Marian se cansó de abonar 1.000 euros mensuales en electricidad y logró persuadir a sus vecinos para crear la primera comunidad energética de Madrid | Noticias de Madrid


Carabanchel se alza contra la factura eléctrica. Tras recibir durante meses facturas elevadas de su compañía de luz, que en algunos casos llegaban hasta 1.000 euros, los vecinos de la colonia de Tercio de Terol decidieron aprovechar el sol que baña sus tejados para generar su propia energía. De este modo, se han convertido en la primera comunidad energética de la ciudad de Madrid. Sus viviendas presentan características que las hacen ideales para este proyecto. Primero, no hay edificios que bloqueen la luz, casi todos los vecinos son propietarios de sus tejados y, además, algo cada vez más escaso en la capital: aún hay vecinos.

La Comunidad Energética Tercio y Terol se compone actualmente de medio centenar de vecinos que se unieron en 2021 para instalar placas solares en sus tejados. Aunque la burocracia y la presión de las empresas eléctricas han complicado el proceso, el proyecto está resultando tan exitoso que otros barrios del sur de Madrid están considerando adoptarlo. Esta idea gana fuerza en un contexto donde la tensa situación internacional amenaza con elevar nuevamente el precio de la luz por encima de los 100 euros el megavatio hora.

La iniciativa fue impulsada específicamente después de que Marian Álvarez, una vecina de 59 años, recibiera facturas de Iberdrola de 1.000 euros durante tres meses consecutivos, como ha verificado este medio. Estos recibos cuadruplicaban su consumo habitual de un sistema de acumuladores de calor, asociado a la antigua Tarifa de Discriminación Horaria. Ante esta situación, Álvarez no tuvo más opción que actuar. Tras discutirlo con sus vecinos, decidieron unirse para crear una cooperativa que ya es modelo a seguir para otros barrios.

Sin embargo, no ha sido un camino sencillo. Han enfrentado problemas relacionados con la naturaleza histórica y protegida de la colonia; han lidiado con la burocracia necesaria para solicitar subvenciones a la Unión Europea y denuncian la falta de apoyo por parte del Ayuntamiento. A pesar de los desafíos para lograr facturas más asequibles, han creado comunidad y la oportunidad de relacionarse en una ciudad donde cada vez hay menos espacios para ello, como señala Marta Pascual, de 63 años, vecina de la colonia de inspiración inglesa.

Una de las primeras pautas para concretar su proyecto llegó mediante la ONG Light Humanity, que asistió en la instalación de placas solares en la Cañada Real después de que Naturgy dejara sin electricidad a esa comunidad. Ellos les convencieron de que su barrio era idóneo al no contar con edificios altos que bloqueen el sol. La instalación de paneles solares con el objetivo de conseguir autosuficiencia energética es ahora solo una de las iniciativas que desarrollan desde la asociación.

Cada vecino ha invertido 2.200 euros por cada kilovatio instalado (equivalente a dos paneles). Por ejemplo, Álvarez invirtió 6.600 euros para tener tres kilovatios en su hogar. Otros, como Marcos Martínez, de 38 años, han conseguido medio kilovatio. En su caso, además, no dispone de tejado propio ya que vive en un edificio cercano a la colonia, por lo que una vecina le ha cedido el suyo para instalar su panel solar. “Todos han compartido nuestros tejados; los vecinos han sido muy generosos”, asegura Martínez. Además, algunos han utilizado los tejados de la sede de la Obra Social San Martín de Porres.

Desde 2021, han atravesado diversas etapas. Algunos vecinos han optado por continuar de manera independiente; otros han preferido esperar subvenciones; y otros, tras el apagón, se han animado a unirse a la comunidad, que actualmente tiene lista de espera. “Ser miembro de nuestra cooperativa significa ser copropietario de una empresa energética. Es decir, consumirás tu propia energía, 100% verde, sin pagar más y recibiendo el mejor servicio”, afirman en su sitio web.

En este momento, son 41 viviendas con paneles que pertenecen a 38 vecinos y a tres familias del barrio que padecen pobreza energética. Han obtenido una subvención de más de 100.000 euros, que calculan que les devolverá aproximadamente el 40% de lo invertido.

En este modelo, los vecinos inyectan a la red la energía generada por las placas solares instaladas. El vertido se mide a través de un contador, similar a los utilizados para calcular el consumo. Como todos los participantes están vinculados a la misma distribuidora, este contador asigna la producción a cada vecino según el acuerdo de reparto acordado. Es decir, si participan 10 personas, explica Martínez, la energía producida se reparte equitativamente. Posteriormente, la empresa descuenta de la factura la energía generada por cada usuario. Además, la comunidad ofrece a sus socios un análisis personalizado de la factura. “Podemos acercarnos a tu casa con un potenciómetro y medir la potencia in situ poniendo a funcionar todos los electrodomésticos”, asegura Martínez.

Solo falta el paso final. “Estamos esperando la autorización de Iberdrola, la distribuidora, para que active el sistema y la energía captada fluya a nuestros hogares y no a la red general”, explica Álvarez desde la “moraleja de Carabanchel”, como ella misma la denomina.

Vallecas y Villaverde consideran replicar el sistema

En los distritos de Vallecas y Villaverde ya se están organizando para formar dos comunidades energéticas a partir de los techos de sus centros educativos. En Vallecas, el proyecto implica la instalación de placas solares en la cubierta de un colegio concertado que ha cedido el espacio mediante un acuerdo que le garantiza el 15% de la energía generada para su propio consumo. Asimismo, se destinará el 10% de la producción a familias en situación de pobreza energética, mientras que el 75% restante beneficiará a vecinos y pequeños comercios que han financiado colectivamente la instalación mediante descuentos en sus facturas eléctricas.

Esta iniciativa también tiene vocación de expansión, con planes de incorporar nuevas cubiertas y crear una red distribuida de instalaciones solares en el barrio. Uno de sus objetivos es desarrollar un modelo replicable que pueda ser utilizado por la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid para facilitar la creación de comunidades energéticas similares en otros distritos. “Actualmente se encuentra en fase de constitución legal y formalización de acuerdos, en coordinación con las administraciones implicadas”, explican desde la comunidad energética Brillaverde.

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