cómo es que nadie se percató antes de que Guirao debía ser el ministro de Cultura?

Guirao promovió el Estatuto del Artista y redujo el IVA sobre los servicios de intérpretes, artistas y técnicos, pero su tiempo como ministro, para su gran desconsuelo, fue breve. Solo 19 meses: a principios de 2020 fue destituido y reemplazado por José Manuel Rodríguez Uribes (se comentó que el gobierno buscaba a alguien más comprometido con el ámbito deportivo). “La destitución causó asombro”, recuerda Alberdi, “la gente consideraba a Pepe un buen ministro, con notoria capacidad de interlocución”.

Tras su paso por el ministerio, Guirao volvió a la Fundación Montemadrid, hasta que la enfermedad lo llevó demasiado pronto. “Era una persona discreta y reservada, pero brillante; no creo que haya habido otro gestor cultural como él”, concluye Calzado. Ahora, más allá de ser un gestor, Guirao se ha convertido también en escritor, aunque le pareciera un título demasiado grande.

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