Manuel Estella, el presidente mediador que transformó el castillo de Fuensaldaña en un hogar para todos: «Fomentó importantes acuerdos»


Este miércoles perdió la vida en Salamanca Manuel Estella Hoyos, quien tenía 86 años, y fue un presidente de las Cortes de Castilla y León que destacó por su carácter conciliador y dialogante, transformando el castillo de Fuensaldaña en un hogar para todos los castellanos y leoneses.

El tercer presidente del Parlamento autonómico, entre 1991 y 2003, deja un legado caracterizado por el diálogo, la moderación y la firme creencia de que el Parlamento no debe pertenecer a la mayoría, sino que debe ser un espacio común para todas las voces.

Nacido el 19 de agosto de 1939 en Salamanca, Estella estudió Derecho en la Universidad de su ciudad. Rápidamente se convirtió en abogado del Estado, ejerciendo con dedicación en diversas provincias: Lugo, Oviedo, Zamora y, finalmente, en su Salamanca natal.

Su trayectoria profesional, sólida y modesta, lo preparó para una vocación pública que definiría su vida: ayudar a construir y consolidar las instituciones de la nueva autonomía castellana y leonesa.

Una persona «muy respetada»

El ex portavoz del Grupo Socialista en las Cortes entre 1983 y 1987 y entre 1989 y 1999, Jesús Quijano, comenta a EL ESPAÑOL de Castilla y León que mantuvo una relación «continua» con Estella en un momento «muy entrañable» del Parlamento autonómico.

«Situaría esa relación en un momento muy entrañable, éramos personas de orígenes muy diversos en todos los sentidos y, sin embargo, existía un espíritu de buena voluntad entre todos», menciona.

Y añade que Estella «era fundamental porque era una persona muy respetada». «Era abogado del Estado y contaba con una amplia calificación jurídica y una gran competencia que se hacía evidente desde el principio», subraya.

Recuerda que durante su presidencia del Parlamento se notaba «la buena mano» que tenía para manejar los debates, mostrando flexibilidad cuando era necesario y teniendo un criterio jurídico muy acertado.

«Nuestra relación fue siempre muy cordial y respetuosa, y había una atmósfera de cordialidad muy importante en ese tiempo en el castillo de Fuensaldaña, donde él fue un actor principal, lo recuerdo con afecto y un toque de nostalgia», relata.

Quijano subraya que coincidieron en el Consejo Consultivo después de su salida de las Cortes.

«En ese momento la Junta, a propuesta de Juan Vicente Herrera, designaba a dos miembros y Herrera tuvo la precisa y generosa decisión de proponer a Manuel Estella y a mí para asegurar el equilibrio de procedencias con uno del PP y otro del PSOE», rememora.

«Ahí volvimos a coincidir en otra etapa, yo formé parte del Consejo Consultivo entre 2003 y 2008, y aunque luego fui al Congreso de los Diputados, en esos años que coincidimos allí, también tuvimos la oportunidad de mantener una relación igualmente cordial y flexible», aclara.

Y asegura que en el Consultivo «prácticamente todo» se decidía por consenso «después de haber dialogado y analizado los temas». «Tuve con él una relación prolongada, siempre cordial, respetuosa y lo considero una figura clave en aquella etapa», expresa.

El entonces presidente de las Cortes de Castilla y León, Manuel Estella, da la palabra a un procurador durante un pleno en el castillo de Fuensaldaña, en septiembre de 2002


El entonces presidente de las Cortes de Castilla y León, Manuel Estella, da la palabra a un procurador durante un pleno en el castillo de Fuensaldaña, en septiembre de 2002

Leticia Pérez

ICAL

Quijano resalta que el tono de los debates de aquella época era muy diferente al actual. «Los debates en ese entonces tenían otra tonalidad, a veces percibo un exceso de agresividad y tensión en la actualidad, y en aquel tiempo era algo distinto», afirma.

Y conecta, en parte, ese panorama al propio entorno en el que se ubicaba el Parlamento.

«Siempre he mencionado que el propio escenario influía porque las sesiones en el castillo de Fuensaldaña, se celebraban en instalaciones reducidas y a menudo nos cruzábamos en los pasillos», recuerda.

Asegura que, al finalizar las sesiones, todos comían juntos en algún bar o bodega del pueblo. «Eso también contribuía a un ambiente amistoso y a una relación más cercana. Siempre lo he valorado», concluye.

Un presidente «conciliador»

El procurador del Grupo Popular y vicepresidente primero de las Cortes en la legislatura anterior, Francisco Vázquez, quien coincidió con Estella durante su presidencia de la Cámara, afirma a EL ESPAÑOL de Castilla y León que fue un presidente «conciliador».

«Lo recuerdo con gran cariño porque él ya estaba en la presidencia de las Cortes cuando llegué como procurador a esta Cámara, aún en la sede de Fuensaldaña. Era un hombre muy amable, de trato afable y conciliador«, indica.

Vázquez destaca que, sobre todo, fue «un referente» para él en términos de derecho parlamentario. «Era abogado del Estado, y esta condición le otorgaba una gran solidez en sus decisiones y un amplio conocimiento de la materia parlamentaria y legislativa», enfatiza.

Recuerda que, al conocerse, ya existía «una diferencia de edad» entre ellos y por ello pudo «aprender mucho de su estilo de trabajo y de cómo presidía las Cortes».

«En su forma de entender el parlamentarismo, se manifestaba la capacidad de representar a todos los ciudadanos de nuestra Comunidad», dice.

El entonces presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, junto a Manuel Estella, en una imagen de 2003


El entonces presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, junto a Manuel Estella, en una imagen de 2003

Rubén Cacho

ICAL

Vázquez menciona que, después de que Estella dejara la presidencia de las Cortes en 2003, se encontraron «en varias ocasiones». «Recuerdo, con especial cariño, un encuentro que tuvimos hace unos cuatro años en Salamanca«, destaca.

«Impulsó grandes consensos»

La exprocuradora socialista y vicepresidenta segunda de las Cortes durante la pasada legislatura, Ana Sánchez, expresa a EL ESPAÑOL de Castilla y León que «sentió profundamente» su fallecimiento y recuerda que «impulsó grandes consensos».

«Es una de esas personas que siempre tienes la percepción de que están ahí en las grandes celebraciones relacionadas con la Comunidad, y que nunca desaparecerán porque son parte de los símbolos de Castilla y León», resalta.

Asegura que Manuel Estella simbolizaba «esa manera de hacer política en la que nunca se descuidaban las formas, algo que hoy en día extrañamos tanto».

«Fue clave en la consolidación del Estatuto, en la gestión de llevarlo a cabo con los grupos parlamentarios, nunca faltaba a una conmemoración del Estatuto, lo llevaba con gran orgullo y era de los primeros en llegar», recuerda.

Destaca su papel importante «en la construcción de la Comunidad, en afianzar, robustecer y asentar el Parlamento autonómico». «No buscaba el protagonismo político, pero era de esos convencidos de la fortaleza de las instituciones y de la democracia», añade.

Sánchez está convencida de que la «impronta» de los mandatos de Estella al frente de las Cortes «llega hasta nuestros días».

«Es uno de esos hombres que impulsaron los grandes consensos en los que se ha edificado la Comunidad. Un gran defensor de los símbolos de Castilla y León, buscando un punto de unión común y una forma de convivencia», sostiene.

La exvicepresidenta segunda de la Cámara recuerda que, en lo personal, «era un hombre muy educado y que siempre guardaba las formas», y que «solo cruzó esa línea roja en una celebración del Estatuto».

Manuel Estella junto al actual presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, y la entonces consejera, Silvia Clemente


Manuel Estella junto al actual presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, y la entonces consejera, Silvia Clemente

Rubén Cacho

ICAL

«Yo llevaba una torera roja taurina y él demostró ser un gran aficionado a la tauromaquia, y a raíz de que me vio con la chaqueta estuvimos comentando sobre la situación de la tauromaquia y las figuras de toreros de aquel entonces», recuerda con cariño.

Sánchez afirma que su fallecimiento ha sido «una gran pérdida». «Lo lamento mucho y expreso mis más sinceras condolencias a su familia, amigos y familiares políticos», comenta en declaraciones a este medio.

Solidez y visión a largo plazo

La entrada de Estella en la política autonómica fue temprana y comprometida. Desde 1983, cuando se constituyeron las primeras Cortes democráticas, Estella ocupó un escaño como procurador por Salamanca, inicialmente con Alianza Popular y luego con el Partido Popular.

Ascendió firmemente: presidió la Comisión de Economía y Hacienda entre 1983 y 1987, fue vicepresidente primero de la Cámara y, en junio de 1991, fue elegido presidente de las Cortes, cargo que desempeñó durante tres legislaturas completas hasta 2003.

Fue precisamente en esa época cuando las Cortes se ubicaban en el castillo de Fuensaldaña, la imponente fortaleza medieval a pocos kilómetros de Valladolid que, entre 1983 y 2007, sirvió como escenario para los debates, tensiones y consensos de la emergente democracia autonómica.

Imaginar a Estella presidiendo sesiones en aquellas salas cargadas de historia evoca una imagen casi juguetona: un jurista salmantino dirigiendo el Parlamento desde un castillo de llanura, símbolo perfecto de la solidez y la visión que él deseaba imprimir en la institución.

Esos años coincidieron con mayorías absolutas del PP en la Junta de Castilla y León. Muchos presidentes de asamblea, en contextos similares, podrían haber sucumbido a la tentación de adoptar un perfil más partidista. Estella, en cambio, optó por un camino diferente.

El valor del diálogo

Su presidencia se caracterizó por un enfoque profundamente conciliador. En un hemiciclo donde la mayoría podía imponerse fácilmente, él insistía en numerosas ocasiones sobre el valor del diálogo, del consenso y del respeto a las minorías.

Sus intervenciones en los plenos reflejaban esa filosofía: llamaba a recuperar el espíritu de consenso que hizo posible la Transición, defendía la tolerancia como principio rector y recordaba que los procuradores deberían priorizar el bien común sobre los intereses partidistas.

Carlos Fernández Carriedo junto a Manuel Estella en las Cortes de Castilla y León


Carlos Fernández Carriedo junto a Manuel Estella en las Cortes de Castilla y León

Eduardo Margareto

ICAL

Esto no era solo retórica vacía. Bajo su liderazgo se promovieron acuerdos significativos, como avances en la ley de sedes institucionales, y se cultivó un ambiente en el que la oposición se sentía escuchada, aunque no siempre se atendieran sus demandas.

Quienes le conocieron resaltan su capacidad para construir puentes sin renunciar a sus convicciones.

En una época en que la política autonómica aún estaba forjando su identidad, Estella actuó como un árbitro imparcial, un moderador que entendía que la legitimidad de las Cortes no provenía solamente de los votos mayoritarios, sino del respeto a todas las fuerzas representadas.

«El Parlamento es de todos»

«El Parlamento es de todos», repetía a menudo, y lo demostró en su manera de conducir los debates, en su atención a los procuradores de las minorías y en su deseo de que las sesiones en el Castillo de Fuensaldaña transmitieran serenidad y dignidad institucional.

Tras su salida de la presidencia en 2003, Estella continuó contribuyendo a la comunidad como consejero electivo del Consejo Consultivo de Castilla y León, donde aportó su experiencia jurídica y visión equilibrada hasta ser nombrado consejero emérito.

Su retiro de la primera línea no significó un distanciamiento emocional de las instituciones que tanto ayudó a construir. Siempre mantuvo un afecto especial por esas sesiones en Fuensaldaña, escenario de sus momentos más intensos al frente de la Cámara.

La figura de Manuel Estella representa una manera de entender la política que hoy, en tiempos de polarización, suena casi nostálgica: la del servidor público que prioriza la institución sobre el partido, el consenso sobre el enfrentamiento y la visión a largo plazo sobre la inmediatez.

No fue un político mediático ni buscó los reflectores. Optó por el trabajo silencioso, el acuerdo discreto y la defensa diaria de las formas democráticas.

En un castillo centenario, dirigió un parlamento moderno con la convicción de que la grandeza de Castilla y León radicaba en su habilidad para unir diversas voluntades.

Un legado de moderación

Su fallecimiento ha generado un profundo pesar en toda la Comunidad. Políticos de diversos partidos, instituciones y ciudadanos que vivieron aquella etapa coinciden en señalarlo como un servidor público ejemplar, un hombre de talante dialogante y un referente de moderación.

En Salamanca, su ciudad natal, el duelo es especialmente sentido.

Quienes compartieron con él bancadas, pasillos o despachos del castillo rememoran no solo al presidente, sino al compañero amable, al jurista preciso y al castellano y leonés convencido de que la autonomía debía ser un proyecto compartido.

Manuel Estella se despide dejando un legado preciado: que incluso en épocas de mayorías cómodas, un presidente de las Cortes puede y debe ser el representante de todos.

Que un castillo medieval puede transformarse en símbolo del diálogo moderno. Y que la verdadera grandeza política no se mide en decibelios, sino en la capacidad de hacer que cada voz, por más minoritaria que sea, se sienta parte de la misma casa común.

Castilla y León despide a uno de sus constructores institucionales más silenciosos y, tal vez por eso, más necesarios.

Su legado perdurará en las paredes del que fue su parlamento, en los reglamentos que ayudó a formar y, sobre todo, en la memoria de quienes consideran la política como el arte de conciliar en lugar de dividir.

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