Madrid promueve el turismo para millonarios: 6.000 euros por una visita privada al Escorial o 1.000 por una cena con un miembro de la familia real | Noticias de Madrid.


Disfrutar de tapas en Madrid junto a un miembro de la familia real puede costar aproximadamente 1.000 euros. No se revelan nombres, ni imágenes, ni hay publicidad: la identidad del Borbón permanece en el anonimato y la experiencia se presenta como un acceso excepcional, casi único, similar a lo que se ofrece en Londres al tomar el té con un miembro de la Casa Real británica. Más que una extravagancia aislada, esta propuesta ilustra hasta dónde están dispuestos a llegar quienes buscan conocer la ciudad desde perspectivas y compañía que están fuera del alcance del turista promedio. Este perfil está comenzando a afianzarse en Madrid. El impacto de este tipo de turismo de lujo también se refleja en las cifras: “El gasto promedio por turista de lujo en Madrid es de 1.190 euros, un 13% más que el año anterior”, según datos de Global Blue para Círculo Fortuny.

Más allá de la Plaza Mayor y su conocido bocadillo de calamares, así como de las cada vez más concurridas azoteas con vistas a la Gran Vía, un número creciente de visitantes está dispuesto a pagar por experiencias exclusivas: sobrevolar la ciudad en helicóptero, explorar El Escorial con acceso a áreas restringidas o visitar solo el Museo del Prado. Estas ofertas, diseñadas para un visitante con alto poder adquisitivo, configuran un perfil de viajero muy diferente al del turismo masivo.

Así lo destacó el pasado miércoles el alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, en una mesa redonda celebrada durante la jornada inaugural de la Feria Internacional de Turismo (Fitur): “Madrid ha consolidado el turismo de alto impacto y es una ciudad que brinda experiencias personalizadas”. Los operadores de lujo confirman que este cliente valora principalmente la personalización; es decir, están dispuestos a desembolsar lo que sea necesario para tener lo que casi nadie más tiene.

“El lujo no se basa ya en acumular monumentos ni en hospedarse en hoteles de grandes cadenas, sino en el acceso y, sobre todo, en el factor humano”, afirma Virginia Irurita, fundadora de Made for Spain and Portugal, agencia especializada en viajes de alta gama desde 1999. Sus principales clientes son estadounidenses que, más que planes, buscan “experiencias únicas”, desde acceder a clubes exclusivos con normas del siglo XIX hasta acompañar a responsables de la Real Fábrica de Tapices en visitas privadas. Agencias como la suya trabajan bajo una premisa clara: si los clientes lo desean y pueden pagarlo, lo obtienen.

Irurita explica que su enfoque se centra en evitar lo masivo, buscando conocer la ciudad desde adentro: su gente, sus viviendas y sus relatos. El costo de estas experiencias no es bajo; la tarifa base para un día de viaje de lujo en Madrid ronda los 2.000 euros por pareja, aunque no hay límite en función de la propuesta. Con un equipo de 45 empleados y alrededor de 2.000 viajes gestionados anualmente, esta agencia combina visitas privadas, logística precisa y acompañamiento constante: “Viajar con nosotros es como tener a un ángel de la guarda”, asegura.

Los datos respaldan esta tendencia. En 2025, el gasto turístico internacional en Madrid alcanzó los 17.900 millones de euros, un 11% más que el año anterior y un 71% por encima de 2019, que fue el mejor año reciente para la ciudad, según datos del Ayuntamiento. Madrid recibió 11,2 millones de visitantes y cerca de 23,8 millones de pernoctaciones, de las cuales el 66% correspondieron a turismo internacional, siendo EE. UU. el principal mercado emisor (más de 1,03 millones de visitantes).

Para las autoridades regionales, estas cifras confirman una transformación en la que el turismo ya no es solo estacional. “Cada vez nos visita más gente, más días durante el año y con mayor gasto. Es un turismo de calidad”, aseguraba el miércoles pasado la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.

Así es como proliferan cada vez más experiencias reservadas solo para ciertos bolsillos, como demuestra el ajuste de ofertas que han estado implementando los hoteles de cinco estrellas. El Rosewood Villa Magna, por ejemplo, ofrece una experiencia llamada Walk With the Chef (Caminar con el chef), que consiste en un recorrido privado por mercados, negocios tradicionales y lugares gastronómicos guiado por el chef ejecutivo, quien comparte su visión sobre los productos locales y la cocina cercana.

Además, proporciona una escapada a El Escorial que incluye transporte privado y sostenible, una visita guiada a áreas restringidas del monasterio y un pícnic gourmet con productos de temporada, a partir de 6.000 euros para dos personas hospedadas. “Durante el recorrido, los visitantes pueden acceder a estancias exclusivas como la azotea, el cimborrio y el campanario”, aseguran desde el hotel.

El bienestar, otro eje del turismo de lujo, está en el centro de la propuesta de The Beauty Concept, el spa del Mandarin Oriental Ritz. Su directora, Paz Torralba, señala que en este segmento “el dinero es lo último que les preocupa: buscan excelencia, cuidado y experiencia”. Son clientes, detalla, bien informados y exigentes que buscan resultados inmediatos en tratamientos que comienzan a partir de 2.000 euros y que combinan alta tecnología estética y medicina integrativa. “El verdadero lujo hoy es dedicarse tiempo y cuidarse”, resume Torralba.

Este deseo de exclusividad también se traduce en experiencias urbanas privadas. The Principal Madrid, el primer cinco estrellas en Gran Vía, permite convertir su azotea en un lugar reservado para cenas íntimas. “Queremos ofrecer una perspectiva del centro de Madrid que transmita vivencias que no están en las guías. Disfrutar en exclusiva del cielo de Madrid, desde la tranquilidad de las alturas, es un lujo que estamos pionereando”, explica su director, Fernando Chaves. Estas experiencias están disponibles bajo petición con un consumo mínimo de 800 euros.

Siguiendo esta línea, el Hotel Único ofrece descubrir el barrio de Salamanca y el eje del Madrid Patrimonio de la Humanidad en un automóvil clásico de lujo con chófer y un guía experto en historia del arte. “Nuestra forma de explorar un destino no es solo observar, sino ver mejor: vivirlo, conectarlo y comprenderlo”, aclara María Sánchez, directora del hotel. Estas experiencias comienzan en 1.000 euros.

Sin embargo, el helicóptero representa, quizás, una de las formas más exclusivas de trasladarse por la ciudad. Este servicio, completamente personalizado y puerta a puerta, puede aterrizar en cualquier área sin obstáculos de 30 por 30 metros, siempre que la normativa lo permita. El tiempo máximo de vuelo es de dos horas y media, y el costo ronda los 4.500 euros. Muchos clientes, informan, aterrizan en Barajas en jet privado y completan el trayecto en helicóptero. “Lo que más valoran es el tiempo”, aseguran desde la empresa especializada en helicópteros, World Aviation Group.

Tras una jornada así, algunos optan por finalizar con un toque singular: una cata privada de jamón con Florencio Sanchidrián. Considerado uno de los mejores cortadores del mundo, ha trabajado para figuras como Barack Obama o el Papa, una notoriedad que lo ha convertido en un referente del lujo gastronómico internacional. Sus experiencias se pueden realizar en domicilios privados, suites de hoteles de alta gama o espacios cerrados al público. “Justo ahora me acaban de llamar para coordinar una cata para unos alemanes para San Valentín a través de una agencia. El lugar está por confirmar, pero se trata de un cliente muy vip”, confiesa.

En diciembre, llegó incluso a cerrar una tienda de lujo en la milla de oro de Madrid, en el barrio de Salamanca, para un grupo exclusivo vinculado al entorno de la Fórmula 1. Las catas se diseñan como recorridos sensoriales; Sanchidrián selecciona personalmente jamones de la más alta calidad —ibéricos de dehesas de Extremadura o piezas de casas históricas— y los presenta por fases, cortando diferentes partes del jamón para extraer matices y texturas distintas que marida en catas verticales con grandes vinos internacionales, un jerez, champanes como Dom Pérignon, whiskies de hasta 80 años o destilados de alta gama.

En algunas ocasiones, incorpora un sumiller. “Este tipo de cliente pide anonimato y que no se tomen fotografías”, explica. Aunque había realizado experiencias puntuales antes, fue a partir de 2018, con el auge del turismo premium en Madrid, cuando este formato de cenas privadas comenzó a asentarse. “Madrid se ha posicionado como una de las ciudades con más turismo de lujo en el mundo”, sentencia.

Una alternativa de exclusividad es el arte en privado. El Faro de Hopper, creado en 2013 por la periodista cultural Leticia Pérez-Lafuente, organiza visitas a museos —con o sin público— para grupos reducidos y guiadas por expertos. “Los museos no solo albergan objetos; son espacios de reflexión sobre la creación humana”, afirma. “Lo más importante de nuestras visitas no son las obras, sino las personas”. La intención es compartir el arte en un ambiente íntimo, reforzar vínculos emocionales y crear recuerdos perdurables.

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