Los grotescos de la ballena de Sol: la industria publicitaria que convierte el ‘Kilómetro 0’ de Madrid en una campaña promocional.
El año 2009 marcó un hito para la Puerta del Sol. Tras seis años de trabajos, se inauguró su modernizada estación de Cercanías, una de las más concurridas de Madrid. Esta renovación integral convirtió la plaza en el núcleo de la ciudad. Se realizaron numerosas modificaciones, pero la más destacada fue la creación de una marquesina de acceso a la estación. Desde hace 14 años, esta estructura curva de acero inoxidable y vidrio, obra del arquitecto salmantino Antonio Fernández Alba, recibe a los miles de usuarios que transitan a diario por el corazón de la capital.
La famosa marquesina ha recibido diversos apodos. Ballena, tragabolas, iglú o pecera de cristal son solo algunos de los nombres que le han dado. Sin embargo, lo más notable de esta estructura es la controversia que ha generado desde su instalación, tanto por su diseño como por su utilidad. La ballena fue ideada en una época en que la arquitectura contemporánea buscaba interactuar con el espacio público a través de formas escultóricas, siguiendo el ejemplo de proyectos como la pirámide de Pei en el Museo del Louvre.


