Madrid lidera en 2025 la esperanza de vida en Europa con 86,1 años.


La Comunidad de Madrid se posiciona nuevamente en 2025 en la cima de la longevidad dentro de la Unión Europea, con una esperanza de vida media de 86,1 años. Este es el número más elevado registrado a lo largo de toda la historia y reafirma a la región como líder europeo, superando a áreas que tradicionalmente destacan como Trento en Italia o el archipiélago finlandés de Aland. Este dato no solo refleja la fortaleza del sistema sanitario y social madrileño, sino también la completa recuperación tras el impacto de la pandemia.

En comparación con años anteriores, el progreso es notable. En 2022, la esperanza de vida al nacer en Madrid era de 85,2 años, lo que ya la colocaba en la primera posición. El aumento de casi un año en solo doce meses representa un avance excepcional, enmarcado en la recuperación general de la UE después de la crisis sanitaria. En 2023, la media europea alcanzó los 81,4 años, superando por primera vez los niveles de 2019, anteriores a la llegada del covid.

La posición de liderazgo de Madrid también se refleja en el ranking de edades avanzadas: a los 65 años, los madrileños disfrutan de una esperanza de vida adicional de 23,6 años, lo que implica que, en promedio, alcanzan casi los 89 años de edad. Además, las mujeres madrileñas se encuentran entre las más longevas del continente, siguiendo la tendencia general que coloca a la población femenina varios años por encima de la masculina.

El contraste con otras regiones europeas es evidente. Mientras que en el norte de Italia o en Navarra se registran cifras cercanas a los 85 años, en lugares como Severozapaden en Bulgaria o Mayotte en Francia, la esperanza de vida se queda por debajo de los 75. Estas diferencias, que superan una década entre los extremos, reflejan la persistente desigualdad en salud y bienestar dentro de la Unión. En contraste, Madrid establece un récord histórico que la posiciona como un referente de longevidad en Europa.

Eurostat confirma que la Comunidad de Madrid es la región de la UE con la mayor esperanza de vida al nacer: 86,1 años, superando a Trento (Italia) y Aland (Finlandia), que ambas tienen 85,1, así como a Navarra (España) y Bolzano/Bozen (Italia), con 85,0. Este registro es el más alto de toda la serie y refuerza el liderazgo madrileño un año más.


Evolución respecto a otros años

Año 2023: Madrid alcanza 86,1 años y establece un récord, creciendo casi +1,0 punto frente al año anterior. En el año 2022, ya era la primera región de la UE con 85,2 años; el incremento de 2022 a 2023 consolida la recuperación pos-pandemia. En el contexto de la UE, la esperanza de vida media de la UE llegó a 81,4 años en 2023 (dato definitivo), superando, por primera vez, el nivel anterior al covid (2019).

En el otro extremo, Eurostat posiciona entre las menores cifras a Severozapaden (BG: 73,9), Észak-Magyarország (HU: 74,9) y Mayotte (FR: 74,9), lo que pone de manifiesto la brecha regional aún existente en la UE.

Eurostat subraya que la brecha de género continúa (las mujeres viven 5,3 años más que los hombres en la UE). En el desglose regional, Madrid se destaca como la región con mayor esperanza de vida femenina en las últimas publicaciones por sexo.

Cifras de mortalidad por calor

El reciente debate en torno a las cifras de mortalidad en la Comunidad de Madrid ha suscitado una fuerte controversia política. El Instituto de Salud Carlos III publicó datos que, según el Gobierno regional, han sido malinterpretados y utilizados de manera interesada por el PSOE con el único objetivo de desacreditar la gestión sanitaria madrileña. Desde la Puerta del Sol se enfatiza que el uso partidista de estas estadísticas distorsiona la realidad y crea una alarma innecesaria entre la ciudadanía.

El principal error, según los expertos consultados, radica en comparar cifras absolutas de fallecimientos entre comunidades autónomas sin considerar su población. Madrid, al ser una comunidad uniprovincial y una de las más pobladas de España, siempre mostrará un mayor número de muertes en términos absolutos, lo que no implica necesariamente un peor desempeño en salud pública. La cifra bruta carece de valor si no se contextualiza en relación con el número de habitantes.

Para hacer comparaciones rigurosas entre regiones o países, es fundamental utilizar indicadores estandarizados, como tasas ajustadas de mortalidad o ratios por cada 100.000 habitantes. Solo así se obtienen conclusiones válidas y se evita incurrir en lecturas sesgadas que pueden llevar a confrontaciones políticas. La correcta interpretación de los datos no es solo una cuestión técnica, sino también de responsabilidad pública en un ámbito tan sensible como el de la salud.

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