Madrid se alista para la incorporación del vehículo autónomo.
Jonathan Swift ya predecía en «Los viajes de Gulliver» la existencia de máquinas que operan sin necesidad de intervención humana. No se refería a vehículos como los actuales, sino a automóviles autopropulsados. Esa invención literaria está hoy más cerca de hacerse realidad. Recientemente, Uber anunció que Madrid se encuentra entre las primeras ciudades europeas elegidas para pruebas o lanzamientos iniciales, junto a Zúrich, Hong Kong, Houston, Londres y Los Ángeles. De esta manera, la capital podría desempeñar nuevamente el rol de laboratorio urbano, como ocurrió con el coche compartido.
Actualmente, los ejemplos de movilidad autónoma en la región son todavía escasos. Hay autobuses autónomos en Leganés y en el campus de la Universidad Autónoma de Madrid, así como trenes automatizados en el Metro de Madrid. Sin embargo, aunque no se puede hablar de coches autónomos de uso general disponible en la ciudad, principalmente por la falta de un marco legal por parte del Gobierno de España, esto no impide que Madrid esté preparando su infraestructura vial para ese futuro.
Todo depende de avanzar hacia carreteras más inteligentes mientras se espera la aprobación específica para la circulación de estos vehículos. Por ello, la Administración regional trabaja en la adaptación de las infraestructuras para que puedan interactuar con las tecnologías de conducción automatizada. «Se está discutiendo mucho sobre cómo debe prepararse la infraestructura para la conducción autónoma. El vehículo necesita leer la carretera, la señalización, las marcas viales… Y eso puede requerir adaptaciones», explica a LA RAZÓN la subdirectora general de Seguridad Viaria y Conservación, Carmen Plaza.
Marcas viales
Entre los cambios que se están considerando se encuentra la posible adaptación de elementos como las marcas viales para que sean detectadas con mayor precisión por los sistemas de los vehículos. «Quizás tengan que cumplir ciertas características para facilitar su lectura», añade.
Por actualmente, la Administración regional participa en congresos y foros técnicos donde se evalúan estos avances. «Todo se está moviendo muy rápido. Estamos viendo simuladores, proyectos y novedades para identificar por dónde debemos comenzar a trabajar».
La preparación para esta nueva movilidad forma parte de una estrategia más amplia: convertir la red madrileña en un espacio de innovación. El Gobierno de Isabel Díaz Ayuso ha firmado un convenio con la Asociación Española de la Carretera para probar soluciones tecnológicas que mejoren la seguridad vial y la gestión del tráfico. Entre ellas, la incorporación de sensores y sistemas conectados que puedan transmitir información en tiempo real sobre incidencias o cierres de carriles.
«Si ciertos dispositivos emiten su ubicación en tiempo real, los gestores sabremos exactamente dónde están y cuándo ocurren los cierres o las aperturas de carril», explica Plaza. El objetivo es que, con el tiempo, esa información también llegue directamente a los conductores a través de los sistemas de navegación de sus vehículos. «Si te acercas a un tramo en obras o a un área con operarios, el propio vehículo podría alertarte para que reduzcas la velocidad».
Diseños de hace décadas
Este enfoque tecnológico también responde a las características de la red viaria madrileña. Muchas de sus carreteras fueron diseñadas hace décadas para un volumen de tráfico mucho menor al actual. «Tenemos vías de todo tipo, pero la mayor parte de la red es convencional, con trazados sinuosos, algunas sin arcenes y en áreas de montaña», señala la responsable de la Consejería de Transportes.
A esto se suma el crecimiento poblacional en municipios de la sierra y en antiguas zonas de segunda residencia, que ha transformado por completo el uso de estas carreteras. «La infraestructura sigue siendo la misma, pero su funcionalidad ha cambiado radicalmente. Lo que antes eran pequeños pueblos ha crecido significativamente y ahora soporta un tráfico intenso».
En este contexto, la innovación busca mejorar la seguridad vial y reducir la cantidad de siniestros, al tiempo que facilita la convivencia con usuarios vulnerables, como ciclistas, motoristas y peatones, cuya presencia ha aumentado en los 2.500 kilómetros que gestiona la Administración regional. «Tenemos porcentajes muy altos de estos usuarios en la red, y muchas carreteras no fueron diseñadas teniendo en cuenta a ellos, sino a turismos o camiones», señala Plaza.
La digitalización también está modificando los perfiles profesionales necesarios para la gestión de la red de carreteras. «Tradicionalmente, este ámbito era muy especializado en ingeniería de caminos, pero ahora necesitamos también ingenieros de telecomunicaciones, informáticos y otros perfiles tecnológicos», explica. Este cambio refleja cómo las carreteras están evolucionando de ser únicamente infraestructuras físicas a convertirse en sistemas cada vez más conectados.
Baliza V-16
Por último, la responsable autonómica defiende el uso de la polémica baliza V-16 que ha sido objeto de debate. La flota de vehículos de la Administración regional ya la está utilizando, según informan desde la consejería que dirige Jorge Rodrigo. Sin embargo, más allá del debate sobre este dispositivo, insiste en que «lo más importante es hacerse visible y evitar caminar por la vía» en caso de avería.
Recomienda abandonar el vehículo lo antes posible y colocarse detrás de los sistemas de contención. «En estas situaciones se producen muchos atropellos. Cuando un conductor ve algo detenido en la carretera, su mirada se dirige hacia ese punto… y a veces el coche también», concluye.



