Madrid redefine su estructura política para presentarse sólida en las elecciones de 2027.


Conflicto en Alcalá, incertidumbre en Móstoles, reestructuración en Sol y tensión en Cibeles. A pesar de que Madrid no se encuentra oficialmente en campaña electoral, los partidos continúan organizándose para enfrentar las próximas elecciones sin fisuras. Esta semana se ha revelado el blindaje para las autonómicas y municipales de 2027, con ajustes destinados a delinear territorio en la plaza más codiciada del tablero nacional.

El rearme comenzó en el Grupo Popular de la Asamblea con nuevos perfiles tras la renuncia de los concejales cercanos a Emilio Viciana. El cese del ex consejero de Educación provocó una operación que se ha materializado esta semana con un mensaje de fortalecimiento interno. El grupo parlamentario de Isabel Díaz Ayuso ha sido reconfigurado para unirse en torno al proyecto del PP madrileño de cara a la cita electoral del próximo año. La presidenta, Isabel Díaz Ayuso, reorganizó las filas y desactivó la crisis generada por la salida de «los Pocholos», como se les conocía en los pasillos de la Cámara. Entre los nombres que han cobrado protagonismo están Ainhoa García, Isabel Vega y Esther Platero, quienes se han convertido en el núcleo visible de una mayoría considerada indispensable por el PP madrileño para fortalecer la legislatura.

No se trata de una crisis, enfatizan en el Grupo. Tampoco es consecuencia de un desgaste, afirman, sino de un «refuerzo del grupo parlamentario». «No hay estertores, hay decisiones», defienden en respuesta a la interpretación de «fractura» que ha lanzado la oposición. La izquierda percibió debilidad en la huida de los tres diputados y atacó a la líder popular. La portavoz de Más Madrid, Manuela Beregerot, acusó a Ayuso de tener «un boquete en el Gobierno». La del PSOE, Mar Espinar, elevó el tono en la Cámara regional, denunciando que el PP sigue apagando «incendios» mientras «descuida la gestión». Ambas se encuentran inmersas en la reestructuración de la izquierda y la debilidad del Ejecutivo de Pedro Sánchez. «Lo que les incomoda es que Madrid sigue funcionando a pesar del ataque constante del Gobierno», concluyen en Sol, donde esta semana han evidenciado la unidad del Gobierno con selfies en sintonía y respuestas unificadas a los ataques de Moncloa.

El conflicto con el Gobierno volvió a resurgir esta semana a raíz del alcalde de Móstoles, Manuel Bautista. El edil compareció en un Pleno extraordinario tras las acusaciones de acoso sexual y laboral de una ex concejala. La oposición exigió su dimisión, pero el alcalde no cedió. «Mi conciencia está tranquila», afirmó después del respaldo de la presidenta del PP de Madrid, apelando a la presunción de inocencia y al «retorcimiento» del caso por parte de la izquierda, que habló de «blindaje político» y «cerrojazo» respecto al asunto. El Ayuntamiento de Móstoles ha seguido esta semana su plan de acción, al margen de las críticas contra Bautista, y ha exigido al Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible «un plan de choque integral y absoluto» que rehabilite las vías de ferrocarril, especialmente la C-5 de Cercanías, así como la «urgente» rehabilitación de la estación de Móstoles-El Soto, evitando así entrar en el cruce político en torno al alcalde.

La reestructuración también afectó al PSOE debido a una implosión en Alcalá de Henares. La dimisión de Javier Rodríguez Palacios como secretario general marcó el fin de un enfrentamiento interno que llevaba meses gestándose y que estalló tras la apertura de un expediente al secretario de organización de la agrupación, Enrique Nogués, por unas fotografías donde aparece mordiendo el tanga de una stripper. Rodríguez Palacios, ex alcalde de la ciudad, argumentó que la credibilidad del PSOE en Alcalá no podía sostenerse sobre medias tintas, y sus críticos denunciaron una maniobra para reordenar el poder interno y desplazar a quienes cuestionaban su liderazgo. Este choque resultó en una fractura que la dirección regional no pudo reconducir a tiempo. La consecuencia: dimisión y una gestora en uno de los municipios estratégicos de la Comunidad.

Con el socialismo complutense intervenido, las heridas abiertas y la cita electoral aproximándose, la fractura se convierte en un tema de debate en un momento en que los aparatos de las formaciones luchan por llegar a 2027 con el poder interno bien asegurado.

En Cibeles, la situación fue diferente pero igualmente reveladora de la reorganización política en la recta final de la legislatura. El primer Pleno al que califican en Vox como «rebelde», Javier Ortega Smith, evidenció la división interna en el partido. Ortega inició el turno de palabra marcando un perfil propio mientras que los otros dos concejales designados por la dirección nacional exigieron votar las propuestas de manera individual y a mano alzada. La lucha por el control del Grupo Municipal estalló en el Ayuntamiento de Madrid, demostrando que la competencia por el electorado conservador no es exclusiva de la izquierda.

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, se mantuvo como observador de los movimientos internos de Vox para rearmarse de cara a las municipales e incrementó la visibilidad de su gestión para posicionarse a poco más de un año de las elecciones. El progreso en el soterramiento de la Castellana y la inclusión de un carril bici en el túnel verde de la A-5 como símbolos de transformación urbana han sido algunos de los anuncios que el alcalde ha realizado. Sin embargo, es la vivienda la que ha centrado la atención de la acción del Gobierno municipal. Almeida ha cerrado la construcción de 600 nuevos pisos asequibles, la mayoría en Los Ahijones, como parte de una política de vivienda que se ha estado consolidando en los últimos meses de su mandato. «Nosotros no hacemos anuncios de vivienda, ejecutamos políticas de vivienda», proclamó, contrastando gestión frente al «ruido» de la izquierda, que critica que la agenda de anuncios coincida con el calendario electoral.

Aún la próxima visita del Papa a Madrid no logró desviar la atención, aunque fuera por unos momentos, de los movimientos internos en los partidos. Almeida celebró el evento como un hito institucional para la ciudad, y la lógica de la reorganización continuó su curso en una semana marcada por luchas de poder que se han consolidado como un gesto de fortalecimiento de los aparatos.

Start typing and press Enter to search